PISA 2018: crónica de unos resultados anunciados

Qué se puede esperar del sistema educativo de un país cuyo Gobierno eliminó de un plumazo el Cuerpo de Catedráticos de Instituto, que descabezó su cuerpo docente de mayor prestigio y nivel de excelencia, el cuerpo que más y mejor habría podido contribuir a la mejora de la educación?

Desde la primera edición de PISA 2000 hasta la de 2015 España se ha situado constantemente por debajo de la media de la OCDE y de la UE, en una posición mediocre que respondía exactamente a lo máximo que podía dar de sí una ley como la LOGSE, aprobada por el PSOE en 1990. A pesar de los intentos de la Ley de Calidad del año 2002 por cambiar el rumbo, la izquierda consiguió paralizarla y mantener así su modelo educativo mediante la aprobación de la LOE en 2006.

Tras una abrumadora mayoría absoluta en 2011, el Partido Popular tardó dos años en aprobar "su" ley educativa, la LOMCE, que no fue más que un parche de la LOE y que no solamente no ha producido ninguna mejora en el sistema educativo, sino que por el contrario ha tenido efectos negativos en aspectos importantes del mismo. Y a pesar de existir voces que llevaban años avisando del incierto, arriesgado y dudoso rumbo de nuestra educación, muchos han vivido al margen de la realidad y les ha sorprendido los catastróficos resultados de PISA 2018.

La educación no se mide por resultados puntuales. Lo que cuenta son las tendencias. Y cuando de una posición mediocre se pasa a una peor, como ha ocurrido en la última edición de PISA, no puede ser atribuible a una razón puntual o coyuntural sino a causas duraderas y más profundas. Algunas de ellas son bastante evidentes y han ido emergiendo a lo largo de los últimos años sin que ningún responsable haya mostrado la más mínima preocupación, a saber, una mala ley de Educación -la LOMCE-, la ausencia de liderazgo educativo y el abuso de las erróneamente llamadas "nuevas metodologías".

La LOMCE es la ley de menor consenso de toda la democracia y la que mayor rechazo ha generado entre todos los partidos políticos, incluso dentro del propio partido que la aprobó, por razones conocidas y que no procede exponer aquí. El potencial efecto negativo de la LOMCE se explica porque, al margen de Cataluña, las comunidades autónomas que han empeorado claramente son Castilla y León, Aragón, Navarra, La Rioja, Comunidad de Madrid, Castilla la Mancha y Comunidad Valenciana, comunidades todas ellas gobernadas por el Partido Popular al menos hasta 2015 y que, tras la aprobación de la ley se lanzaron a aplicar la LOMCE con gran entusiasmo.

El problema detectado en PISA 2018 en la prueba de lengua no debería utilizarse como excusa para enmascarar los verdaderos resultados obtenidos por España y es de suponer que, una vez subsanado, reflejará probablemente resultados similares a los obtenidos en ciencias y en matemáticas.

La falta de liderazgo que a lo largo de la última década padece nuestro país, especialmente en materia de educación, es otro factor a tener en cuenta a la hora de valorar los resultados de nuestro sistema educativo. El proceso generalizado de profesionalización de la política, que ha pasado de ser la prestación temporal de un servicio público a ser un modo de vida, ha tenido innegables efectos en las políticas de nombramientos de responsables a todos los niveles, en las que llevan años brillando por su ausencia los criterios de mérito y capacidad. Esto sumado a la falta de proyectos serios y consistentes ha propiciado, tanto a nivel nacional como autonómico, una gran inacción en ámbitos sensibles de la educación, por falta de capacidad de sus responsables o por temor a asumir riesgos, entre ellos la pérdida de puestos y privilegios, entre otras razones.

La desorientación que ha generado esa falta de liderazgo en el mundo educativo ha propiciado la aparición de gurús que han "reinventado" antiguas metodologías. Bajo el paraguas de modernidad, de innovación y de futuro estas modas han sido masiva e ingenuamente seguidas por docentes que, haciendo bandera de ellas, las han incorporado a su quehacer diario de manera descontrolada al tiempo que, presionados por potentes corrientes más mercantilistas que educativas, han ido abandonando métodos de enseñanza tradicionales de probados resultados. PISA 2018 recoge sin duda los resultados del abuso de esas "nuevas metodologías" que se han adueñado del mundo educativo en detrimento de sistemas de trabajo más ordenados. El objetivo de la escuela no es ya el de formar a nuestros jóvenes sino el de hacerles felices. Afortunadamente algunos siguen pensando que a la escuela los niños deben ir felices de casa.

El problema del sistema español no es ya, como insistentemente nos indica PISA, que se sitúe siempre por debajo de la media europea o que sea mediocre. El problema es que nunca ha conseguido mejorar y que ahora, incluso empieza a empeorar. Una mala ley, ausencia de liderazgo y abuso de antiguas metodologías son ingredientes suficientes para justificar el inicio de la caída en picado de nuestro sistema educativo cuyo nivel de calidad y de reconocimiento internacional, que podría ser excelente, está pasando de ser mediocre a irrelevante.

A pesar de ello no hay que perder las esperanzas. Nuestro país tiene un gran potencial que tenemos que aprovechar. Nos enfrentamos a grandes y apasionantes retos. Es preciso reformar nuestro sistema educativo, modernizarlo, optimizarlo, hacerlo competitivo. Se puede. La duda es si nuestros responsables políticos estarán a la altura. Si no lo están y no alcanzamos esos objetivos, el futuro de nuestros jóvenes y el papel de España en el mundo se pueden ver afectados negativamente.

Xavier Gisbert da Cruz, ex director general de Evaluación y Cooperación Territorial (Ministerio de Educación).

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