¿PIGS? ¿Quién habló de cerdos?

Que a España se la coloque junto a otros países de la Europa Mediterránea en el Grupo denominado PIGS (cerdos), además de insultante, es un error técnico grave.

Descartemos, de entrada, el lado insultante de la denominación. La lengua inglesa -con más de 600.000 palabras en el Diccionario de Oxford- se presta mucho a una serie de juegos de palabras, dobles sentidos y eslóganes. Los angloparlantes no nos podemos resistir a estos juegos. Desde el mismo Shakespeare, que abre su obra Ricardo III así: «Now is the winter of our discontent / Made glorious summer by this sun of York». «Ahora el invierno de nuestro desagrado / se convierte en glorioso verano gracias a este sol (¿o hijo?) de York.»

La prensa y el mundo de la publicidad compiten continuamente con estos juegos. Así, cuando el buen político liberal Paddy Ashdown reveló una relación ilícita con su secretaria, el titular del día siguiente: «Paddy Pantsdown» (Paddy pantalones abajo) hizo gracia hasta a quienes le admiramos. O en otro caso, siguiendo alegaciones de acoso por parte de Gordon Brown hacia sus subordinados, la prensa ha empezado a llamar al Prime Minister-the Prime Monster!

¡Somos incorregibles! Así que al «listillo» de la City o de Wall Street al que se le ocurrió la idea de los PIGS, la respuesta, a la altura de su propia frivolidad, es: ¿cerdos? ¡En España al cerdo lo convertimos en jamón serrano! A nivel más serio, digamos por de pronto que España no es un país visceralmente corrupto. Efectivamente, ha habido (como en todas partes) corrupción. Pero en España se encuentra más bien a nivel ayuntamientos y gobiernos locales (posiblemente porque tengan atribuidas competencias que en realidad están por encima de su grado de competencia). La noción de que el Banco de España (ejemplo mundial de una supervisión rigurosa) o las cifras macroeconómicas emitidas por el Ministerio de Hacienda sean susceptibles de una manipulación fraudulenta por el Estado es totalmente impensable.

Además, España cuenta con una serie de Cuerpos Superiores de la Administración (Abogados del Estado, Notarios, Registradores de la Propiedad, Inspectores Técnicos Fiscales) que, aunque algunas veces he oído que son criticados por su exceso de burocracia, juntos forman, por así decirlo, la espina dorsal de un Estado de Derecho.

Hoy, España representa el 1.5 por ciento de la capitalización bursátil mundial. El IBEX 35 tiene un valor de mercado de 356.000 millones de euros. Cinco empresas españolas representan nada menos que el 15 por ciento del valor del Euro Stoxx 50. Incluso las Agencias de Rating (que tampoco han salido ilesas de esta crisis en lo que se refiere a su reputación) clasifican muy bien a España – Moody´s Aaa, Fitch AAA, S&P AA-.

El sector financiero español tiene una solidez que para sí quisieran otros. Sí está siendo afectado por el colapso inmobiliario, pero, por de pronto, no se quedó expuesto en los «toxic assets», y el contribuyente español no ha tenido que rescatar a grandes nombres del sector bancario como ha ocurrido en los Estados Unidos e Inglaterra. De momento, la factura que se ha pasado a los contribuyentes británicos sube hasta 65.000 millones de libras, mientras que en Estados Unidos la cifra asciende a 73.000 millones de dólares.

Si comparamos las cifras del Reino Unido con las de España, vemos que en España la deuda pública representa un 55 por ciento del Producto Interior Bruto en el año 2009, mientras que en el Reino Unido es del 62 por ciento. En el año 2009 el crecimiento de la economía española fue de -3.6 por ciento, mientras que en el Reino Unido la cifra fue de -4.8 por ciento. El déficit presupuestario en España es el 11,4 por ciento del PIB, y en el Reino Unido el 13 por ciento del PIB. ¡Uno se pregunta si la letra «i» en el eslogan PIGS no será por Inglaterra!

Las cifras de paro en España son preocupantes, rondan el 19 por ciento, mientras que en el Reino Unido son del 7,8 por ciento. Ahí España cuenta con una ventaja, no contundente pero significativa, que los economistas del mundo financiero no saben medir -la solidaridad familiar-. En mi país los líderes del Partido Conservador hablan ya de «una sociedad rota», España todavía conserva estos valores, que no resuelven la crisis del paro, pero sí deben paliarla algo. Quizá sería positivo si el Gobierno hiciera todo lo posible por apoyar ese tesoro que aún conserva España que es el núcleo familiar.

Si hemos establecido que España es un país serio y solvente (véase la colocación de Bonos Soberanos días atrás), que quede claro que esto no disminuye para nada la gravedad de la crisis. Más bien la agudiza. Un país serio no puede permitirse una huida hacia delante. La profundidad del problema puede medirse, más o menos, con una comparación con el Reino Unido. Inglaterra no pertenece a la zona euro. Luego dispone de un tubo de escape (que no es tal cosa) que es la devaluación de la moneda. Pues la libra esterlina se ha devaluado aproximadamente un 25 por ciento en los últimos meses.

Esta cifra del 25 por ciento de la devaluada libra da una idea de la envergadura del problema y de las drásticas medidas que hay que tomar para afrontarlo: reducción del déficit presupuestario, flexibilización del mercado laboral, reducción del gasto público, reforma de las pensiones, reconocimiento de la deuda nacional (no la pública) en el exterior, y todo ello con una cifra de parados que no iguala nadie en Europa. Eso supone que las medidas deben tomarse de manera que no sofoquen un futuro crecimiento económico ni la consiguiente creación de empleo.

No voy a caer en la descortesía de dar sermones a un país que no es el mío. Tampoco quisiera que las virtudes de la sociedad española que señalo se interpretasen como halago al Gobierno actual. Ni los desafíos que esperan, como aliento a la oposición en sus críticas al Gobierno. Son las virtudes propias de una sociedad de derecho y una democracia europea. El talón de Aquiles de las democracias consiste en que los partidos políticos, tanto de gobierno como de oposición, en su afán de ganar elecciones huyen ante las difíciles decisiones que exige una crisis de esta envergadura. España tiene economistas y pensadores de nivel internacional perfectamente capaces de señalar el camino hacia la salida. El Comisario Joaquín Almunia, don Julio Segura, don Alberto Recarte, por nombrar solo tres de diferentes tendencias. Ojalá España sea capaz de utilizar a fondo sus recursos intelectuales, económicos y sociales.
Finalmente, en lo que se refiere a los PIGS, me permito dar un consejo al Gobierno español. En inglés hay un dicho: «Holier than Thou», que traducido querría decir: «Más papistas que el Papa». Pues a esos chiquillos de Wall Street y la City que inventaron lo de los PIGS habría que decirles que no sean «Haughtier than Thou». Quienes no hablan inglés pueden buscar la palabra haughty en el Diccionario de Oxford.

Tristan Garel-Jones