Los mexicanos deben mirar hacia adentro para combatir al narco / On drug violence, Mexico must look inward

Antes, cuando los estadounidenses pensaban en México, se imaginaban una fiesta en donde volaban las margaritas, los mariachis tocaban y todos los días era 5 de Mayo .

Ya no más. Espantosas historias de balaceras al azar, decapitaciones masivas y daños masivos se han convertido en algo común. A los gatilleros les da lo mismo dispararle a docenas de adolescentes en una disco con metralletas y lanzarlegranadas de mano indiscriminadamente a la gente en un festejo. Parece que los mexicanos se han hecho casi inmunes a la carnicería.

Como resultado de esos actos crueles de terrorismo, y los esfuerzos del gobierno por combatirlos, más de 47,000 han muerto en 5 años y medio. Muchos de los muertos, de acuerdo con las autoridades, estaban conectados con las drogas, pero otros eran civiles inocentes, incluyendo mujeres y niños, quienes pareciera que estuvieron en el lugar equivocado a la hora equivocada.

Muchos mexicanos le echan la culpa, erróneamente, al presidente mexicano Felipe Calderón por todas esas muertes. El argumento dice que, si Calderón hubiera dejado en paz a los cárteles, México no estaría bajo fuego.

Calderón es un objetivo conveniente porque ha hecho que destruir a los cárteles de la droga mexicanos sea su misión personal. Estamos hablando de media decena de cárteles de drogas, cada uno de los cuales obtiene cientos de millones de dólares anualmente en un país tan pobre que el trabajador promedio tiene suerte de ganar $8 dólares al día. Los clientes de los cárteles son, en su mayoría, estadounidenses.

¿Calderón está ganando esta guerra? Es difícil de decir.

Es cierto que algunos cárteles han sido debilitados; oficiales gubernamentales dicen que el cártel de drogas de La Familia está casi destruido. Lo que no dicen es que, de las cenizas, ha renacido un nuevo grupo llamado Los Caballeros Templarios.

Entonces continúa el horror.

Hace poco, en un caso muy famoso, la policía mexicana encontró 49 cuerpos mutilados en un pequeño pueblo entre las ciudades de Monterrey y Reynosa, cerca de la frontera de México con EU. Cabezas, brazos y piernas fueron cortadas, haciendo que a las autoridades se les dificulte identificar a los muertos.

Es como una tragedia de Shakespeare en el que cada acto es más sangriento que el anterior y siguen sin parar. Parece que una nueva generación de traficantes de drogas que pretenden ser jefes, están involucrados en un terrible concurso para ver quién es el más depravado.

En lo que respecta a la culpa, los mexicanos deben al menos enfocarla correctamente.

Calderón es el responsable por su decisión de usar al Ejército mexicano como el arma principal del gobierno en contra de los cárteles, en parte porque parece que muchísimos policías locales en México parecen ser corruptos o corrompibles. Y entonces, cuando acusan al Ejército de tener mano dura con los civiles y de violar los derechos de los ciudadanos mexicanos, como lo han hecho en años recientes, esa culpa si es de Calderón.

Pero los mexicanos también tienen algo de culpa, por darle poder a los capos de la droga. Por décadas, los mexicanos han suavizado el tráfico de drogas en la industria fílmica, musical y de otros aspectos de la cultura popular. Existen muchos corridos que cuentan la historia del muchacho que salió de la nada y se convierte en un poderoso líder de un a organización criminal poderosa basándose en su inteligencia y su fuerza.

Recientemente, Kate del Castillo, actriz mexicana, quien casualmente interpretó a una poderosa jefa de un cártel de drogas en la serie de “La Reina del Sur” de Telemundo, escribió en Twitter que tiene más fe en Joaquín “El Chapo” Guzmán que en el gobierno.

Guzmán es líder del poderoso cártel de Sinaloa, y estuvo en la lista de Forbes como una de las personas más ricas del mundo.

Hasta existen los santos de las drogas, a los que algunos mexicanos les rezan para, inspirados en personajes parecidos a Robin Hood, ven como protectores de los pobres en contra del gobierno. Claro, la Iglesia Católica no reconoce a estos santos, pero este hecho no los hace menos populares. Uno de los narco santos más populares es Jesús Malverde, quien tiene su nombre por un bandido, al que cuenta la leyenda, mataron las autoridades a principios de la década de 1990. Conocido como el bandido generoso o el ángel de los pobres, Malverde es un héroe popular para algunos en el estado de Sinaloa.

México es un caos, y muchos mexicanos están en shock. No saben qué hacer o si puedan hacer algo.

Bueno, pueden hacer esto: pueden dejar de convertir a los asesinos y a los terroristas en héroes populares. Pueden dejar de escribir poemas y canciones que honran a los traficantes de drogas y en cambio, empezar a alabar a los oficiales que ejercen las leyes, a quienes valientemente tratan de llevar a estos criminales a la justicia. Y pueden apoyar a su gobierno y estar al lado de su presidente para pelear una batalla que necesita ser peleada.

Es tiempo de tomar responsabilidad por la guerra de las drogas, así como de las circunstancias que la hicieron necesaria.

La gente en ambas partes de la frontera tuvo algo que ver para llegar a este desastre. Se necesitarán personas de ambas partes para limpiarlo todo.

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It used to be that when Americans thought of Mexico, they imagined a festive getaway where margaritas flowed, mariachis played, and every day was Cinco de Mayo.

Not anymore. Horrifying stories of random shootings, mass beheadings and mass graves have become commonplace. Gunmen think nothing of mowing down a couple dozen teenagers in a disco with machine guns and tossing grenades indiscriminately into crowds during holiday fiestas. Mexicans have almost become immune to carnage, it seems.

As a result of such wanton acts of terrorism, and government efforts to combat them, more than 47,500 have died in the last 5½ years. Many of the dead were believed by authorities to have been connected to the drug trade, but others were innocent civilians — including women and children — who just happened to be in the wrong place at the wrong time.

Many Mexicans wrongly put the blame for those deaths entirely on the shoulders of Mexican President Felipe Calderon. The argument goes that, if Calderon had only left the cartels alone, Mexico wouldn’t be on fire.

Calderon is a convenient target because he has made it his personal mission to destroy Mexico’s drug syndicates. We’re talking about a half-dozen drug cartels, each of which rakes in hundreds of millions of dollars annually in a country so poor that the average laborer is lucky to earn $8 a day. The cartels’ customers are mainly Americans, who consume more than their share of illegal drugs.

Is Calderon winning his war? Hard to say.

It’s true that a few cartels have been weakened; government officials say that the drug syndicate La Familia has all but been destroyed. What they don’t say is that, from the ashes, has arisen a new group called Knights Templar.

So the horror continues.

Just recently, in a widely reported case, Mexican police found 49 mutilated bodies in a small town between the cities of Monterrey and Reynosa near the U.S.-Mexico border. Heads, arms and legs were chopped off, making it difficult for authorities to identify the dead.

It’s like a Shakespearean tragedy where every act is bloodier than the one before it, and they go on without end. A new generation of drug traffickers aiming to be bosses seems locked in a gruesome contest as to who can be the most vicious.

As for blame, Mexicans should at least dole it out correctly.

Calderon is responsible for his decision to use the Mexican military as the government’s chief weapon against the cartels, in part because so many of the local police in Mexico are thought to be corrupt or corruptible. And so, when the military is accused of being heavy-handed with civilians and violating the rights of Mexican citizens, as it has been in recent years, that blame should go to Calderon.

But the Mexican people also bear a responsibility — for empowering the drug lords. For decades, Mexicans have romanticized the drug trafficking industry in film, music and other aspects of popular culture. There are many “corridos” (Mexican ballads) that tell the story of the rise-from-nothing fellow who becomes the head of a powerful syndicate by relying on his wits and strength.

Recently, Mexican actress Kate del Castillo — who coincidentally was cast as a powerful female drug lord in Telemundo’s Spanish-language series “La Reina del Sur” — tweeted that she has more faith in Mexican drug kingpin Joaquin “El Chapo” Guzman than she does in government.

Guzman heads the powerful Sinaloa Cartel, and once landed on Forbes’ list of the world’s richest people with an estimated net worth of $1 billion.

There are even so-called drug saints that some Mexicans pray to — inspired by Robin Hood-like figures who are seen as protectors of the poor against the government. Of course, the Catholic Church doesn’t recognize these saints, but this fact hasn’t made them any less popular. One of the most popular of the “narco saints” is Jesús Malverde, named after a bandit, who legend has it, was killed by authorities in the early 1900s. Known as the “generous bandit” or the “angel of the poor,” Malverde is a folk hero to some in the Mexican state of Sinaloa.

Mexico is in chaos. And many Mexicans are in shock. They don’t know what to do, or even if they can do anything at all.

Well, they can do this: They can stop making folk heroes out of murderers and terrorists. They can stop writing poems and songs that honor drug traffickers and instead start praising the Mexican law enforcement officers who are bravely trying to bring these outlaws to justice. And they can support their government and stand by their president in fighting a battle that needed to be fought.

It’s time to step up and take ownership of the drug war — as well as the circumstances that made it necessary.

People on both sides of the border had a hand in helping make this mess. It’s going to take people on both sides of the border to clean it up.

Ruben Navarrette Jr. is a CNN.com contributor and a nationally syndicated columnist.

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