Olvidos de la señora Ministra

En su trepidante negociación con su colega británico, Dominic Raab, sobre Gibraltar, nuestra ministra de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya, olvidó partes sustanciales del viejo contencioso, sin las que no se entiende e incluso se desvirtúa. Les hago lista de ellas:

1. Gibraltar no nace como colonia británica. Fue tomado el 4 de agosto de 1704 por una escuadra anglo-holandesa en nombre de un pretendiente al trono español, el archiduque Carlos de Austria, en nuestra Guerra de Sucesión.

2. Los intentos de recuperar el Peñón se iniciaron ya un mes más tarde, prolongándose a lo largo de años con mayores esfuerzos y efectivos. Todos en vano. Una roca bien artillada con una gran Armada en torno es inexpugnable. Entre las numerosas víctimas cabe incluir al militar y poeta José Cadalso.

3. El Tratado de Utrecht (1713) pone fin a la guerra, con el pretendiente francés, Felipe de Borbón, asentado en Madrid y todos ganan menos España, que debe ceder a Inglaterra Gibraltar y Menorca. Ésta la recuperamos más tarde, pero Gibraltar no la soltaron dado su valor estratégico.

4. En Utrecht, la Corona española cede «para siempre a la inglesa la entera propiedad y castillo de Gibraltar con su puerto, murallas y fortificaciones».

5. Aunque para evitar fraudes y abusos, se cede «sin jurisdicción territorial alguna, ni comunicación por tierra con el país circundante».

6. El Tratado además advierte que «en caso de que la Corona británica decida ceder, vender o enajenar de cualquier forma la ciudad de Gibraltar, dará siempre preferencia a la Corona de España sobre las otras».

Hago un alto para señalar que ninguna de las cláusulas del Tratado de Utrecht ha sido respetada por Inglaterra y que incluso la cesión del territorio fue «para su disfrute, sin incluir jurisdicción territorial», es decir, soberanía. Por no hablar del istmo, nunca cedido. Pero anexionado en buena parte.

7. El expansionismo gibraltareño sufrió un frenazo con la Resolución 1514 XV de la Asamblea General de la ONU (1960), que «traslada todos los poderes a los pueblos de los territorios coloniales según su deseo libremente expresado». Creándose un comité de 24 miembros para ponerlo en marcha e instando a las grandes potencias a enviarle la lista de sus colonias. Los ingleses vieron ahí la oportunidad de evitar la cláusula que les obligaba a ofrecer a España la primera opción si se deshacían de Gibraltar, seguros de que los gibraltareños querrían seguir siendo sus súbditos, inscribieron el Peñón en la lista de sus colonias.

8. Volvieron a equivocarse al enviar a defender su causa ante el Comité de los 24 al alcalde-presidente, nombrado sir por la Reina, que empezó su plática diciendo que no querían la independencia. La primera pregunta que le hicieron fue: «¿Qué hace entonces usted aquí? Éste es el Comité de Descolonización». La segunda, «¿por qué le ha nombrado sir la Reina?». Respuesta: «Porque confía en mí». Allí se acabó la causa británica de Gibraltar en la ONU.

9. Durante años se sucedieron las resoluciones en el Comité, Cuarta Comisión y Asamblea General, en la misma línea: negar a los gibraltareños la condición de pueblo colonial, rechazar cuantas consultas para autodeterminarse hicieron y dar a España voz y voto en el asunto.

10. Hasta que, el 19/12/1969, la Asamblea General aprueba por aplastante mayoría una resolución que lamenta se hayan interrumpido las negociaciones hispano-británicas sobre Gibraltar, advierte que «toda situación colonial que destruya total o parcialmente la unidad nacional e integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de Naciones Unidas e invita a los gobiernos español y británico a reanudar cuanto antes las negociaciones para poner fin a la situación colonial de Gibraltar».

11. El embajador británico anunció que no la cumplirían, como ninguna de las que siguieron, y siguen cada año en los mismos términos, ante lo que España cerró la puerta paralela a la Verja, que el general Monereo mandó instalar para controlar la circulación desde el lado español.

12. La llegada de la democracia a España trajo la apertura de la Verja y de la puerta, al prevalecer la tesis de que Gibraltar era un invento de Franco. Se reanudan las negociaciones, con los ingleses engañando a todos los ministros de exteriores españoles con que podían llegar a un acuerdo razonable, y cuando les habían sacado lo que buscaban, líneas telefónicas, más facilidades en la frontera, salir con que se lo impedían los gibraltareños.

13. Salta la sorpresa al decidir el Reino Unido abandonar la Unión Europea. Como había logrado lleva a remolque Gibraltar «como territorio cuyos asuntos externos lleva un Estado miembro», Gibraltar debe salir con él. Es la gran oportunidad de España. En las largas, tempestuosas negociaciones del Brexit, la UE da a España el veto de cuantos acuerdos se lleguen sobre Gibraltar.

14. Pero tanto o más sorprendente es que los negociadores españoles, dan prioridad a la «fluidez del tráfico» entre España y Gibraltar y llegan a un acuerdo para eliminar no sólo la Verja, sino también la puerta paralela del general Monereo, llevándose la frontera al puerto y aeropuerto gibraltareños, donde habrá no agentes españoles, sino de la Agencia Europea de Fronteras que informarán a los nuestros, no sabemos dónde, ni cómo, ni cuándo, aparte de haber otra frontera sólo gibraltareña. Dando como excusa los trabajadores españoles en Gibraltar ¿No sería más digno conservar nuestro propio control y dar a esos trabajadores empleo en España? ¿O no procede, ahora que allí gobierna el PP? Algo parecido puede decirse de la «prosperidad compartida» que se anuncia de Gibraltar y su Campo, que seguirá igual: grande para la colonia, migajas para su entorno.

15. Por si todo ello fuera poco, hemos facilitado gratis a Gibraltar la entrada en la zona Schengen, en la que no estaba al no pertenecer el Reino Unido a ella. Un inmenso mercado donde podrán moverse a sus anchas sin restricciones. Y que en vez de la españolización de Gibraltar tengamos la gibraltarización de la Baja Andalucía oriental, la Costa del Sol incluida, donde tienen residencia bastantes de ellos, y mandan mucho, por encima del PSOE y PP.

Mi gran temor es que su próximo paso sea sacar Gibraltar de la lista de colonias de la ONU. Y por más que diga la señora González Laya que «la responsabilidad del control estará en manos españolas», la realidad es que ha hecho lo que Sánchez en estos casos: ceder la responsabilidad a otros. De ahí que me resulten más creíbles las palabras de Picardo: «Gibraltar y el Reino Unido no han cedido soberanía, jurisdicción o control». Corroboradas por las gracias que el colega británico de nuestra ministra, mr. Raab, le dio «por su actitud positiva y constructiva durante las negociaciones». Lo que me hace recordar la advertencia de Quevedo: «De los enemigos queremos la victoria, no la alabanza». Aunque a menudo, los españoles somos nuestros mayores enemigos. Sobre todo desde el Gobierno.

José María Carrascal es periodista

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