Paraíso fiscal: beneficio para pocos

¿Por qué son un escándalo los ‘papeles de Panamá’? Basta con repasar seis cifras para hacerse una idea de la magnitud del problema. En el 2015 la inversión global a las Islas Caimán triplicó la dirigida a China; las Islas Vírgenes tienen 5.500 empresas por habitante; las 50 mayores empresas norteamericanas invierten 1,4 billones de dólares en paraísos fiscales; las empresas del Ibex 35 tienen 891 filiales en paraísos fiscales, el 240 % más que en el 2009; a iguales beneficios, el impuesto de sociedades ha caído en España el 50 % desde el 2007. 22.000 millones de euros menos. Al año. Omito comparar esta cifra con recortes sociales o con el déficit; los países más pobres pierden 100.000 millones de dólares al año por la actividad en paraísos fiscales. Omito dar cifras de su equivalente en salud, educación o apoyo a pequeños agricultores.

La responsabilidad de que este sumidero de recursos públicos crezca no está solo en quienes evaden impuestos ilegalmente. Tampoco en quienes los eluden, retorciendo la legislación en la frontera de una alegalidad sostenida por la sofisticada ingeniería fiscal. Claro que ambos tienen responsabilidad y que en el caso de los primeros deben ser perseguidos por la justicia. Sin embargo, son los gobiernos los que tienen en su mano endurecer la legislación y afilar los dientes de las autoridades fiscales para que muerdan donde deben hacerlo. La arena de esta lucha es global, aunque los gobiernos también pueden aplicarse en lo doméstico. No sirve de excusa tirar los balones fuera, acudiendo al miedo a la desinversión y la competencia en ese mercado global con algo de Drácula y mucho de Frankestein.

Las primeras iniciativas sobre transparencia, impulsadas desde la OCDE y la Comisión Europea, pueden reforzarse desde España, exigiendo que cada empresa multinacional publique en detalle el monto de su actividad, su empleo, sus beneficios y los impuestos que paga en cada país. Todo ello para, al menos, saber que media docena de empleados bajo palmeras paradisíacas facturan 30 veces más que los que operan en economías de verdad.Los paraísos fiscales son relevantes ‘per se’ y porque modelan, en el extremo, la forma de ser del sistema fiscal internacional. Un campo de juego desnivelado a favor de quienes más avarician para que contribuyan menos que nadie. Dicho esto, no son la única, ni siquiera la principal, forma de pagar menos. Se aplican exenciones, facturación entre filiales de las mismas empresas, transferencia del crédito a lugares de alta tributación y otras tácticas.

Desde Oxfam Intermón hemos propuesto que el nuevo Gobierno elabore una ley contra la evasión fiscal que reduzca a la mitad la evasión y la elusión fiscal. Uno de los resultados de la aplicación de esta ley debe ser que las grandes empresas acerquen su tributación efectiva (hoy en un miserable 5 %) a su tipo nominal, reducido al 25 % gracias a Montoro. Y que nunca paguen menos que las pymes, como es hoy el caso. Excluir a empresas que operen en paraísos fiscales de las compras públicas sería otra medida positiva.

Todos los partidos, salvo el PP, han impulsado o apoyado medidas para endurecer la presencia en paraísos fiscales desde España. Sin embargo, la transformación de la fiscalidad debe ser abordada globalmente. Las voces que claman por ello son legión, incluyendo el FMI, el Banco Mundial y decenas de líderes nacionales. La mencionada transparencia, la regulación más dura de los paraísos, medidas contra la competencia fiscal desleal o mayor control de las transferencias a las multinacionales, son asuntos que solo una autoridad fiscal internacional con dientes puede abordar con perspectiva de éxito. La propuesta está sobre la mesa. Pero la voluntad política flaquea cuando se aterriza en el detalle y se exigen medidas efectivas. Poderoso caballero…

España recauda poco y mal. El 10 % menos que antes de la crisis, el 8 % menos que la media europea. Y de forma regresiva. Paga la ciudadanía gravada en el trabajo y en el consumo, mientras la tributación del capital y el patrimonio se desploma. Al mismo tiempo, la desigualdad se ha disparado, millones de personas se suman a la tragedia de la pobreza y la vulnerabilidad y se suceden los recortes en salud, educación y otras políticas sociales, que afectan a los mismos de siempre. Para qué hablar de la cooperación internacional y la ayuda humanitaria, laminada en el 70 % de sus recursos. Si alguien se pregunta las razones por las que un director de una oenegé escribe sobre fiscalidad, la respuesta está en el párrafo anterior. Y en el hecho de que no somos asistenciales, defendemos los derechos universales de toda persona a una vida digna, en Guatemala, en Malí, en Siria y en España.

José María Vera, director de Oxfam Intermón.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *