Perspectivas económicas europeas

Los economistas tienen fama de  ser personajes cautos, pero al mismo tiempo hay también muchas polémicas y muchos enfrentamientos entre ellos, y no sólo en relación con cuestiones políticas. Hace poco, con motivo de una declaración importante (y no demasiado optimista), Ben Bernanke, responsable de la Reserva Federal estadounidense, fue tachado por algunos medios de comunicación de tonto y de no tener la menor idea. Ahora bien, ¿qué esperaban? ¿Una predicción científica? La economía, llamada por Carlyle la “ciencia lúgubre”, no es una ciencia exacta capaz de hacer predicciones. Se basa más en la psicología, la política y otros imponderables que en las matemáticas.

La crisis griega ha eclipsado los problemas generales de la economía europea. A principios de año, el Fondo Monetario Internacional (FMI) predijo un crecimiento económico mundial más rápido (4%). Sin embargo, las predicciones para Europa no eran tan optimistas; en realidad, el crecimiento a principios de años fue incluso menor del estimado debido a un clima con unas temperaturas más bajas de las habituales. De todos modos, en los meses siguientes el crecimiento se recuperó. Según los datos hechos públicos, Alemania experimentó en el primer trimestre un crecimiento del 1,5% con respecto al último trimestre del año anterior. Se trató del incremento más pronunciado desde el 2006; los analistas anunciaron que el país se había recuperado de la crisis económica. El panorama fue similar en Francia, donde se superaron las expectativas. La producción industrial creció más deprisa que en cualquier momento desde la década de 1980. Se produjeron fuertes demandas en productos de exportación, como los automóviles.

Con todo, el crecimiento europeo ha sido desigual. Suecia, por ejemplo, se ha comportado relativamente bien, al igual que Austria y otros países de Europa oriental; pero en otros casos no ha sido así y la previsión para la zona del euro en el 2012 es de un 1,7% frente al 2,5% actual. En resumidas cuentas, ha habido una recuperación, pero como en Estados Unidos, ha sido una recuperación lenta. Y la tasa de desempleo sigue siendo elevada, de un 9,9% (y mucho más entre los jóvenes). Para volver a la situación que existía antes de la crisis económica deberían crearse unos 22 millones de puestos de trabajo, y no es probable que eso ocurra en un futuro inmediato.

¿Por qué no es más rápida la recuperación? Se aducen una serie de razones. Los precios de las materias primas están subiendo; no sólo el petróleo, sino también otros minerales y los alimentos. Las políticas seguidas por los gobiernos europeos tienen una parte de responsabilidad: no se están concentrando en el crecimiento, sino en la reducción del gasto para atajar las deudas. Semejante política está provocando tensiones y conflictos sociales: manifestaciones, huelgas y otras formas de malestar, que a su vez tienen una repercusión negativa sobre la economía.

Es una costumbre arraigada comparar el lento crecimiento de Europa con el rápido crecimiento de los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China), pero últimamente son cada vez más frecuentes las dudas relacionadas con el futuro de dichos países:

Rusia depende exclusivamente del precio del petróleo; los beneficios de la India no han dejado de disminuir; en Brasil la inflación ha alcanzado unas proporciones peligrosas; e incluso respecto a China aumentan las voces que muestran temor.

Para Europa, el problema inmediato sigue siendo Grecia. Los titulares de los medios de comunicación son del estilo: ¿Destruirá Grecia a la Unión Europea? Quizá sea una exageración, pero la insinuación misma de que la situación económica de un país como Grecia pueda tener semejante efecto pone de manifiesto que hay algo fundamentalmente equivocado en el actual sistema europeo y que tendrá que ser modificado. Poseer una moneda común europea es posible y es probable que deseable. Pero no se puede hacer sin supervisión ni dirección central. Al mismo tiempo, los principales bancos tendrán que someterse a un control mucho más estricto. Eso significa una interferencia exterior sin precedentes.

Si los europeos están de acuerdo con semejante política, eso supondrá, claro está, la cesión de muchos derechos soberanos nacionales. Si se oponen, la alternativa es la vuelta a las economías y las políticas nacionales, o la creación de varias federaciones en lugar de una sola en el continente europeo. Sin embargo, lo que no funcionará es un compromiso entre esos dos sistemas, con un poco de unificación y otro poco de independencia económica.

En este momento parece probable que el euro se salvará, pero sólo temporalmente. A menos que el sistema sea modificado  de modo radical, surgirán nuevas crisis a las que el euro quizá no sobreviva. Sin embargo, incluso esa situación no sería el final de todo. Si la zona del euro se derrumbara y los diferentes países regresaran al statu quo anterior, tarde o temprano se darían cuenta de las grandes dificultades de Europa para sobrevivir y competir en el orden mundial naciente. Es probable que surja entonces un nuevo intento de mayor unificación, por más que ello conlleve la dolorosa cesión de derechos y prerrogativas nacionales. Europa quizá necesita un mayor proceso de aprendizaje. Y, a veces, aprender es doloroso.

Walter Laqueur, director del Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos de Washington.

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