Palestina: por qué tanta sorpresa

Por Graham E. Fuller, ex vicepresidente del Consejo de Inteligencia Nacional de la CIA (LA VANGUARDIA, 29/01/06):

¿A qué viene la sorpresa por la victoria del movimiento palestino Hamas en las elecciones de esta semana? Para quienes siguen de cerca los acontecimientos de Oriente Medio, la victoria de Hamas forma parte de una amplia tendencia que observamos en todo el mundo musulmán. Los islamistas, moderados y radicales, constituyen la fuerza política dominante. En la mayoría de los países cuentan con pocos rivales, ni siquiera los nacionalistas o izquierdistas. Los islamistas prosperan donde no hay democracia, donde el pueblo no puede pronunciarse sobre su destino, sobre su propio régimen ni sobre los actos de potencias lejanas. En las elecciones de Egipto, celebradas el mes pasado, el presidente Mubarak cedió a las presiones, introdujo pequeñas reformas en el sistema electoral y, de inmediato, la Hermandad Musulmana obtuvo enormes ganancias. Si las elecciones de Egipto hubieran sido realmente abiertas, con toda probabilidad, la Hermandad Musulmana habría conquistado la mayoría también en ese país. Washington y gran parte de los europeos siguen sin entender la dinámica política y social de Palestina. La fuerza principal que domina la vida diaria y la psicología de los palestinos radica en los 39 años de ocupación israelí, casi dos generaciones. Los palestinos están cargados de amargura y rabia. Apoyan a Hamas porque Hamas no ha sido corrupto, habla en nombre del islam y del nacionalismo palestino y ha estado dispuesto a emprender la lucha armada contra el Estado israelí que los ocupa. Ha emprendido una lucha de guerrillas y atacado a las fuerzas de ocupación israelíes. También ha utilizado el terrorismo contra los civiles israelíes y alega que se trata de una respuesta al uso indiscriminado de la fuerza por los israelíes contra los civiles palestinos, que mata a miles de mujeres y niños. Con ello no se trata de justificar las políticas de Hamas, sino de dejar claro por qué, en ciertas ocasiones, han echado mano incluso del terrorismo para resistir a la ocupación y por qué los palestinos más impotentes lo consideran justificado. Si Washington y Europa insisten en que en la zona deben antes reinar la paz y la calma para que las negociaciones pacíficas puedan continuar, entonces la paz no llegará nunca. Si pretendemos deshacer el complejo nudo atado a lo largo de cincuenta años de enfrentamientos entre palestinos e israelíes, debemos comenzar por la fuente del problema, la ocupación misma. Aferrarse a la idea de primero la ley y el orden es inclinarse deliberadamente por no tratar la causa que está en la raíz del problema. La situación actual de Palestina no debería sorprender a nadie. Los sorprendidos son aquellos que no entienden el problema. ¿Está contento Hamas? Es evidente que está encantado con la demostración de su poder y el apoyo que recibe en Palestina. El mundo ya no puede pasarlo por alto. Sin embargo, es probable que Hamas no esté encantado con tener que asumir la responsabilidad de los problemas internos e internacionales de Palestina. En lugar de ser “un hecho muy, muy negativo para la paz”, como afirmó el otro día el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, tal vez esta victoria podría ser un hecho muy, muy positivo. No quiero pecar de ingenuo respecto de los problemas que se avecinan, pero si los movimientos islamistas desean mantener su poderosa base de apoyo social en el mundo musulmán, tendrán que dar lo que el pueblo quiere. Para ellos es un lujo no estar en el poder, porque de esa manera disponen de la libertad de criticar libremente sin asumir responsabilidad alguna por las políticas. En estos momentos, Hamas se enfrenta ya a grandes problemas políticos con sólo tratar de que funcione la infraestructura de Palestina. Es de esperar que Hamas quiera compartir las cargas del poder a lo largo y a lo ancho del espectro de la sociedad palestina. Ahora deberá examinar la eficacia de emprender ataques de guerrilla o incluso terroristas. Yo preveo que Hamas los evitará a medida que analice la posibilidad del progreso político. Ahora bien, si Hamas llega a considerar que la diplomacia y las negociaciones no funcionan, si cree que Israel no se toma en serio la devolución de gran parte de Cisjordania, entonces es probable que renuncie al poder y retome la lucha armada. Es evidente que no puede hacer ambas cosas a la vez. El problema radica en que ni el partido Likud ni el guerrero Sharon tenían intención alguna de entregar a los palestinos un Estado unido, soberano y en funcionamiento en Cisjordania. Querían mantener el control dominante de Israel con gran número de asentamientos. Es por eso que hoy no hay paz, no por culpa del terrorismo. El terrorismo es el resultado de la ocupación indefinida. Hamas se expresará ahora con una poderosa voz política que cuenta con un fuerte apoyo popular entre los palestinos. Por su parte, Israel se enfrenta a un gran reto. ¿Se tomará en serio lo de permitir el surgimiento de un Estado palestino viable o continuará con su táctica dilatoria, la principial estrategia de Sharon, y seguirá creando nuevos hechos en el terreno? No cabe duda de que en el pasado Hamas ha utilizado un lenguaje muy radical para referirse a Israel, negando su existencia e incluso exigiendo a los palestinos que recuperasen todas las tierras tomadas por Israel en 1947 para construir su nuevo Estado. Encontraremos cientos de citas que prueban que Hamas nunca podría convertirse en socio en las negociaciones de paz. Algunos israelíes no quieren las negociaciones y prefieren mantener el statu quo. No olvidemos que todas las organizaciones de liberación nacional, incluidas las de los judíos en su lucha con los británicos por conseguir un Estado en Palestina, emplean un lenguaje extremo en nombre de su causa. Los palestinos no son una excepción. Los israelíes fanáticos hablan de conservar todos los territorios e incluso del derecho natural de los judíos de ocupar todas las tierras entre el Nilo y el Éufrates, tal como promete la Biblia. Los extremistas soviéticos hablaban de “comunismo internacional”. Sin embargo, al final acaba imponiéndose la realidad. Hamas no sólo es una organización terrorista, sino también una organización política y social. Tiene aspiraciones políticas que exigen la liberación de Palestina, pero, en general, ve la “plena liberación de toda Palestina” como un objetivo a muy largo plazo. Es casi seguro que, estando en el poder, Hamas se concentre en liberar Cisjordania y conseguir una capital en Jerusalén Oriental, la zona árabe de la ciudad santa. Intentará que en Palestina haya una sociedad más islámica,pero eso no sugiere que vaya a parecerse al régimen talibán ni al de los clérigos de Irán. No es eso lo que quieren los palestinos. El futuro cambiará las cosas, y los palestinos, satisfechos con sus vidas, en su propio Estado, perderán gran parte de sus aspiraciones militares. Hamas se enfrenta ahora a la realidad del poder, las necesidades palestinas y el arte de lo posible. Sin duda, tratará de emplear los instrumentos políticos para conseguir sus objetivos. Ahora bien, si del lado de los israelíes no existe un reconocimiento de que Israel debe abandonar gran parte de los territorios ocupados, es probable que Hamas no guarde silencio ni siga en el poder mucho tiempo. Ambos bandos se verán puestos a prueba en este momento de la verdad. La realidad está ahí.