Pido perdón

Estimados conciudadanos: Como presidente de la Generalitat de Cataluña, comparezco ante ustedes para pedir perdón por las graves consecuencias ocasionadas por el Proceso de Transición Nacional de Cataluña impulsado por el nacionalismo catalán. Pido perdón por haber patrimonializado Cataluña, haber fracturado la sociedad catalana y haber atribuido únicamente a los independentistas la categoría de «pueblo de Cataluña».

Pido perdón por el chantaje emocional al que se ha sometido a los ciudadanos y el empeño mostrado en la tarea de colonizar, asimilar o excomulgar a los no independentistas. Por fomentar la manipulación de la conciencia y el adoctrinamiento nacionalista de la ciudadanía por todos los medios públicos y privados a nuestro alcance. Por la agitación, falsedades, astucias y promesas utilizadas para movilizar a la ciudadanía a favor de una independencia inviable y una república inexistente. Por alentar y alimentar a esos arietes de la independencia que son el Consejo Asesor para la Transición Nacional, la Asamblea Nacional Catalana, Ómniun Cultural, la Asociación de Municipios por la Independencia, Súmate, Plataforma por el Derecho a Decidir, y el Foro Civil, Social y Constituyente.

Pido perdón por desafiar al Estado con alevosía y premeditación e instigar el conflicto para provocar una respuesta que justificara un nuevo enfrentamiento del cual obtener ventajas políticas. Por victimizar a la sociedad catalana, recurriendo a la figura del enemigo exterior, con el objeto de obtener réditos políticos, sociales, ideológicos, económicos y simbólicos. Por utilizar el diálogo en vano como una treta para chantajear al Estado bajo amenaza de descalificación democrática.

Pido perdón por crear falsas expectativas en la ciudadanía catalana sabiendo que el Proceso de Transición Nacional de Cataluña no ha gozado nunca del suficiente apoyo político, social, legal, económico, internacional y democrático. Por no haber aceptado que nadie ha reconocido a Cataluña como sujeto político de iure o de facto.

Pido perdón por no rectificar a tiempo cuando el nacionalismo catalán perdió las elecciones de vocación plebiscitaria de 2015. Por no haber rectificado cuando el nacionalismo catalán no alcanzó la mayoría social en las elecciones de 2012, 2015 y 2017.

Pido perdón por distorsionar conscientemente la realidad y confundir deliberadamente el deseo con la realidad con el objeto de movilizar a la ciudadanía nacionalista.

Pido perdón por mantener una ficción que genera frustración, fanatismo, chovinismo, enfrentamiento, violencia y odio.

Pido perdón por tergiversar el Derecho Internacional en lo relativo al derecho de autodeterminación de los pueblos y los documentos de la Comisión de Venecia sobre la convocatoria y celebración de referéndums. Por tergiversar la Ley de la Claridad de Canadá y la Constitución en lo referente a la convocatoria de referéndums. Por urdir un «derecho a decidir» y un «mandato democrático» que no existen.

Pido perdón por la convocatoria, promoción, celebración, mitificación, mistificación, conmemoración, victimización y canonización ad nauseam del referéndum ilegal y antidemocrático del 1 de octubre de 2017.

Pido perdón por incumplir reiterada y sistemáticamente la legalidad estatutaria y constitucional vigente. Por desprestigiar conscientemente el sistema democrático y judicial español y apadrinar e inducir la confusión entre «político preso» y «preso político» y «fugado y exiliado». Por el uso indebido y partidista de las oficinas en el exterior de la Generalitat de Cataluña.

Pido perdón por dinamitar de golpe la legalidad democrática, estatutaria y constitucional los días 6 y 7 de septiembre y 1 y 27 de octubre de 2017. Por judicializar el Proceso de Transición Nacional de Cataluña con la reiterada transgresión –con prepotencia y regocijo, lo reconozco– de las resoluciones judiciales.

Pido perdón por haber hecho todo lo posible –una manifestación más de la espiral dialéctica entre la acción y la reacción en aras de la internacionalización del Proceso– para implementar la aplicación del artículo 155 de la Constitución que intervino la Autonomía. Por ocultar que dicha intervención fue administrada con eficiencia –mientras se fingía lo contrario– por altos funcionarios de la Generalitat.

Pido perdón por desacreditar y desautorizar el catalanismo moderado, pactista y democrático.

Pido perdón por favorecer la huida de empresas, inversiones y visitantes –lo sabíamos, pero lo ocultábamos y mentíamos– propiciando una mala imagen de Cataluña en general y de Barcelona en particular.

Pido perdón por impulsar la prolongación de la ficción nacionalista sin ningún motivo ni alternativa más allá de la conservación del poder y el mantenimiento de status político, laboral y económico de quienes lo representan.

Pido perdón por no haber tratado a los ciudadanos de Cataluña como personas adultas que merecen que se les diga la verdad en todo momento. Por el engaño, la burla y la utilización de quienes creyeron y confiaron en las palabras y promesas del independentismo y jugaron el papel de comparsas de una ficción. Por la huida del presidente de la Generalitat y algunos consejeros y responsables políticos independentistas que desde Bélgica y Suiza reclaman la movilización de la gente, por la elusión de responsabilidades, por la actuación de parte del presidente del Parlament y por la parálisis institucional.

Pido perdón por la gesticulación, la prescripción de la realidad, la dicotomía entre el nosotros y el ellos, la mentira compulsiva, el vedetismo de los políticos y los activistas independentistas, la folclorización e infantilización de la política, el discurso cacofónico, la épica de todo a cien, las persistentes homilías y amonestaciones radiofónicas y televisivas, el yudo moral practicado contra los constitucionalistas, el sainete de los lazos amarillos o la vocación resentida y totalitaria que se materializa en lemas como «ni olvido, ni perdón», «las calles serán siempre nuestras», «el pueblo manda, el gobierno obedece» o «sin desobediencia no hay independencia».

Pido perdón por llevar la confrontación al límite y fomentar la insurrección contra el Estado. Pido perdón por el daño causado –deslealtad, golpe a la democracia, legalidad y legitimidad a la carta, inseguridad jurídica, supremacismo, displicencia, prepotencia, sectarismo, mentiras, engaños, tensión, descalificaciones, provocación, marginación, extranjerización– a las personas ajenas a la independencia de Cataluña.

Pido perdón por la violencia aparejada al proceso que se ha manifestado en el asedio al Parlamento de Cataluña, en el hostigamiento a la Prefectura de la Policía Nacional en Barcelona, en el asalto de la Delegación de Generalitat en Gerona o en el acoso a la Bolsa de Barcelona.

No hemos aprendido la lección ni podemos dar lecciones a nadie. No todo lo hacemos bien. No somos la expresión de la revolución de la sonrisa. No podemos rehuir la responsabilidad en la aparición de los monstruos generados por el proceso. No hemos dado un ejemplo de nada ni a nadie. No hemos luchado por los derechos civiles sino que hemos defendido la irresponsabilidad política –probablemente penal– de quienes quebraron la legalidad democrática y el Estado de derecho.

Por todo ello, presento mi dimisión y convoco elecciones autonómicas con la esperanza puesta en un Proceso de Rectificación Democrática y Refundación y Asunción de la Legalidad Democrática y el Estado de Derecho capaz de devolver Cataluña a la normalidad democrática, política y social de la que nunca debió salir.

Miquel Porta Perales, escritor.

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