Perú se examina con el ‘caso Pareja’

El Perú, ante cualquier circunstancia, debe hacer valer su condición de país democrático y promotor de las libertades. No por nada se firmó en Lima la Carta Democrática Interamericana.

La tradición jurídica y política del Perú siempre ha respetado la institución del refugio ante la persecución de los gobiernos autocráticos de la región. El Perú no debe ceder ante el chantaje político de los enemigos de la democracia, muy por el contrario, la democracia debe ser afirmada y parte esencial del clima institucional de un país recae en la fortaleza del Estado de Derecho, el cual tiene como columnas al debido proceso y la presunción de inocencia.

El Gobierno del presidente Kuczynski ha hecho muy bien al presentar como una línea matriz de su política exterior la denuncia del chavismo ideológico y el apoyo a la oposición venezolana. El socialismo del siglo XXI ha destruido la comunidad política de cada uno de los países donde ha sido implantado.

El grado de polarización, el sectarismo, la dictadura desembozada y la persecución de los opositores pocas veces en la historia latina ha alcanzado un nivel de sofisticación como el de las maquinarias de represión chavistas. El chavismo venezolano, en tanto modelo político, ha sido replicado en otros países, creando una red autocrática cuyo objetivo es la eliminación física y moral del enemigo.

Una de las consecuencias del chavismo es la multiplicación de los refugiados políticos, que hoy atraviesan las fronteras de varios países en busca de libertad y justicia. Esta es la base del caso Pareja. Carlos Pareja Cordero y su hijo, Carlos Pareja Dassum llegaron al Perú huyendo de las acusaciones del gobierno de Rafael Correa y de su delfín, el presidente Lenin Moreno. El Gobierno ecuatoriano es un gobierno tributario del chavismo.

Correa y los suyos son socialistas del siglo XXI, los discípulos más aventajados de la tiranía de Caracas. Es más, durante el correísmo, los ex terroristas de Alfaro Vive Carajo han tenido un protagonismo innegable. Y para nadie es un secreto que Correa achaca al grupo Isaías un protagonismo vital en la organización de la oposición democrática.

Carlos Pareja Cordero fue durante años un enemigo político de los terroristas de Alfaro Vive Carajo y un abogado prominente de los Isaías y otros grupos empresariales reconocidos en el Ecuador. El móvil político está más que probado sobre todo cuando tanto el presidente Moreno como el propio Correa han presionado internacionalmente para que los Pareja sean expulsados del Perú.

Las acusaciones del caso Pareja tendrán que ser probadas en sede judicial como corresponde. Mientras tanto, el Perú debe garantizar, como su historia lo adelanta, el debido proceso y la presunción de inocencia. Lamentablemente, la detención de los Pareja en Lima fue realizada de manera ilegal, con una saña digna del chavismo. A Pareja Cordero, el padre, le rompieron el brazo hasta el punto de necesitar una operación. Y el hijo fue golpeado y encarcelado. Uno está en el hospital. El otro, en la cárcel. Todo esto contó con la presencia de policías ecuatorianos.

Los demócratas peruanos esperamos que nuestra Justicia actúe con independencia y que los Pareja reciban la condición de refugiados mientras su caso se ventila en un fuero imparcial sin la espada de Damocles del correísmo vengativo. Hemos de tener en cuenta que el brazo de Correa, el largo brazo del chavismo, es el signo visible de la persecución.

Martín Santiváñez Vivanco es es Decano de la Facultad de Derecho y Relaciones Internacionales de la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL).

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