Octubre

En Madrid no se habla de otra cosa que del barómetro de octubre del Centro de Investigaciones Sociológicas, que se dará a conocer el próximo lunes. “Fuentes bien informadas”, como se decía antes, sostienen que Podemos es hoy el partido con mayor intención directa de voto, seguido del PP y del PSOE. Una vez pasada por la ‘cocina’ (en el argot, una vez corregida la muestra con los coeficientes escogidos por los analistas), la encuesta gubernamental colocaría al PP en primer lugar, seguido de Podemos y del PSOE. El trabajo de campo fue realizado durante los días más aciagos del contagio por ébola en el hospital Carlos III de Madrid y en plena vorágine de las tarjetas opacas de Caja Madrid. Fotografía de octubre. Retrato de un mes febril.

Fotografía de una sociedad con ganas de pegarle un estacazo al Poder, porque ya se ha dado cuenta que nada volverá a ser como antes y porque vive como una verdadera ofensa que la arrogancia y la rapiña no se hayan encogido de la misma manera que lo han hecho los salarios y las expectativas de futuro. Si se modifica el contrato social, se debieran revisar todas las cláusulas, todas, para mantener un mismo grado de equidad. Si retrocedemos, retrocedemos todos, en un grado u otro. La actual crisis europea requiere una ética del retroceso. Una ética quizá imposible. Afrontar una gravísima crisis en solitario y con arrogancia es una estrategia suicida. Ese es el principal error que puede haber cometido el Partido Popular estos últimos tres años.

Desde que Podemos crece, hay menos manifestaciones

Hay ganas de castigar al Poder y puede que no sea un calentón pasajero. A continuación un dato muy interesante que me comentaba a principios de esta semana el periodista Ignacio Camacho, de ‘ABC’, buen amigo, atento observador y desde hace meses convencido de que el país puede estar adentrándose en una crisis política muy complicada. Sostiene Camacho, citando fuentes del Ministerio del Interior, que desde que Podemos ha comenzado a subir en las encuestas, están disminuyendo el número de manifestaciones en la calle. En estos momentos, hay menos manifestaciones de protesta que hace unos meses. Hay mucha gente en el trabajo, en casa o en la universidad, esperando con la papeleta entre los dientes a que llegue el día de ir a votar. Esperaran unos cuantos meses, pero la decisión ya la tienen tomada.

En lo que se refiere a la encuesta del CIS sugiero esperar al lunes. Los mentideros andan agitados y ahí puede haber de todo, desde los que quieren ponerse la venda antes de que llegue la herida, hasta los que inflan expectativas para después rebajar el significado de los datos. Madrid es así. Un hervidero.

Con el nuevo Rey, no hay riesgo de crisis estructural máxima

Los partidos también tienen encuestas y su exhalación es casi la misma: se está generando una fenomenal bolsa de protesta política que el Gobierno no sabe cómo desinflar. No sabe cómo hacerlo y posiblemente no puede, porque en la era de internet la información fluye con menos control. Porque el nuevo grupo dirigente del PSOE, temeroso de Podemos, no quiere aparecer como la muleta de la derecha en apuros y se ha negado a firmar un ostentoso “pacto anticorrupción”. Porque los jueces quieren afirmarse como categoría estatal autónoma ante el clima de sospecha social generalizada. Porque los sindicatos se están eclipsando como mecanismo de mediación social. Y por una razón mucho más incendiaria: puesto que se ha querido combatir al soberanismo catalán con una lluvia de porquería –porquería verdadera, porquería mitad verdad y mitad mentira, y porquería falsa- el patio ha quedado tan ensuciado que la gente ya no sabe a quién pertenece la basura. El famoso “¡y tú mas!” ha dejado de funcionar por saturación. A partir de un determinado umbral, los escándalos ya no se apelotonan en montones perfectamente diferenciados; se entremezclan y multiplican así su efecto arrasador. Eso es lo que esta pasando.

Y aún añadiría una última razón motivadora del actual cuadro, quizá la más importante de todas. En la medida en que el relevo en la jefatura del Estado se ha realizado con prontitud y éxito, la sacudida del sistema ya no comporta riesgos estructurales máximos. Al contrario, la sacudida comienza a ser objetivamente necesaria para reajustar las relaciones políticas, emocionales y psicológicas entre el Estado y la sociedad. Tengo anotada en una libreta, en la libreta de las cosas pequeñas y muy significativas, el elogio que el líder de Podemos, Pablo Iglesias, dejó caer el pasado domingo a la reina Letizia en el programa de televisión ‘Salvados’: “Ella es la mejor comunicadora de este país”.

El giro del PP para protegerse, vienen meses duros

Catalunya es el constante talón de fondo del Octubre español. La extraordinaria inyección mediática al caso Pujol, propiciada por su propia confesión, pero también desde los aparatos del Estado con el deliberado intento de presentar a la figura más importante del nacionalismo catalán como un monstruoso mafioso siciliano -antes de que sea imputado o acusado por la Justicia-, ha contribuido a agrandar el marco mental de la corrupción. Cuando se crea un monstruo, después pueden venir más. Cuando se dispara una manguera de alta presión hay que saber manejarla y tener la seguridad de que no está agujereada. Y esa seguridad en España no existe. Hay dos portadas del diario ‘ABC’ que merecen ser recopiladas en este Código 11-9-11. Una establecía la analogía entre soberanismo catalán y corrupción. En la otra, Mariano Rajoy pide disculpas a los españoles por la corrupción en el PP. Esto es lo que está pasando.

No pretendo exculpar a nadie, puesto que la primera y principal víctima del proceso en curso será el sistema político catalán. No es que el sistema de partidos en Catalunya vaya a cambiar. Es que ya lo está haciendo. Ya está en plena fase de mutación. El escenario tempestuoso y confuso de estas semanas, difícil de leer desde fuera de Catalunya (y también desde dentro), es reflejo de esa mutación; aún no del todo definida, aún no decantada. No hay que proteger a nadie, que cada palo aguante su vela, pero empiezan a circular sospechas de que algunos documentos para inculpar mediáticamente a los Pujol pueden haber sido manipulados o fabricados ex profeso. Y habrá que ver cómo acaba el caso Trias. Si se confirmase la existencia de acusaciones trucadas –a la manera rusa- el escándalo sería gigantesco.

En un primer momento, el Gobierno pretendía “dejar pasar” la consulta alternativa del 9-N, a modo de sucedáneo. Una actitud inteligente: dejar que salga vapor de la olla catalana, esperar al día 10 y confiar en las contradicciones internas de un sistema político catalán en mutación, llamadas a acentuarse ante la proximidad de las elecciones municipales. Esa era la primera intención, como veíamos ayer. La fenomenal tormenta de octubre ha empujado a Rajoy a utilizar el viejo mecanismo de seguridad: en caso de urgencia, agite Catalunya. Eso es lo que ahora está pasando. .

Atemorizado y sorprendido por la inflamación social en curso, el PP creo que está regresando a la fase de petición de firmas contra el Estatut de otoño/invierno del 2005-06 en todas las plazas mayores de España. Presten atención a las modulaciones del discurso de Rajoy estos últimos días. Ya no se trata sólo de exigir el cumplimiento de la Constitución y de la ley. Ahora se trata de “no dar nada”. De cerrar cualquier horizonte negociador. Sus cuadros territoriales, aterrorizados ante la marea que se aproxima, le piden, al menos, una bandera: “¡A Catalunya, ni agua!”.

Rajoy ha escogido la ciudad de Cáceres (Extremadura) como escenario de un acto político en vísperas del 9-N catalán, sea cual sea su formato final. El día 8 de noviembre, Rajoy estará en Cáceres. La Extremadura de Monago, el presidente del PP con el lenguaje más agresivo sobre Catalunya, asesorado por un gabinete de comunicación política de Madrid. Así están las cosas. Ajústense los cinturones, puesto que vienen semanas difíciles. Aún más difíciles.

Mucha más improvisación de lo que parece

Creo, sin embargo, que estoy cometiendo un error en este Código 11-9-11- Algunos amigos me lo han advertido. Puedo estar cometiendo el error de magnificar algunas veces la “inteligencia” de los movimientos políticos y de sus principales protagonistas. El error de imaginar el tablero como una partida de ajedrez con figuras renacentistas: aquí Maquiavelo, aquí César Borgia, aquí Fernando de Aragón, aquí Alejandro VI… “A veces escribes como si los protagonistas de la política fuesen personajes de Stendhal”, me comentó en una ocasión, en tono critico, un amigo. Entre los personajes de Stendhal hay auténticos desalmados y más de un zopenco, pero entendí lo que quería decir. Tiene razón. No hay una lógica unificadora de todo lo que está pasando. No hay, ni siquiera, una estética. El sistema se está desbaratando. Una parte del sistema está atacando a otra, sin una idea clara de lo que quiere construir después de la destrucción. Y viceversa. Todos contra todos. Hay muchas más improvisaciones y chapuzas que profundidades estratégicas.

La coyuntura gubernamental española se resume en una adhesión incondicional al dogma ‘merkeliano’ –mientras los gobernantes de Francia e Italia han decidido, cada uno a su manera, discutir ese dogma-, con la ciega esperanza de que el tiempo y el agotamiento de los adversarios eviten males mayores. La Avenida de la Incertidumbre se está cruzando con la Avenida de la Recuperación y el principal movimiento reflejo del presidente del Gobierno es asegurarse de que su partido no se le va a romper en las elecciones municipales y autonómicas de mayo. Rajoy es, ante todo y por encima de todo, un jefe de partido. No es un líder social, ni pretende serlo. Si para salvar al PP del actual vendaval ha de llevar la tensión con Catalunya más allá de lo hasta ahora imaginable, lo hará.

Hay mucha improvisación, hay mucha chapuza y suceden cosas que carecen de explicación racional. Ayer, un grupo de personas invitadas por el PP en el Parlament de Catalunya se puso a vociferar en plena sesión. Entre gritos de ¡”Viva España!”, uno de ellos acabó efectuando el saludo fascista desde la tribuna. Por la tarde, la fotografía ya ilustraba las ediciones digitales de varios diarios europeos. Eso también es lo que está pasando. Eso también explica el Octubre español.

Rajoy quizá logre salvar al PP de la gran tormenta, pero su partido en Catalunya se halla a medio minuto de convertirse en una entidad puramente marginal. Mañana veremos lo que ello significa.

Enric Juliana

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