Opacidad y falsedades en el debate del ‘cuponazo’ (I)

El pasado 23 de noviembre se debatieron en el Congreso las leyes del cuponazo, es decir una reforma parcial de la ley del concierto económico, y sobre todo, la metodología de determinación del cupo vasco. Fue un debate plagado de falsedades y opacidad. De hecho, la primera falsedad es que se debatía sobre foralidad. Lo que vino al Congreso fue el cálculo del cupo y la actualización de una ley fiscal, la del Concierto Económico, que determina qué Administración fiscal de las cuatro que hay en el País Vasco recauda los correspondientes impuestos. En esencia, el cuponazo suponía disminuir el cupo, que encima es negativo, como veremos, en unos 300 millones de euros al año.

Aquí no se debatía, y mucho menos se votaba, sobre el sistema de concierto económico, que implica que una Administración provincial sea la encargada de inspeccionar a una multinacional, por ejemplo. A Ciudadanos el sistema de Concierto no le parece necesariamente el mejor de los posibles, aunque lo respetamos porque lo consagró la Constitución Española -que, por cierto, el PNV no apoyó. Lo que sí es falso es que eso se hubiese debatido y votado en el Congreso.

Además, como el único partido que se opuso, presentando enmiendas a la totalidad, fue Ciudadanos, se nos ha acusado de “oportunismo”. Claro que nosotros no decidimos el momento de traer al Congreso las leyes del cuponazo. Esto lo hizo el Gobierno, que consideró prioritario mejorar la financiación de la comunidad autónoma mejor financiada de España antes que mejorar la financiación de los servicios esenciales de los habitantes de las otras dieciséis. Pudo ser una decisión oportuna, oportunista o lamentable, pero fue del Gobierno del PP, presionado por el PNV, y no de Ciudadanos.

Por cierto, hacía tiempo, en concreto desde el debate de totalidad de los Presupuestos Generales del Estado, a principios de mayo, que desde Ciudadanos anunciamos que votaríamos en contra. Ya entonces, pese a la extrema opacidad de todo el proceso, tuvimos conocimiento de que el acuerdo a oscuras del Gobierno del PP con el PNV no sólo era opaco, sino también lesivo para los intereses generales.

Empecemos por las falsedades sobre la opacidad. Ahora todo el mundo se queja de la falta de transparencia del cupo. Sin embargo, cuando el 21 de noviembre se debatió sobre el procedimiento, la presidenta de la Cámara sólo concedió tres minutos, tres, para debatir sobre el atropello que suponía que a ninguna de las dos leyes, el Congreso, donde reside la representación de la soberanía nacional, le pudiese tocar una coma. El Partido Socialista, y los independentistas no quisieron participar en el debate.

Posteriormente, aunque luego, incluso la mayoría de los dirigentes políticos que están a favor del cuponazo reclaman “transparencia”, sólo votaron por un procedimiento más transparente y democrático los 32 diputados de Ciudadanos y cuatro de Compromís. Todo el resto de la Cámara votó a favor de que no hubiese trámite en comisión, ni enmiendas parciales… es decir votó que se resolviese todo en dos horas debate.

Esas dos horas comenzaron con la exposición del ministro Montoro, obligada porque Ciudadanos había presentado dos enmiendas a la totalidad. El ministro reclamó la atención de los diputados, yo por lo menos le hice caso. Voy a centrarme en el error más grave de Montoro, que además se refiere a una cuestión esencial: el famoso ajuste del IVA.

Aquí el ministro señaló, reiterándolo que “de esta manera, si lo que se recauda en el País Vasco es inferior al IVA de lo consumido en dicho territorio, el Estado compensa al País Vasco, pero si ocurriera lo contrario y se recaudara más, entonces el País Vasco pagaría al Estado. Por tanto, no hay que mezclar ambas cosas”. En fin, vino a decir que el ajuste de impuestos indirectos no tiene nada que ver con el cupo, y que a veces sale a favor del País Vasco y a veces a favor del Estado.

Esto es lo que debería ser, pero la realidad es exactamente la contraria. El ajuste de IVA está recogido en la Ley de determinación del cupo, en concreto en su artículo 14. En ese artículo se establece literalmente que “a la recaudación real del País Vasco por el Impuesto sobre el Valor Añadido se le añadirán…”. A partir de aquí se establecen dos cuantías positivas, un porcentaje de la recaudación de las aduanas, y otro de la recaudación de IVA en el resto de España. Esto estaba así y no ha cambiado en el proyecto de cuponazo.

Si el lector no se lo termina de creer, resulta que todos los años el ajuste de IVA sale a favor del País Vasco. Y de acuerdo con los informes mensuales de recaudación de la Agencia Tributaria, en siete de los últimos diez años, este ajuste ha sido superior al cupo líquido que tenía que pagar el País Vasco.

Los máximos expertos en financiación autonómica como Alain Cuenca, que fue director general de financiación de Haciendas Territoriales en el gobierno de Zapatero, o Ángel de la Fuente, nombrado como experto por el propio Montoro, consideran que el ajuste debería ir en dirección contraria.

Esto se puede comprender con facilidad: el IVA se recauda por las ventas a las empresas, no por el consumo en un territorio. En consecuencia, hay empresas vascas que venden fuera de Euskadi e ingresan a las Haciendas vascas. También hay empresas del resto de España que venden en el País Vasco e ingresan a la Agencia Tributaria. Si estamos hablando del territorio más industrializado de España, y el segundo más rico, lo lógico es que las ventas de sus empresas fuera, sean superiores a las de las empresas del resto de España en el País Vasco.

Pero en cualquier caso, aunque este ajuste se hace, correctamente, para el reparto del 50% del IVA para las demás comunidades autónomas, en el caso del País Vasco lo que hay es una cuantía que se añade todos los años a la recaudación de las Haciendas Forales. Este ajuste está en la Ley del cupo, y no en otro sitio, y hace que el cupo real del País Vasco salga negativo.

Todo ello significa que el resto de los españoles paga una parte del gasto público a las instituciones de la segunda comunidad autónoma con mayor renta per cápita. Esto tiene poco que ver con la foralidad, y mucho con las matemáticas. Y por supuesto, la oposición de Ciudadanos tiene que ver con que somos el único partido que estamos a favor de las cuentas se hagan bien, con transparencia y sin “errores”.

Le he preguntado al ministro por sus afirmaciones en el debate , pero francamente, no espero que su respuesta dé algo de luz en un tema tan opaco. El debate tuvo más afirmaciones soprendentes y bastantes más descalificaciones, pero los números sólo los puso Albert Rivera. Mañana seguimos contándolo.

Francisco de la Torre Díaz es diputado de Ciudadanos e inspector de Hacienda.


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