Otro gran error de Bush

Por George Soros, presidente de Soros Fund Management y del Instituto Sociedad Abierta. © Project Syndicate, 2007. Trad.: David Meléndez (LA VANGUARDIA, 25/03/07):

Una vez más, la Administración Bush está cometiendo un error garrafal en el Oriente Medio, al apoyar activamente al Gobierno israelí en su negativa a reconocer un Gobierno de unidad palestino que incluya a Hamas. Esta actitud impide cualquier avance hacia un acuerdo de paz, en un momento en que dar pasos en pos de la solución del problema palestino podría ayudar a evitar un conflicto en todo Oriente Medio. EE. UU. e Israel desean tratar únicamente con el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abas, a la espera de que con las nuevas elecciones Hamas pierda la mayoría que hoy posee en el Consejo Legislativo Palestino. Se trata de una estrategia sin futuro, ya que si se hiciera un llamado a elecciones anticipadas Hamas las boicotearía, e incluso si su resultado fuera la exclusión de Hamas del Gobierno, ningún acuerdo de paz podría sostenerse en el tiempo sin su apoyo.

Mientras tanto, Arabia Saudí está siguiendo un camino distinto. En una reunión cumbre realizada en febrero en La Meca entre Abas y el líder de Hamas, Jaled Mashaal, el Gobierno saudí sirvió de mediador para el logro de un acuerdo entre Hamas y Fatah – que han tenido violentos enfrentamientos- con miras a la formación de un Gobierno de unidad nacional. Según el acuerdo de La Meca, Hamas aceptó “respetar las resoluciones internacionales y los acuerdos firmados por la Organización de Liberación Palestina”, lo que incluye los acuerdos de Oslo. Los saudíes ven este gesto como el preludio a una oferta de acuerdo de paz con Israel, del cual Arabia Saudí y otros países árabes serían garantes. Sin embargo, no es posible avanzar en ello mientras la Administración Bush y el Gobierno israelí de Ehud Olmert persistan en negarse a reconocer un Gobierno de unidad que incluya a Hamas.

Muchas de las causas de esta situación tienen su origen en la decisión del primer ministro israelí Ariel Sharon de retirarse unilateralmente de la franja de Gaza, sin negociar con la Autoridad Palestina – controlada en ese entonces por Al Fatah-, lo cual fortaleció a Hamas y contribuyó a su victoria electoral. Luego Israel, con un fuerte apoyo estadounidense, se negó a reconocer el Gobierno de Hamas electo democráticamente y retuvo el pago de millones en impuestos recaudados por los israelíes en su nombre, lo que generó dificultades económicas y socavó la capacidad de funcionar del Gobierno. Sin embargo, no redujo el apoyo a Hamas entre los palestinos y reforzó la posición de los islamistas y otros extremistas que se oponen a entablar negociaciones con Israel. La situación se deterioró hasta el punto de que Palestina ya no contó con una autoridad con la que Israel pudiera negociar.

Es un gran error, porque Hamas no es una organización monolítica. Su estructura interna es poco conocida para quienes no pertenecen a ella, pero según algunos informes posee un ala militar dirigida en gran medida desde Damasco y que está en deuda con sus patrocinadores sirios e iraníes, y un ala política más sensible a las necesidades de la población palestina que la eligió. Si Israel hubiera aceptado los resultados de la elección, se habría fortalecido el ala política más moderada. No obstante, los acontecimientos subsiguientes han dado motivos para creer que Hamas se ha dividido entre sus diversas tendencias.

Justo cuando Hamas había aceptado participar en un Gobierno de unidad nacional, el ala militar se las arregló para secuestrar un soldado israelí, lo que evitó la formación de ese Gobierno al provocar una fuerte respuesta militar de Israel. A continuación, Hizbulah aprovechó la oportunidad para hacer una incursión desde Líbano, secuestrando varios soldados israelíes más. A pesar de la desproporcionada respuesta de Israel, Hizbulah pudo resistir y con ello se ganó la admiración de las masas árabes, tanto suníes como chiíes. Este peligroso estado de situación – que incluía la quiebra del Gobierno en Palestina y enfrentamientos entre Al Fatah y Hamas- dio origen a la iniciativa de Arabia Saudí.

Los partidarios de la política actual argumentan que Israel no se puede permitir negociar desde una posición débil. Sin embargo, es poco probable que su posición mejore si sigue su curso actual. La escalada militar – no sólo la ley del talión, sino cerca de diez vidas palestinas por cada vida israelí- ha llegado a su límite. Después del ataque de las Fuerzas de Defensa Israelíes contra el sistema vial, el aeropuerto y demás infraestructura de Líbano uno se debe preguntar cuál será el siguiente paso de las fuerzas israelíes. Irán representa un peligro más potente para Israel que Hamas o Hizbulah, que son sus protegidos. Existe el creciente peligro de que se produzca una conflagración regional en la que Israel y EE. UU. queden del lado de los perdedores. Con la capacidad de Hizbulah de resistir la embestida israelí y el surgimiento de Irán como posible potencia nuclear, la existencia de Israel se encuentra más amenazada que nunca.

Tanto Israel como EE. UU. parecen empecinados en su falta de voluntad para negociar con una Autoridad Palestina que incluya a Hamas. El punto de conflicto es la negativa de Hamas a reconocer la existencia de Israel, pero se debería hacer de esto una condición para un eventual acuerdo, más que una precondición para las negociaciones. La simple demostración de la superioridad militar no es suficiente como política para enfrentar el problema palestino. Hoy Arabia Saudí ha abierto una posibilidad de alcanzar una solución política que incluya a Hamas. Sería trágico perder esta oportunidad debido a la obsesión de la Administración Bush en la guerra contra el terrorismo.