Podemos: más ruido que votos

Todo puede ir mucho peor pero poco mejor. Que la historia está lejos de acabarse lo certifica la enorme cantidad de sobresaltos que nos amarran al gran barco universal de la incertidumbre. Suponiendo que nos acerquemos a un final feliz, deberemos transitar antes por un periodo de contracción de la justicia social, de los derechos humanos, de la aceptación de la diversidad e incluso de las libertades esenciales. También, o sobre todo, de incremento del sufrimiento de los desposeídos. Para grandes mayorías, Estado del bienestar a la baja. Con Trump, y no solo con él, se instala un estilo de gobernanza basado en la prepotencia, la intimidación, el etnocentrismo y el aislacionismo. Además de protestar de mil maneras, no hay fórmulas para evitar, por ejemplo, que empeoren las prestaciones y se retrase la edad de jubilación. O que los precios de la vivienda expulsen a la gente normal de las ciudades y los barrios preferidos por los beneficiarios de la globalización.

El progreso, que parecía imparable y continuo, topa con dificultades que parecen insuperables. ¿Qué ha cambiado? La seguridad y la sensación de impunidad de los poderosos del mundo. El control de la inteligencia al servicio de sus intereses, de donde se deriva el servilismo de la socialdemocracia. La domesticación de los intelectuales y la banalización de la cultura. El convencimiento de que no hay alternativa. Es este panorama de intransigencia y de abuso del bando poderoso del pacto social el que ha generado una enorme bolsa de inconformismo.

La protesta revierte en el ascenso del egoísmo étnico y sus predicadores en unos países o en la aparición de partidos de izquierda alternativa en otros. Por fortuna, en el espacio euromediterráneo, donde predomina la injusticia social, se impone el impulso redistributivo, solidario y contrario a la corrupción y la prepotencia gubernamental.

Situados en este marco, se equivocan tanto, según mi modesto parecer, los que predicen un descenso significativo de Podemos como los que confían en una futura victoria. El espectáculo previo a Vistalegre 2, tildado de cainita por la derecha galopante y de frustrante por los ingenuos que se habían creído lo de la nueva política y el fin de los personalismos, beneficia la figura del vencedor. Podemos se consolidará en su espacio de protesta con votos, muchos votos. Pero aún con más ruido que votos. Vistalegre 2 debía decidir entre apocalípticos e integrados. A la visita de las inclinaciones del PSOE, integrado incluso al integrismo del PP, han ganado por mucho los apocalípticos de Pablo Iglesias. Podemos se especializa como bloque contra el régimen del 78, lo que fijará al PSOE en la órbita de la contrarreforma centralista y antisocial del PP. Ello puede ensanchar algo más el espacio electoral de Iglesias y convertirlo en jefe de la oposición. ¿Y después?

España está encarrilada y ni Iglesias ni Errejón, destinados a convencer sin vencer, disponen de fuerza para cambiarle el rumbo. Los puntos débiles de Podemos continúan siendo el económico y el territorial. Desarbolada la socialdemocracia como correctora de la desregulación y la desigualdad, los movimientos alternativos son esperanzadores pero inmaduros. La economía solidaria y colaborativa dispone de tradición en Catalunya pero no en España.

Suponiendo que una de las propuestas más sólidas, la Economía del Bien Común, llegue a disponer de suficiente músculo teórico e impacto político, no penetrará de veras en España hasta que sea experimentada con éxito en países más igualitarios. Una vez más, los movimientos avanzados entran en la península por Barcelona. Pero España, sus principales empresas, los partidos y los medios, aún son demasiado refractarias a este tipo de innovaciones.

Si la propuesta económica es embrionaria, la territorial es inexistente. ¿Cómo articularía Podemos España? No se sabe. No lo saben. Iglesias ya manda en Madrid y en las provincias donde Podemos es menos significativo y tenderá a consolidar su liderazgo en las periferias. Pero allí Podemos confluye con movimientos contrarios al centralismo o claramente soberanistas que no se dejarán absorber.

Colofón: se queja Inés Arrimadas de que el independentismo utiliza en favor propio el amplio movimiento a favor de la acogida. Pero los intereses electorales a los que beneficia son sobre todo los de los Comunes. Aun así, la predicción de Iglesias sobre una posible victoria de los suyos en unas elecciones catalanas es mucho más ilusoria que el resto de anuncios vencedores. La ambigüedad y la indefinición sobre el modelo territorial les favorece en las elecciones españolas pero les perjudica en las catalanas.

Xavier Bru de Sala, escritor.

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