Palestina-Israel: nueva posibilidad

En verano hay noticias que suelen pasar desapercibidas, entre tantas páginas llenas de serpientes de verano, pero esta tuvo su importancia. A finales de julio, diversos medios publicaron un interesante artículo de Joseph, Yossi, Alpher, analista israelí de prestigio, que fue director del importante Jaffee Center for Strategic Studies de la Universidad de Tel-Aviv, y antes, dirigente (alto) del Mosad. En ese artículo, Alpher aboga explícitamente a favor del reconocimiento del Estado palestino. Esto no es nuevo, muchos dirigentes israelís llevan años haciéndolo. Pero en este caso, el dato adicional es que Alpher propone que en septiembre, en la sesión plenaria de la Asamblea General de Naciones Unidas, España y otros países europeos que el autor califica de «importantes», voten a favor de la propuesta palestina de crear dicho Estado, que parece tener el aval de unos 120 estados miembros. Añade Alpher que es decisivo ese voto, precisamente porque Estados Unidos no está ni preparado ni dispuesto para ello.

Por supuesto, todo el mundo sabe que el voto en la Asamblea General no es jurídicamente vinculante, y que en todo caso la iniciativa sería tumbada por el veto de Estados Unidos cuando llegase al Consejo de Seguridad.

Pero no basta con tener la llave jurídica para vetar una y otra vez la existencia de un Estado palestino, porque se va a crear una situación política insostenible para la Administración de Obama. Y como señala Alpher, con el (largo) proceso electoral norteamericano a las puertas del 2012, el margen de Obama es estrecho. Precisamente por esto, a mediados de agosto, y en una enésima provocación adicional, el Gobierno de Netanyahu ha aprobado la construcción de casi 3.000 viviendas adicionales en asentamientos ilegales tanto en Jerusalén como en Cisjordania.

Se puede observar fácilmente que la situación es compleja (como siempre, pero un poco más) y a la vez ofrece una ventana de oportunidad: la resonancia de un voto masivo favorable en la Asamblea General sería considerable.

¿Por qué pide Alpher (y a través suyo, una parte importante del establishment israelí) un voto audaz de España y otros países europeos? Porque hay que salir del estancamiento del conflicto de los últimos diez años. Estamos en el 2011, muy cerca del décimo aniversario del 11-S, se cumple una década del estallido de la segunda Intifada (aunque de hecho empezó en septiembre del 2000), que enterró el proceso de paz de Oslo-Washington, única negociación efectiva y real entre Israel y la OLP en toda su historia compartida. En efecto, en esta década, además del dramático reguero de muerte y destrucción, han pasado muchas cosas, y casi todas (no todas) malas. Pero, sobre todo, no hay que olvidar el rosario de fracasos de la llamada comunidad internacional con relación al conflicto. Noviembre de 2007, la pomposa Conferencia de Annápolis, en la que George W. Bush convocó -Condoleezza Rice ejerciendo de maestra de ceremonias- a Mahmud Abás, Ehud Olmert, Rusia, China, la Unión Europea, la Liga Árabe y Naciones Unidas. Mucha gente en la cocina para recordar que el objetivo final era la solución de dos estados, pero con pocos compromisos concretos. Mientras, Olmert siguió construyendo asentamientos y finalizando su muro de separación-segregación unilateral. Efectividad de Annápolis, cero. ¿Y antes? Bueno, siempre nos quedará el inolvidable cuarteto para Oriente Medio, creado en el 2002 supuestamente a iniciativa de José María Aznar (pero el interesado se prodiga poco), y cuyo alto representante es desde hace cinco años Tony Blair. ¿Y antes? Ah, tenemos la hoja de ruta del 2004, dibujada por el Departamento de Estado de Estados Unidos, y que proponía que en diciembre del 2005 hubiera… ¡un Estado palestino! Eso sí, con tres conferencias internacionales de por medio que no se han llegado ni a convocar, mientras que el total de colonos israelís en los territorios ocupados pasó de 558.988 en 2005 a 585.800 en 2007. Por hacer la lista más completa, hay que recordar el plan de paz conocido como Acuerdos de Ginebra, de 2003-2004, que está tan lleno de buena voluntad y de audacia política, como de desconexión del proceso político real; el plan de paz de la Liga Árabe, auspiciado por Arabia Saudí (sin objeciones por parte de Washington, sabiendo que el plan no saldría en ningún caso), que proponía en el 2002 (en plena fase inicial, la más violenta, de la segunda Intifada) la fórmula clásica de dos estados, retorno de Israel a la frontera de 1967, Jerusalén capital de ambos estados, etcétera.

Añadan las elecciones palestinas de 2005 y 2006, exigidas por la misma comunidad internacional, que luego rechazó las del 2006 porque las ganó Hamás, y aún se está a la espera de que alguien en la Unión Europea diga algo al respecto (su actual alta representante o quizá su predecesor en el cargo).

En fin, ha habido de todo, como pueden ver. Frente a esta situación, España tiene dos posibilidades en septiembre: votar en conciencia o bien escudarse tras «la búsqueda de una posición de consenso de la UE» para abstenerse y cubrirse de ridículo. El consenso de la UE en esta materia ni está ni se le espera…

Por Pere Vilanova, catedrático de Ciencia Política de la UB.

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