Paradojas chinas

“The 13” es el nombre de un superhotel de lujo que en los próximos meses se abrirá en Macao, la antigua colonia portuguesa que, como su vecina y exbritánica Hong Kong, es hoy una Región Administrativa Especial, SAR por sus siglas en inglés, dentro del territorio de la poderosa República Popular de China que, no hay que olvidarlo, es un país gobernado por un régimen comunista. Macao fue un lugar ideal para blanquear el dinero que los corruptos dirigentes chinos, políticos o empresariales, atesoraron durante años. Ya no lo es tanto, pero no importa: curiosamente, Macao supera ampliamente a Las Vegas en el negocio del juego y es, nadie lo duda, la capital mundial de la apuesta y el casino, y creciendo.

Macao y Hong Kong son el paradigma de aquel modelo ideado por Deng Xiaoping, “un país, dos sistemas”, que debería completarse con la inclusión/reunificación de Taiwan, algo a lo que nunca renunciaran los dirigentes chinos, que quieren mantener en esos territorios un sistema capitalista bajo la soberanía de un régimen autoritario y no democrático. Hong Kong es uno de los centros financieros mas importantes del planeta, un paraíso fiscal con alta renta per capita y una sociedad que soporta una profunda e hiriente desigualdad.

Los dirigentes chinos están felices porque -otra paradoja, en este caso de Occidente- su premier Li fue el invitado de honor en el Foro de Davos 2017, incluso adelantando las fechas del principal encuentro anual del capitalismo para que Li no tuviera problemas y pudiese disfrutar las vacaciones del Nuevo Año chino, cuando el país se revoluciona con millones de viajes de todos a todas partes. La festividad del Año Nuevo según el calendario lunar es todo un acontecimiento en China, un borrón y cuenta nueva, un prepararse para el futuro con la esperanza, eso dicen, de que pueda parecerse a las celebraciones navideñas de Occidente.

En un país que envejece, universalizar la política del segundo hijo ha incrementado los nacimientos en China un 7,9 por ciento más. En el año 2016 nacieron en el país más de diecisiete millones ochocientos sesenta mil niños y niñas, un millón trescientos diez mil mas que en 2015, que se dice pronto, superando las cifras de nacimientos del lejano año 2000, cuando casi no existían los móviles en el país, un negocio en el que han tomado la delantera las compañías chinas de smartphone: Oppo, Huawei y Vivo, fabricantes locales de móviles, han vendido en 2016 casi doscientos veinte millones de aparatos, frente a los casi cuarenta y cinco millones de Apple. El mercado de los smart es de las marcas locales, que saben copiar pero también innovar muy bien, y la digitalización crece a un ritmo acelerado: Huawei fue la empresa que solicito mas patentes ante la WIPO/OMPI en 2016: ¡el triple que toda España!

China crece y progresa. Si viajes en el tren bala de Pekín a Xi’an, uno se sorprende no solo de la velocidad sino también de que las grúas sigan poblando el cielo de las ciudades; y también de los invernaderos que se incrementan sin cesar, de las estaciones de tren o los aeropuertos, modernos y de gigantescas dimensiones; de las políticas de inmigración interior, que son capaces de dar cobijo a millones de personas cada año en las grandes urbes; del crecimiento del PIB -dicen que insuficiente- del seis por ciento anual. Cuando el presidente Trump decidió no ratificar el TPP, los chinos han tomado la iniciativa sin prisa pero sin pausa, sabedores de que el tiempo corre a su favor y de que hay que ser pacientes. Y algunas personalidades ya se pronuncian: Zhang Yunling, director de estudios internacionales de la Academia China de Ciencias Sociales ha dicho que “es posible que Estados Unidos pueda lanzar una guerra comercial con China”, pero los expertos saben que, si Estados Unidos se va, es el momento para unirse (?) al TPP, ganar terreno en la región y avanzar en la creación de un espacio internacional mas a la imagen de una China que nunca va a aceptar que la humillen…

La desigualdad, sobre todo entre la población urbana y la rural, es una de las grandes debilidades del desarrollo chino, además del déficit en el respeto a los derechos humanos y la corrupción. Y esas -y otras- lacras “cantan”, probablemente porque hemos entrado en el Año del Gallo, signo de la madrugada y del despertar. Los chinos saben que el éxito solo se consigue con trabajo y paciencia, y de eso les sobra.

Juan José Almagro es vicepresidente del Comité Español de UNICEF.

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