Otegi es más útil libre que encarcelado

Salvados es uno de los mejores programas que se pueden encontrar hoy en la oferta televisiva del Estado. Y Jordi Évole se ha mostrado como un periodista que sabe sacar partido de las situaciones más diversas e inverosímiles. El Pujol independentista ya causó furor, pero me llamó la atención de manera muy especial la entrevista con el expresidente del Gobierno español Felipe González. Entre las perlas que soltó, González apostó por poner en libertad a Arnaldo Otegi, el líder independentista vasco, que a estas alturas está encerrado en la cárcel de Logroño, con acusaciones diversas.

En Europa se están moviendo muchas cosas. Para empezar, Escocia anuncia un referendo de independencia para el 2014, y Gran Bretaña pone pegas pero no se opone frontalmente. Sabe que no puede. En Flandes y en Bélgica también están pasando muchas cosas, hasta el punto de que el Estado belga ha tenido que pasar más de un año sin Gobierno, entre otras cosas por los conflictos nacionales entre Flandes y Valonia. En cualquier caso, quien tiene más votos en estos momentos en el conjunto del Estado es un partido independentista flamenco, que no participa en el Gobierno belga pero condiciona y marca la política en ese Estado. Y en el País Vasco, con el abandono por parte de ETA de la lucha armada se ha abierto un escenario totalmente nuevo y diferente. Por un lado, con la irrupción de Bildu en las elecciones municipales y de Amaiur, que tuvo un resultado extraordinario en las elecciones generales, con siete diputados; y por el otro, con la posibilidad de unas elecciones anticipadas en el País Vasco dada la situación precaria del Gobierno del lendakari Patxi López, en franca minoría y apoyado solo por los votos del PP. Se están moviendo cosas en Europa, y Catalunya no es la excepción. Se ha constituido la Assemblea Nacional Catalana hace unas semanas y crece esa sensación de asfixia fiscal que afecta a tantos y tantos catalanes tocados por la crisis. A ello se añaden los disparates permanentes fruto de una política recentralizadora que el Gobierno del PP tiene como premisa principal: corredor del mediterráneo, ataques al catalán y a la inmersión lingüística… La conciencia nacional en Catalunya crece y se refuerza de manera transversal.

Pero volvamos al País Vasco. El proceso de paz iniciado es de las mejores noticias de los últimos años. La violencia nunca conduce a nada, pero a estas alturas de la historia, en pleno siglo XXI, era el argumento perfecto para impedir el objetivo político de que los vascos pudieran decidir libremente su futuro. Y parece que eso está bien enfocado: el fin de ETA es directamente proporcional al crecimiento de la opción independentista en el País Vasco. Pero para que el fin de la violencia sea una realidad, para que la paz triunfe definitivamente, hacen falta más gestos, más pasos, hay que arriesgar. El magnífico reportaje de 30 minuts de TV-3 El perdó (subrayo de nuevo el servicio público que hace la televisión catalana) volvió a poner el dedo en la llaga. El acercamiento de víctimas y verdugos es completamente indispensable. Es muy difícil, pero todo proceso de paz necesita precisamente eso, todos los esfuerzos necesarios para poder superar el dolor.

Y cualquier proceso de estas características necesita liderazgos fuertes. Lo vimos en Sudáfrica, lo vimos en Irlanda del Norte. Se repite a lo largo de la historia. Y en Euskadi hacen falta liderazgos fuertes en todas las partes, y Arnaldo Otegi es uno de los líderes fuertes en todo este proceso.

Pero Otegi está en la cárcel, y aquí es donde el Gobierno del PP debería demostrar que tiene ganas y voluntad de cerrar definitivamente la puerta de la violencia en el País Vasco. Precisamente el PP, que ha sido víctima directa de la violencia etarra, es quien tiene en sus manos acabar definitivamente con esta pesadilla. Pero hace falta generosidad y saber mirar al horizonte. No basta con gestionar el presente y hacer aquello tan habitual en la política de ir tirando. No vale esconderse detrás de la pantalla de la crisis económica para no afrontar problemas que también son trascendentes para la sociedad.

Arnaldo Otegi es un político interesante, que ha hecho discursos diferentes, que además ha construido un escenario nada fácil, y que lo ha hecho desde una situación muy compleja. Y en el País Vasco ya ha habido demasiada gente que ha perdido la vida y la libertad como para no poder aspirar a un futuro mejor. Un futuro que pasa forzosamente por poder ejercer esa libertad, que durante tanto tiempo ha sido maltratada por los violentos.

Durante un buen número de años no he compartido la estrategia de Otegi, pero reconozco que el giro que ha efectuado la izquierda aberzale es lo que hacía falta para poner el primer ladrillo de la construcción de otra Euskal Herria. Y en este giro Otegi ha tenido un gran protagonismo. Mantenerlo en la cárcel en estos momentos es no entender que el proceso histórico que se vive hoy en el País Vasco solo acabará bien a partir de la generosidad y de la voluntad de ejercer la libertad por parte de todos. Por eso creo, tal y como dice Felipe González, que Arnaldo Otegi sería más útil en la calle que en la prisión.

Ernest Benach, expresidente del Parlament.

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