Paro, mentiras y cintas de vídeo

Sí, ya sé que la película de Soderbergh tenía el reclamo del sexo, por definición mucho más ‘sexy’ que el paro. Pero con este cambio, el título nos sirve para resumir el debate de ayer: su tema, el paro; el argumento principal de la oposición, las mentiras del Gobierno; y el medio de prueba, las cintas de vídeo (hoy DVD o MP3) que documentan la distancia sideral entre lo que se decía hace un año (¡por no hablar de hace dos, el pleistoceno!) y lo que se dice ahora.
El planteamiento de Zapatero en su discurso inicial tuvo más sustancia de la habitual en este tipo de debates, en los que la primera intervención suele ser un tedioso recordatorio de logros del último año. Dado lo magro de los frutos económicos de este período, Zapatero optó -prudentemente- por pasar como sobre ascuas sobre los datos y puso el foco en las iniciativas: tratamiento fiscal de la adquisición de vivienda, Impuesto de Sociedades para pymes y autónomos, informatización de escuelas y de estudiantes, Ley para la Economía Sostenible, nuevo pan municipal para 2010…

La calidad de esas iniciativas y su relevancia es muy diversa. El problema no es el análisis de cada una de ellas, sino el juicio de conjunto acerca de la manera en que las mismas pueden (o no) contribuir a paliar el factor diferencial negativo que sufren nuestra economía y nuestra sociedad: una destrucción de empleo que cuadruplica la que experimentan los países de nuestro entorno. Mi impresión es que, una vez más, se trata de un ‘patchwork’ de iniciativas más o menos improvisadas y/o ‘recomendadas’ por los ‘lobbies’ que aliviarán algunas situaciones, pero que tendrán una incidencia muy limitada -si es que tienen alguna- en la creación de empleo.

Y en ese contexto, lo más llamativo del debate de Zapatero con Rajoy no es lo que se afirma, sino lo que se niega: la necesidad de una reforma laboral. La negó el presidente del Gobierno ‘expressis verbis’ en su primera réplica a Rajoy y lo reiteró en la dúplica. El argumento es más bien peregrino: según Zapatero no es la legislación laboral lo que influye en el modelo productivo, sino que es el modelo productivo el que determina la legislación laboral.

La cuestión no es ésa. Un documento reciente (‘Propuesta para la reactivación laboral en España’) elaborado por un selecto grupo de economistas, muchos de ellos de orientación socialdemócrata, señala que si bien la crisis económica no está originada por el marco laboral, eso no significa que la reforma del marco laboral no sea indispensable para poder salir de la crisis. Es más: se requiere un enfoque global de esa reforma que, demagógicamente, Zapatero convierte en sinónimo de abaratamiento del despido. Zapatero no está dispuesto a pagar ni cinco céntimos de ‘coste social’ por abordar una reforma imprescindible. El problema está en que, a cambio, ya se está pagando un altísimo coste en términos de destrucción de empleo.

El mayor acierto de Rajoy fue el enfoque exclusivo de sus intervenciones en la cuestión del paro. A costa de ser repetitivo, instaló con contundencia la idea de que sin reformas estructurales comprensivas, globales, los ingentes recursos de estímulo fiscal que se están aplicando apenas consiguen nada. Es cierto que no fue demasiado preciso en el contenido de las reformas que proponía y tal vez insistió en exceso en denunciar las ‘mentiras’ del Gobierno en el diagnóstico y la previsión, idea en la que no es necesario extenderse porque está ya firmemente instalada en la opinión. Le sobró también un punto de arrogancia en una de sus improvisadas réplicas al guirigay de la bancada socialista, cuando les dijo que no sabían leer. Pero, en conjunto, hizo con eficacia lo que había ido a hacer, que era poner el dedo en la llaga de lo fundamental: parar la destrucción de empleo.

Sus mejores momentos, sin embargo, tuvieron lugar en la primera réplica a la del presidente del Gobierno, que había optado por descalificar su récord electoral y su estilo de oposición. Mucho más suelto que de costumbre, combinó la ironía con una desusada energía y firmeza en la defensa de sus posiciones y la de sus correligionarios, y desactivó el cansino mantra del ‘decretazo’ que se está convirtiendo ya en cláusula de estilo de todas las intervenciones de Zapatero.

Esto por lo que se refiere al ‘match’ de boxeo en que, para la opinión pública, se está convirtiendo este debate. No es lo único a valorar. Aparte del interés intrínseco de las propias intervenciones de las minorías, es importante calibrar las políticas de cercanía o lejanía que de las mismas se desprenden. La primera reacción de todas las minorías apunta, de nuevo, a un Gobierno en soledad parlamentaria.

Pero hay algo mucho más importante, lo que el decurso del debate nos indica acerca de las ideas o iniciativas del Gobierno para afrontar la crisis. Desde este punto de vista, el balance es muy decepcionante. No sólo no ha habido una propuesta de pacto ‘en serio’ más allá de ofrecimientos genéricos de debate parlamentario (¡faltaría más!), sino, sobre todo, no es posible deducir de lo escuchado que exista un plan digno de tal nombre. Estamos donde estábamos: más estímulos fiscales, todos por la vía del gasto, y alguna ensoñación desarrollista como el inquietante proyecto de la Ley para la Economía Sostenible, que nos trae olvidados aromas de dirigismo económico. Sin duda, este Gobierno hace suya la máxima de Heineken, ‘Piensa en verde’. Lo malo es que cuatro millones de ciudadanos viven en rojo. En los números rojos del paro.

José Ignacio Wert, sociólogo y presidente de Inspire Consultores.