Poco compromiso contra el sida

Por Pedro Cahn, presidente Fundación Huésped, presidente electo de Sociedad Internacional de Sida (LA VANGUARDIA, 26/06/06):

La asamblea reciente de las Naciones Unidas en la que se trató el sida terminó con una desteñida declaración que muestra que las organizaciones internacionales no ponen énfasis en la lucha contra la enfermedad.

El edificio de las Naciones Unidas en Nueva York fue sede de un evento sin precedentes en sus 60 años de vida. La 2. ª sesión especial de la Asamblea General de la ONU (Ungass), a diferencia de la primera (que tuvo lugar en el 2001), contó esta vez con el concurso de la sociedad civil.

Así, además de los clásicos diplomáticos de traje oscuro, circulaban representantes de diversas ONG, algunos ataviados con sus trajes tribales y muchos otros con pancartas que simplemente decían “VIH positivo”.

La participación de la sociedad civil fue determinante para que la declaración final adoptada por la Asamblea General no fuera aún más desteñida que lo que resultó.

Sucede que, hace cinco años, el efecto de la primera Ungass fue una fuerte declaración de compromiso en la lucha contra el sida, que obtuvo, entre otros logros, la creación del fondo global de lucha contra el sida, la tuberculosis y la malaria, tres enfermedades infecciosas que en conjunto llevan a la muerte a casi ocho millones de personas cada año.

Otra consecuencia de aquel fuerte compromiso internacional, expresado en el hecho inédito de haber dedicado una sesión de la Asamblea General a un tema de salud, fue el lanzamiento del programa 3 por 5,que tenía por objetivo llegar a 3 millones de personas bajo tratamiento antirretroviral para finales del 2005.

A pesar de no haber logrado completamente su cometido, de los poco más de 200.000 pacientes del Tercer Mundo que se hallaban en tratamiento en el año 2001, llegamos a la actualidad con más de un millón y medio de personas alcanzadas por este beneficio y, por lo tanto, rescatadas de una muerte segura.

Ungass 2006 se desarrolló bajo la presión de posiciones extremadamente conservadoras, expresadas por algunos países del norte de África y Asia – con fuerte influencia religiosa en las decisiones políticas-, posiciones que fueron acompañadas por Estados Unidos, Japón y Australia. Este bloque confrontaba posiciones con países de la Unión Europea, Canadá y el grupo de Río, bloque que reúne a varios países de América Latina, incluyendo también Argentina.

¿Cuáles fueron los puntos de divergencia? En primer lugar, la negativa de los países centrales a fijar objetivos numéricos relativos a financiamiento, prevención, cuidado y tratamiento. De esta manera, los firmantes no adoptaron compromisos que pudieran ser objeto de monitoreo y evaluación en el futuro.

La experiencia del 3 por 5,en vez de estimular esfuerzos más consistentes para alcanzar los objetivos, parece haber inducido simplemente a evitarlos.

Pero esto no fue todo. Créase o no, temas tan obvios como el respeto a los derechos humanos, el combate a la discriminación y el estigma, el fortalecimiento de los derechos de la mujer en vista de la creciente feminización de la epidemia y la educación sexual fueron objeto de intensa negociación acerca del lenguaje en que debían ser expresados.

Por otra parte, si bien el documento destaca la prevención como eje central de la lucha contra la pandemia, la palabra condón es mencionada solamente dos veces en el mismo.

Peor suerte corrieron la mención expresa de las estrategias de reducción de riesgo para usuarios de drogas, o la descripción de las poblaciones vulnerables. Bajo esta última acepción se ha escondido la mención explícita a hombres que tienen sexo con hombres, usuarios de drogas y trabajadoras sexuales.

En lo que hace a temas materiales, si bien se reconoce que para el año 2010 se requerirán entre 20 y 23 millones de dólares anuales para confrontar exitosamente la pandemia, los firmantes sólo se comprometen a tomar medidas para “asegurar que nuevos y adicionales recursos sean puestos a disposición”.

Cabe acotar que de los 7.300 millones de dólares invertidos en la lucha contra el sida, un tercio provino de los países pobres, de bajos y medianos ingresos.

Finalmente, aunque no menos importante, la cuestión del acceso universal al tratamiento antirretroviral queda expresada en esta declaración como un propósito sin objetivos concretos.

La oposición a introducir en el documento referencias específicas al costo de las drogas y a la flexibilización de las patentes no hace sino agravar esta compleja situación.

Todo hubiera quedado simplemente en palabras y discusiones, si durante los tres días que requirió la lectura de este texto no se hubieran agregado 33.000 seres humanos a los 40 millones que viven con el virus HIV (la mitad de ellos, menores de 25 años) y no se hubieran agregado 24.000 muertes a los 25 millones de personas que pagaron con su vida la falta de acceso al cuidado, prevención y tratamiento, tan cuidadosamente declarados pero tan mal efectivizados por la comunidad internacional.