¿Para qué sirve la nueva Agenda Urbana?

EL pasado octubre la capital de Ecuador hospedó la mayor cumbre sobre urbanización y desarrollo sostenible en la historia de las Naciones Unidas: Hábitat III. En ella, los Estados miembros de la ONU adoptaron por unanimidad la Nueva Agenda Urbana, que servirá de estrategia al desarrollo urbano mundial de las próximas dos décadas. Desde Hábitat II, la anterior cumbre celebrada en Estambul en 1996, la urbanización mundial ha generado algunas buenas noticias, como en el caso de China, donde se le atribuye un papel importante en el gran salto adelante del país. Pero, asimismo, las recientes décadas de urbanización acelerada han presentado síntomas alarmantes.

La crisis de las hipotecas subprime en 2008 y la ola de efectos sucesivos hasta la Gran Recesión, cuyas consecuencias aún padecemos, han de considerarse fruto de un sistema de financiación de la vivienda utilizado con fines especulativos por el sector financiero que nos llevó a la «Tormenta Perfecta».

Hábitat III propone una agenda dirigida principalmente a los gobiernos nacionales, donde se describen los principios fundamentales para recuperar el sentido y la práctica de la buena urbanización. El mensaje no es fácil de digerir, ya que la buena urbanización requiere de la toma de decisiones firmes, por ejemplo, en el caso del uso del suelo, que es ya de por sí muy conflictivo en muchas partes del mundo, y en especial en los países en desarrollo, donde, por cierto, se concentra la mayor parte de la nueva urbanización. Tampoco se puede delegar la urbanización al mercado. El mercado no es un buen urbanizador, ya que no entiende de decisiones estratégicas a largo plazo y, sencillamente, no está pensado para ello.

Como frecuentemente acontece en los asuntos humanos, cuando una cosa no se arregla por sí sola no queda otra solución que ocuparse seriamente de ella con los mejores instrumentos a nuestro alcance, conocimiento objetivo, diálogo, cooperación y política en el más noble de los sentidos. Esto es lo que propone la Nueva Agenda Urbana de Hábitat III.

Una de sus principales novedades es el reconocimiento de la urbanización como un acelerador del desarrollo y la prosperidad de las naciones. La urbanización es analizada como un poderoso instrumento para generar empleos de la nueva economía postindustrial. De ahí que una de las principales recomendaciones de Hábitat III a los gobiernos centrales y locales es que la urbanización deberá adquirir un lugar primordial en sus estrategias de desarrollo, no sólo porque en menos de treinta años el 70 por ciento de la población mundial vivirá en ciudades, sino porque la urbanización bien ejecutada ha demostrado tener un enorme potencial como transformador económico, facilitando prosperidad en la transición tecnológica.

Ante este panorama, la segunda apuesta de Hábitat III y de la Nueva Agenda Urbana es la urgente necesidad de un diálogo reforzado entre gobiernos centrales y locales. No un diálogo retórico, sino una cooperación real y eficaz en busca de los resultados esperados. Ni el Gobierno central sólo puede atender los problemas locales, ni los gobiernos locales en los Estados modernos pueden atender todos los problemas de la población.

No podemos olvidar aquí que gracias a los sistemas fiscales de redistribución de rentas del Estado de Bienestar muchas ciudades y ciudadanos disfrutan hoy de servicios entre los que destacan la educación universal, la salud, el salario mínimo, pensiones de paro y jubilación y acceso a la vivienda pública, que junto a la buena urbanización son imprescindibles para una vida digna.

El modelo que propone la Nueva Agenda Urbana requiere un retorno a los tres principios básicos de la urbanización. En primer lugar, el reconocimiento del fundamento legislativo: la urbanización debe basarse en el imperio de la ley, y los gobiernos centrales deberán invertir en políticas nacionales irbanas.

En segundo lugar, la necesidad de un buen diseño urbano. La capacidad de la urbanización de generar prosperidad estará íntimamente ligada a la calidad del diseño físico de la misma, con el correspondiente espacio público y del suelo para la edificación. Y en tercer lugar, la adecuada financiación. La urbanización es uno de los pocos fenómenos económicos en el que la inversión pública genera mucho valor privado. Una ciudad sin un plan financiero está condenada al fracaso. Un buen plan financiero es garantía de generación de un círculo virtuoso de prosperidad. Por el contrario, su ausencia lo que genera es un círculo vicioso de precariedad, inequidad y crisis social.

Invirtamos pues en la buena urbanización como una gran garantía para la prosperidad futura.

Joan Clos, secretario general adjunto de la ONU y director ejecutivo de ONU-HÁBITAT.

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