Periodismo de luto

El pasado lunes 13 de abril, una fecha que quedará ya marcada en el calendario luctuoso de la literatura, morían el alemán Günter Grass, premio Nobel de Literatura, y el uruguayo Eduardo Galeano, dos grandísimos escritores, pero también dos excelentes periodistas. A través de su obra –novelas, artículos, ensayos– hemos disfrutado de la literatura, pero también nos han mostrado la realidad que vivían y habían vivido. Sus libros han sido el mejor ejemplo de cómo hacer periodismo más allá de los medios de comunicación.

La obra cumbre de Grass, «El tambor de hojalata», es más que una novela, es un repaso de la historia de Alemania de la primera mitad del siglo XX y muy especialmente del nazismo, pero desde los ojos de un niño o, mejor aún, de un adulto con la mirada de un niño. Es un desgarrador reportaje de un periodo que, quizás desde otra óptica distinta a la infantil, sería difícil de explicar. Es, en definitiva, periodismo con mayúsculas, al igual que sus memorias.

Por su parte, Galeano, a través de «Las venas abiertas de América Latina», quizás su libro más representativo, hace un repaso de la historia de este continente, desde la colonización española hasta la actualidad, que no es otra cosa que una magna obra periodística o, como se diría ahora, periodismo de gran formato. Ambos ejemplos nos muestran hasta qué punto periodismo y literatura caminan de la mano, en qué medida un libro nos puede dar una imagen mucho más lúcida y clarificadora de lo que sucede a nuestro alrededor que todos los titulares que nos dejan cada día los medios tradicionales.

Conocía las muertes de estos dos grandes autores al tiempo que terminaba de leer «Como la sombra que se va», la última obra de Antonio Muñoz Molina, quizás uno de los más grandes escritores españoles vivos. A través de sus páginas reconstruye la vida del asesino de Martin Luther King, James Earl Ray, su huida tras el magnicidio, los días que pasó en Lisboa, su detención en Londres, su vida en la cárcel antes y después… En un libro que va más allá de la novela, en el que realidad y recreación van de la mano, el escritor jienense hace un ejercicio de periodismo capaz de retratar, mejor que cualquier periódico o reportaje televisivo en blanco y negro de la época, aquel histórico momento.

García Márquez, Capote, Hemingway, Kapuscinski, Dos Passos, Umbral o los ahora fallecidos Grass y Galeano, o Vargas Llosa, Wolf, Muñoz Molina o Pérez Reverte, por citar algunos vivos. Todos ellos, grandes escritores y, al mismo tiempo, enormes periodistas a través de cuyos ojos hemos sido capaces de ver y entender la realidad que nos rodea; de poner luz a acontecimientos de los que sólo teníamos conocimiento a través de los libros de historia; de recrear, de forma novelada o como crónicas periodísticas, épocas pasadas, sin cuya comprensión es imposible entender el presente.

Algunos pasaron incluso por las facultades de Periodismo o lo ejercieron activamente a lo largo de sus vidas en los medios de comunicación, especialmente en la Prensa. De hecho, en la bibliografía de muchos de ellos encontramos títulos que recogen sus artículos periodísticos. Otros, como Capote y su obra clave, «A sangre fría» (1966), crearon incluso ese género que se ha dado en llamar «novela de no-ficción». Y es que, desde entonces, muchas de las obras maestras de la literatura contemporánea han sido precisamente reportajes novelados de gran formato en los que el autor se muestra como testigo directo de los hechos relatados.

Ángel Valle

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