Pecios. No, si yo ya me iba

Tertuliano. Las víctimas no pueden ser despojadas del derecho de ser eternamente premiadas con el goce de ver sufrir eternamente a sus verdugos en el fuego eterno.

Las palabras rejuvenecen. Está claro que han renovado la palabra “tolerancia” sólo para poder darse el siempre sabroso gusto de decir “tolerancia cero”.

Un refrán sefardí. Nada expresa mejor la tradicional prevención del judaísmo contra la magia que aquel antiguo refrán sefardí: “Con dizir flama non se quema la boca”. La afortunada figura nos amonesta contra cualquier tentación de atribuir ningún poder a la palabra -que es lo que hace la magia verbal-, ni, por tanto, tampoco al pensamiento. La palabra dice, no hace; es, en su esencia, absolutamente profana, terrenal.

El porvenir del cine nacional. Dentro de unos 15 años no se percibirán diferencias entre el cine de Pedro Almodóvar y el de Alfredo Landa. Cualquier película de Almodóvar se revelará como la prolongación más natural, más inerte y más esperable que cualquier otra de Landa.

Apócrifo general. Respuesta de un consultorio de revista femenina a una consulta titulada “Afligida” y firmada “Mari Paz”: El problema que me planteas es muy complejo y de una gran responsabilidad, de la que adivino que eres muy consciente. Por eso, después de un análisis en profundidad, he pensado que, de modo orientativo, lo mejor que puedes hacer, lo que te recomiendo, es barajar tres posibilidades, las tres, bien entendido, con el mismo grado de probabilidad: a) que todo siga igual, b) que surja una vía de arreglo; y c) que se vaya a paseo, todo. Y perdona la crudeza de lenguaje, pero sé que eres una mujer que sabe hacer frente a la Realidad.

Estoy segura, mi “afligida” Mari Paz, que manteniendo la vista en esa orientación de triple probabilidad que te propongo (que, si te fijas, te adelanta cara al futuro las ventajas de una apuesta con tres oportunidades de ganar), no vas a perder la confianza ni la seguridad en ti misma, que cuando la voz de los hechos se pronuncie será ella misma quien te dé la solución, sin duda más acertada y verdadera que la que ni yo ni nadie podríamos sugerir.

Ansiolíticos. Parece verosímil que haya sido esa nueva ideología o religión del Pensamiento emocional y positivo, hija del secular y acrisolado anti-intelectualismo americano, la que ha lanzado a la opinión ese irresponsable principio de que “las crisis” -sin más determi-nación- abren las mayores posibilidades de cambio y de mejora. Aplicado a Haití no podría haber falacia más canalla, porque todo el mundo sabe perfectamente que el terremoto no será ocasión de nada, sino que, por el contrario, agravará tremendamente sus desgracias anteriores y perpetuará su perdición. Evidencias como esta son las que quieren borrar del horizonte los ansiolíticos occidentales del tipo “pensamiento positivo”.

Sabores de antaño. “Nadie hizo tanto daño en menos tiempo”; así recogía en portada el diario El Mundo una frase de Aznar, pero las dos variantes con que la abreviaba impedían ver su origen; en páginas interiores venía literal y enseguida se le reconocía la impronta de aquel barato cliché americano, cuyo ejemplo más simple puede ser “nunca tan pocos hicieron tanto por tantos”, en que la sola magnitud de la desproporción solicitaba un énfasis gratuitamente mágico. Era la jerga popular y populista de aquel Reader’s Digest de santa memoria; de manera que Aznar, con su “nunca nadie hizo tanto daño en tan poco tiempo”, ha tenido la virtud de devolverme todo el sabor de medio siglo atrás, cuando tanta difusión tenía el Reader’s Digest en versión castellana.

Fuera complejos. Fue al representante Newt Gingrich, jefe de la mayoría republicana en el Congreso en tiempos de Bush padre, al primero que le oí la fórmula “sin complejos”, que, a juzgar por los contextos a los que se aplicaba, quería ser como un atrevido “sin escrúpulos morales”, salvo que la moral por la que se sentía acusado y acosado no era más que la de aquel otro célebre embeleco de “lo políticamente correcto”. También los herederos españoles de “sin complejos” se sienten como muy revolucionarios y valientes al enfrentarse con “lo políticamente correcto”, por lo demás tan ridículamente respetado por sus adictos. Paladín de los dichos herederos fue doña Esperanza Aguirre, ya en 1997: “La verborrea políticamente correcta es el germen de la tiranía de quienes no creen en la libertad de pensamiento”. A su vez, los católicos del semanario episcopal Alfa y Omega se despachan por víctimas de semejante tiranía, al reiterar como cosa muy arriesgada y desafiante su voluntad de ser “políticamente incorrectos”.

La última vez que he leído la palabra “sin complejos” aparecía puesta en boca de alguien que propugnaba la instauración de la cadena perpetua (revisable) en el Código Penal español. Como era de esperar, no han faltado partidarios del Gobierno -que al parecer tienen todavía algunos complejos- que han puesto el grito en el cielo por el escándalo que les provocaba una propuesta así, y alegando, por añadidura, que el Código Penal español era ya, en muchas cosas, el más duro de la Unión Europea, mientras que España era, a su vez, el país de más baja criminalidad. Pero yo, por mi parte, me temo que los que así se escandalizan están poco preparados para el futuro, ya que, visto lo visto, tampoco sería nada del otro mundo que el día menos pensado se restaurase la pena de muerte.

Llenar la Nada. El gigantesco auge del deporte, singularmente del fútbol, procede de un estado de hastío, de nihilismo; es como la sustitución de todo designio por una expectativa recurrente, rotatoria, sin fin: lo siempre nuevo siempre igual garantizado.

Si levantara la cabeza, 1. Es una verdadera desgracia que la evolución de las especies en que él puso su talento y tal vez su confianza se haya venido empobreciendo hasta caer en esa miserable degeneración del Barón de Coubertin: “Citius, altius, fortius”.

Si levantara la cabeza, 2. Menos mal que Darwin no podía ni remotamente imaginar que el segundo centenario de su nacimiento llegaría a coincidir con el cincuentenario del de uno de los más abyectos y repugnantes engendros de la regresión humana: la muñeca Barbie.

“Mihi uindicta, Ego retribuam”. Si no debe ignorarse la intención pedagógica tradicional de la pintura cristiana, más inexcusable será pasar por alto la grandiosa lección de teodicea de una representación mundialmente conocida y admirada como la del Juicio Final en la Capilla Sixtina.

Sentado como en un escabel en la parte alta del centro del cuadro y con un tamaño algo mayor que el de las figuras que lo rodean, Cristo aparece semidesnudo, cubiertos sólo el hombro izquierdo y el regazo, el cuerpo levemente escorado hacia la izquierda como acompañando al rostro, que forma ya un perfil de algo más de tres cuartos hacia ese mismo lado; del poderoso torso se levanta el brazo derecho, bien musculado, formando un ángulo algo menos que recto con el antebrazo, que remata en la mano abierta, con los dedos separados pero curvados en forma de concha, como formando un espejo cóncavo que concentrase los rayos de luz, ahora rayos de ira, hacia el mismo rincón inferior de la izquierda al que apunta la mirada: el rincón más oscuro del cuadro, donde se retuercen los réprobos: la mano del Salvador no está salvando, está condenando. El Hijo no se hizo hombre para redimir a los hombres, sino para vengar al Padre.

“Ecco li nostri”. -Malo es ser de Los Nuestros.

-Peor es ser de Los Buenos.

Rafael Sánchez Ferlosio, escritor, premio Cervantes 2004 y premio Nacional de las Letras Españolas 2009.