Patologías sociales de la desigualdad

Esta semana se celebra en Barcelona el Congreso de la Sociedad Española de la Cirugía de la Obesidad (SECO). El doctor Antonio Lacy, jefe del servicio de cirugía gastrointestinal del Clínic, ha tenido la amabilidad de invitarme a la sesión inaugural. Después de agradecérselo me he preguntado qué podía ofrecer un economista como yo a un congreso de esta naturaleza. Posiblemente aportar una mirada externa a la profesión sobre un problema que es una verdadera epidemia social y que, sin embargo, permanece oculto a los ojos de la sociedad.

Al contrario que otras enfermedades como el cáncer o las degenerativas, la obesidad no atrae la atención de la sociedad. Sin embargo, es una enfermedad terrorífica para los que la sufren. A los padecimientos y limitaciones físicas que hacen que muchos se sientan prisioneros en su propio cuerpo se une la existencia de un estigma social que margina y hostiga a estas personas en las actividades sociales cotidianas (escuela, trabajo, relaciones sociales y de pareja, etc.) y afecta a su autoestima y dignidad. El resultado es una disminución de su bienestar emocional y social.

El tratamiento y prevención que ofrecen las políticas sanitarias y de salud focalizan el problema en el individuo. El enfoque sanitario trata, por un lado, de aumentar los recursos y mejorar su gestión y, por otro, de aumentar la eficacia de las técnicas quirúrgicas y terapéuticas. El enfoque de salud, por su parte, busca educar en los riesgos asociados a la obesidad y trata de inducir mejores hábitos alimenticios, una dieta saludable.

Todo esto es necesario, pero no es suficiente. Muchas personas creen que la obesidad está determinada genéticamente. Pero su crecimiento tan rápido en las tres últimas décadas no tiene nada que ver con factores genéticos. Ni tampoco con un problema de dieta alimenticia. Se ha producido una ruptura de tendencia que está asociada a la desigualdad que se ha introducido en nuestras sociedades en las tres últimas décadas.

La obesidad es ahora una enfermedad de clase social. Miren a su alrededor. Verán que los ricos son más delgados y que los pobres tienden al sobrepeso y a la obesidad. Sin embargo, no fue siempre así. Hasta hace pocas décadas los ricos eran más gordos, los pobres más delgados. Esta transición epidemiológica está vinculada a los cambios que han tenido lugar en la distribución de la renta.

Las estadísticas son esclarecedoras. Mientras nuestras sociedades fueron más igualitarias, en los años 60 y 70 del siglo pasado, el porcentaje de obesos en el conjunto de la población era muy bajo. A medida que en las últimas tres décadas se han ido haciendo más desiguales la obesidad se ha disparado. Tanto la obesidad de mayores como la obesidad de niños.

Esta última es más dramática, porque un niño obeso será un adulto obeso, con todas las consecuencias físicas y emocionales mencionadas anteriormente, y además con una menor esperanza de vida. En España el crecimiento de la obesidad de niños es mayor que en la mayoría de los países europeos. Un crecimiento que ha ido paralelo al mayor aumento de la desigualdad en nuestro país.

Lo ocurrido con la obesidad ha sucedido también con otras patologías: enfermedades mentales, consumo de drogas, esperanza de vida, embarazos de adolescentes, aumento de la población reclusa, pérdida de movilidad social y de oportunidades. Para aquellos de ustedes que estén interesados en conocer los costes sociales de la desigualdad y por qué las sociedades más iguales funcionan mejor recomiendo la lectura del libro de Richard Wilkinson y Kate Pickett, traducido al castellano con el título de Desigualdad: un análisis de la infelicidad colectiva.

Estamos ante patologías de la desigualdad que son verdaderas epidemias sociales. Entre ellas, quizá la más desconocida es la de la obesidad. Para hacerle frente no es suficiente promover una dieta sana. La mayoría de las personas afectadas conocen las ventajas de una dieta saludable. Pero sigue consumiendo comida basura porque ese tipo de comida es una forma de buscar confort frente a una situación inconfortable. No únicamente es un problema de estilos de vida, es un problema de desigualdad.

Esta mirada sobre la obesidad es la que traté de llevar al congreso de los cirujanos de la obesidad. No basta con dedicar más recursos clínicos y mejorar la eficacia terapéutica de las técnicas, ni tampoco con fomentar una dieta alimenticia saludable. Para hacer frente a la epidemia de obesidad que nos viene encima es necesario también una dieta de equidad; es decir, una sociedad más equitativa.

Antón Costas, Catedrático de Política Económica (UB)

1 comentario


  1. ¿Sabrá este catedrático lo que es el método científico? ¿desde cuando una mera correlación justifica toda una teoría? ¿hay estudios longitudinales? ¿grupos de control? En fin… que hay que ser más serios con las cosas del comer.

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