Para poder respirar

Hace días hablaba con un amigo sobre lo que puede suponer en las generales este cambio que se atisba en el sentido del voto de los ciudadanos. Conveníamos que es pronto aún para afirmar que los millones de españoles hartos del bipartidismo van a utilizar su voto para elegir a una tercera fuerza nacional comprometida con el cambio que España necesita.

Decía mi amigo que las concentraciones en las plazas de toda España han sacado a la calle las reivindicaciones que desde UPyD veníamos haciendo en las institu- ciones en las que estamos presentes. Él, vasco como yo, hacía un paralelismo con lo que fue la salida a la calle del movimiento cívico contra el nacionalismo obligatorio; y concluía que una vez que se verbaliza una reivindicación política superando el corsé ideológico no hay quien la pare. Creo que es una reflexión correcta. Ahora se trata de trabajar para que los ciudadanos descubran la fuerza de su voto y la capacidad que éste tiene para romper los muros de silencio del bipartidismo obligatorio.

La verdad es que en España hay un desapego hacia la política y los partidos que está produciendo un deterioro alarmante en las instituciones democráticas. Si no hacemos algo para que los ciudadanos recuperen el control sobre los políticos, sobre los partidos políticos y sobre las instituciones, el desapego seguirá en aumento. Por eso las medidas de transparencia y austeridad que venimos proponiendo -y que hoy podemos plantear en 96 instituciones de toda España- no son solamente una exigencia económica. Es una cuestión de principios que tiene que ver con el buen gobierno. Un buen gobierno que gestione de forma transparente los recursos públicos; un buen gobierno que permita a los ciudadanos conocer en tiempo real los criterios con los que se hacen las adjudicaciones de contratos públicos; un buen gobierno que haga públicos sus presupuestos a través de internet, incluyendo su proceso de elaboración, aprobación, ejecución y liquidación; un buen gobierno que someta a esos mismos controles a las sociedades públicas después de revisar la necesidad de cada una de las existentes.

Los españoles necesitan saber cómo y en qué invertimos sus dineros. Por eso es preciso establecer en todas las administraciones -desde el más pequeño de los municipios hasta el Gobierno de la Nación-, un registro público y obligatorio, accesible por internet, de las subvenciones concedidas por todas las administraciones públicas a todas las personas físicas o jurídicas sin excepciones.

Es preciso acabar con esa masa ingente de cargos de confianza que en muchísimos casos sustituyen de forma irregular la tarea a realizar por los funcionarios que han accedido a la Administración con criterios de mérito y capacidad. Y en la misma línea de transparencia y austeridad, de buen gobierno, hemos de eliminar o reducir hasta el mínimo imprescindible todo tipo de órganos o consejos asesores que no sean estrictamente necesarios para el cumplimiento de la actividad pública -no partidaria- atribuida.

Sé que estas propuestas no nos van a granjear muchas simpatías entre algunos de nuestros colegas en las distintas instituciones a las que llevemos el debate, que van a ser a partir del día 11 la totalidad de aquellas en las que estamos presentes. Pero no estamos en la política para ganar amigos en el stablishment sino para resolver los problemas de los ciudadanos. Y estamos acostumbrados a las reacciones porque a mí tampoco me han besado en el Congreso cuando he propuesto medidas de austeridad en el conjunto de las administraciones públicas o equiparación de nuestro sistema de pensiones al del común de los ciudadanos a los que representamos. En todo lo que tiene que ver con estos asuntos ha funcionado un pacto de hierro entre PP y PSOE al que se han sumado gustosas el resto de fuerzas parlamentarias.

Socialistas y populares siempre han rechazado nuestras propuestas e incluso nuestros argumentos contra el despilfarro y a favor de un sistema electoral justo que permita a los ciudadanos tomar el control sobre la política y romper con ese apaño del empate a cero que asegura que se reparten la tarta del poder político entre los dos por los siglos de los siglos. Por eso me abochorna que salga Rajoy ahora hablando de estas cosas como si acabara de descubrir la pólvora. ¿Qué pasa, que antes del 22-M no gobernaban en la mitad de las instituciones autonómicas y locales de España? ¿A qué tenían que esperar para meter mano al déficit y el despilfarro de decenas de ayuntamientos, sociedades públicas, fundaciones, cajas de ahorros y comunidades controladas por el PP?

Levantar las alfombras y abrir ventanas en todas las instituciones es una necesidad urgente. Pero no sólo para descubrir las cosas que están mal y corregirlas, sino sobre todo para poder respirar aire limpio. Para que los ciudadanos conozcan y distingan; para que no prejuzguen y condenen a aquellos que se dejan la piel haciendo las cosas bien al servicio de todos sus conciudadanos. Para que los golfos no extiendan su tinta negra sobre los miles de cargos públicos honestos y generosos que desde todos los rincones de España dedican de forma altruista su tiempo y sus desvelos a representar y defender con dignidad las instituciones democráticas. Hay que abrir las ventanas para poder exigir responsabilidades concretas; para que los ciudadanos sepan que no todos los políticos somos iguales, que es posible hacer otra política y hacer política de otra manera.

Esto es lo que significa regenerar la democracia: acercarla a los ciudadanos y devolverles el control sobre la política. Hannah Arendt dejó escrito: «Nadie puede ser feliz sin participar en la felicidad pública, nadie puede ser libre sin la experiencia de la libertad pública y nadie, finalmente, puede ser feliz o libre sin implicarse y formar parte del poder político». Sin política, no hay democracia. Por eso llamamos a los ciudadanos a implicarse en la política para cambiar la democracia; llamamos a todos a sumar esfuerzos, a trabajar; que cada cual lo haga desde el lugar que le parezca más útil, pero que no deje de hacerlo. Para que nadie nos cierre estas ventanas que hemos empezado a abrir. Para poder respirar.

Rosa Díez, diputada nacional y portavoz de Unión Progreso y Democracia.

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