Pedro Sánchez a las puertas

Aunque Zapatero apoya –tímidamente– a Susana Díaz, su sucesor espiritual es Pedro Sánchez. Si se convierte en secretario general, continuará el proceso de escora del PSOE hacia la izquierda de su antecesor.

Este proceso no responde, a mi juicio, a un sentimiento ideológico, sino que es una decisión puramente estratégica. Parte de la constatación de que en España y en gran parte de Europa los postulados del estado de bienestar están afianzados con tal firmeza que ya resulta innecesaria la presencia de la socialdemocracia tradicional. La política económica está limitada hacia la izquierda por condicionamientos técnicos de carácter objetivo, que solo en un ejercicio demagógico se pueden desconocer. Esta realidad vacía progresivamente de votos la cesta de los partidos socialistas tradicionales, en mucho casos hasta su desaparición: Italia, Grecia, Holanda, Dinamarca, Francia el más reciente. Es preciso un nuevo signo de identificación para el partido que le asegure el poder, como único objetivo de la acción política.

Ahora bien, toda estrategia requiere una cobertura ideológica como prueba de seriedad política. El proceso hacia la izquierda descansa sobre un triple principio:

1. La memoria histórica como abjuración de la transición democrática. Se concibe como un motor eficaz de impulsión del nuevo izquierdismo. Pero lo cierto es que choca con la realidad incontestable del muy minoritario número de españoles que tienen un recuerdo directo de la guerra civil, es decir, una memoria capaz de generar emociones de revancha. No importa. Cuando la realidad se opone a nuestro designio, se la rodea o se la abstrae. Los juristas la rodean con la ficción, los literatos la abstraen en la metáfora y los políticos hacen las dos cosas a la vez. La ausencia de recuerdos personales de la guerra civil se sustituye por una memoria oficial, sectaria y forzada, y sobre esta memoria se crea la metáfora de una guerra sin vencidos y la ficción de una ruptura –pacífica pero revolucionaria– con el régimen anterior, como si la transición democrática nunca hubiese existido.

2. La necesidad de una reforma del Estado de la Autonomías. Derivada de la abjuración de la transición democrática, se defiende la urgente necesidad de un nuevo orden territorial en España que sustituya al de la Constitución de 1978 y un acercamiento a los nacionalistas para resolver las legítimas demandas de cambio.

3. La demonización del PP consecuencia de la superioridad moral del PSOE que es reminiscencia de la lucha del socialismo histórico en sus orígenes. Todo lo que se sitúe a su derecha se hace condenable per se. Esta superioridad moral es permanentemente proclamada por el amplio y fiel soporte mediático socialista hasta límites irritantes. Es un complejo de superioridad que genera la creencia de que estar fuera del poder es una anormalidad en la lógica del sistema democrático. Un error de los votantes inducido por engaños maliciosos de la derecha que es necesario remediar cuanto antes con la vuelta a la normalidad, esto es, al gobierno de los únicos y verdaderos representantes de la justicia y del progreso. Es un sentimiento profundamente arraigado en la izquierda española. Nunca ha dejado de manifestarse desde el cerril Maura de 1909 encabezado por Moret, al que se sumó el PSOE, y que contó con un gran respaldo periodístico progresista. Salvando las diferencias históricas, el pacto del Tinell de todos contra el PP es, en su esencia, una nueva versión de lo mismo. Sánchez lo formula bajo el lema de la necesidad del cambio, que jamás se explica en qué consiste, o el más rotundo pero no más razonado ¡No es no!

Esta triple cobertura ideológica del proceso hacia la izquierda ha demostrado ser ineficaz.

En primer lugar, la memoria histórica no ha podido socavar el deseo de la mayoría de los españoles de olvidar agravios recíprocos pasados, que es el sólido fundamento de la transición democrática. Por eso se ha reducido a cambios en el callejero, retirada de algunas estatuas y cosas semejantes. Como motor de impulsión al izquierdismo, la memoria histórica ha sido un fracaso absoluto ¡Histórico! Por cierto, tengo la seguridad de que Peman, que la ha sufrido por dos veces en Jerez, la mira con desdén desde el Parque Genovés, donde los gaditanos conservan su busto y su teatro en Cádiz.

En lo que se refiere a la reforma del Estado de las Autonomías, ni Zapatero ni Sánchez han salido jamás del terreno de la retórica y de la abstracción conceptual: federalismo, nación de naciones, nuevo espacio de convivencia, etc. Pero nunca una propuesta concreta de reforma constitucional o de un marco de negociación realista. Para contar con su apoyo en el gobierno han abdicado ante la insaciabilidad de los nacionalistas, con un resultado que a la vista está: mayor radicalización y enconamiento progresivo de la cuestión, impidiendo la formación de una amplia mayoría constitucionalista respetuosa con el principio esencial de unidad de España, que permita afrontar con solvencia este dificilísimo problema. En cuanto a la superioridad moral, como siempre, ha sido fuente de soberbia. Cuando se está en la posesión de la sabiduría, todo parece fácil de resolver: para ejercer el gobierno no son necesarios ni experiencia ni conocimientos sino que basta la listeza natural del pueblo. El resultado ha sido una pobre gestión gubernamental. La económica más vale no recordarla. Y otro tanto la de la política internacional: desprecio público a la bandera de los Estados Unidos como burda manifestación de posicionamiento progresista en la escena internacional; ridículo de la alianza de civilizaciones como remedio de la radicalización islamista; ídem en la mediación ante Maduro para llevarle a la senda de la democracia.

El viraje a la izquierda del PSOE no ha remediado la progresiva desafección de sus electores que, puestos a ser populistas, prefieren a Podemos, o, puestos a buscar seguridad en la gestión de gobierno, se refugian en el centro del PP y Ciudadanos, o, puestos a ser independentistas, se apuntan directamente al procés.

La gran baza de Sánchez es su gallardía ante la pasada derrota. Su punto más débil, la dependencia de una militancia progresivamente separada del sentir de los votantes socialistas.

Daniel García-Pita Pemán, jurista.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *