Planes vendo y para mí no tengo

Por Manuel Montero (EL CORREO DIGITAL, 05/01/08):

A la vista de cómo los gestiona, no está claro para qué hace sus planes el Gobierno vasco. Todo indica que los fabrica para mostrar rostro fiero, marcar territorio y escandalizar un poco, pero sin más enjundia ni designio. Cuando los lanza a la palestra se suele montar el guirigay, se organiza algún escándalo y el tripartito responde enérgico que ahí os las den todas, que él sigue su camino, tiene sus planes y a ellos se atendrá. Tras esa llamarada briosa se le acaba la energía. Después, estos planes acaban en la indigencia política -como el PACO, Plan de Paz y Convivencia- o sin más se olvidan, aunque se anunciaron como de calado. Tengo escrita mi sospecha de que el vasco tiene más afición a hacer planes que a cumplirlos, y lo sorprendente del caso es que el propio Ejecutivo autonómico confirma la verdad del aserto.

Sucede así con el 'Plan de acción en defensa y promoción de los derechos civiles y políticos', hijo del PACO. El Gobierno vasco lo presentó en el no tan lejano mes de julio. Elaborado desde un radicalismo contiguo a la abertzalía, suscitó en su día alguna indignación y originó réplicas perplejas, que como de costumbre irritaron a los planificadores, pues lo sostuvieron sin enmendalla. El mentado Plan tenía compromisos concretos, bien especificados en plazos. Pues bien: hasta la fecha todos los ha incumplido. Como si el Plan se hubiese elaborado sólo para exhibirlo, no con intención de realizarlo.

Por supuesto, hay para alegrarse con tal inacción, pues consistía en un plan de agitación y propaganda, que parecen tareas impropias de un Gobierno que no sea bananero. Pero resulta incomprensible que, si no se iba a llevar a cabo, se anunciaran a bombo y platillo acciones específicas y en plazos fijos. ¿O el Gobierno es incapaz de cumplir sus propios planes? Nótese que en este caso, además, no dependía de la oposición o de otras instancias para su cumplimiento. La mayor carga de los planes estrella del Ejecutivo tripartito recae en los demás: así sucede con el plan Ibarretxe o con el plan para hacer una consulta. Son planes en los que el peso de la acción -y todo el precio político- recae en los demás, sin que el nacionalismo tripartito se otorgue gasto alguno ni más función que el beneficio a coste cero. Sólo va a ganancias. Planean que se esfuercen los demás y que el Gobierno disfrute del trabajo ajeno, sin concederse otro papel que el gozo.

En el 'Plan de acción en defensa y promoción de los derechos civiles y políticos' no era así. El Gobierno vasco se adjudicó el trabajo sin que nadie -conocido- se lo exigiese. Tal y como se presentó este Plan, el Gobierno se lo guisaba y se lo comía, él solo ante sus compromisos a los que se comprometió él solo. Quizás por eso no lo reclama ni se indigna porque no se cumpla. Es más fácil demandar a los demás que exigirse a uno mismo. A no ser que al anunciar su Plan el Gobierno se marcase un farol o que resulte insolvente para cumplir sus propósitos.

Vayamos por partes. El mentado Plan aseguraba que «el Gobierno vasco, en colaboración con diversos organismos internacionales, convocará en el mes de diciembre de 2007 un seminario multidisciplinar sobre esta materia». Se iba a llamar 'Foro de reflexión Internacional sobre la normativa antiterrorista en el ámbito estatal y europeo'. Tenía tal importancia esta propuesta que en el texto oficial colgado en la página web del Gobiero vasco se deslizó una chocante nota: «(Ha pasado a ser el primer punto. Era el segundo)», sic, tal cual. Pues bien: aquí nadie ha convocado nada para diciembre; ha vencido el plazo y nada se ha sabido del asunto. Cabe alegrarse del incumplimiento, pues la conclusión del esfuerzo reflexivo ya estaba dicha y esto suele llevar a reflexiones internacionales desangeladas, pero no se entiende que el Gobierno proyectase airado lo que luego iba a incumplir.

Aseguraba también el Gobierno que «antes de que finalice este mismo año, una institución independiente y de solvencia garantizada comenzará a elaborar un informe de la situación actual en derecho comparado y jurisprudencia constitucional, en materia de derechos civiles y políticos». ¿Habrá empezado, lo estará haciendo clandestinamente? Da la impresión de que tampoco. Ha pasado el fin de año y tendríamos que saber cuál sería esa «institución independiente y de solvencia garantizada», que tampoco crecen como setas, además de que para preparar el informe previamente se tenía que realizar el foro anterior, según las previsiones, y no puede pensarse que el Gobierno incumpla tal precepto que se autoimpuso. No hay quien lo entienda.

Habría también, asegura el Plan, un 'Seminario Internacional sobre la aplicación de las Declaraciones Internacionales de los Derechos Humanos en Euskadi y en el Estado' y un 'Informe sobre la situación del cierre de medios de comunicación en el ámbito vasco', pero estos compromisos iban sin fecha. Extraña, con todo, que no se haya vuelto a saber nada de tales propósitos, sobre todo porque el segundo lo elaboraría otro 'comité internacional', del que tampoco se ha dicho nada. Y no resulta verosímil que lo hayan contratado a la chita callando o que sustituyan el comité por los expertos internacionales habituales en los encargos internacionales del tripartito, pues ya están muy vistos. Se sugería otra cosa.

Sí tenía plazo fijo la 'Jornada sobre el ejercicio efectivo del derecho a la información en Euskad'. Era el que sigue: «en colaboración con expertos internacionales y profesionales de la comunicación, se celebrará en el último trimestre de 2007», se comprometía el Gobierno vasco, «para enriquecer el contenido del informe anteriormente citado». Pues ya ven las fechas. Tampoco nada de nada. ¿Se ha echado tierra sobre jornadas, informes y demás?

No se reclama aquí el cumplimiento de estos compromisos, pues hay cosas que mejor dejarlas y a nadie le gusta tener un Gobierno de chichinabo. Pero sí convendría que el Gobierno tripartito aclarase si incumple sus planes por ineptitud, por desidia o porque este les implicaba a ellos y sólo a ellos y no eran planes para que trabajasen los demás, en cuyo caso vagancia obliga. Hay otra posibilidad, que el Gobierno se haya desobedecido a sí mismo por desistimiento. En tal caso deberíamos conocer las razones del cambio de opinión y de estrategia. A no ser que tengamos que concluir que los planes del Gobierno tripartito no son para cumplir lo planeado, sino que se consumen en sí mismos y su anuncio sirve sólo como labor doctrinal o de propaganda, sin propósitos de futuro. ¿El Gobierno hace planes sólo para demostrar que sabe hacer planes, o como amenaza sin intención de llevarlos a cabo? Bien está saberlo.