Podemos y las elecciones democráticas

Hace unos días dije que si Podemos ganase alguna vez las elecciones serían probablemente las últimas elecciones democráticas que se celebrasen en España. Alguno tachó de exagerada esa afirmación. Yo no lo creo, y en estas líneas pretendo argumentarlo. Unas elecciones democráticas son algo más que el mero hecho de ir a votar. En tiempos de Franco había elecciones, pero a nadie se le ocurre decir que fueran democráticas. Para eso es necesario que exista un régimen de opinión pública; respeto a los derechos fundamentales, principalmente el derecho a la libertad de expresión, de reunión y asociación; es imprescindible que haya una Prensa libre; que exista un poder judicial independiente y con capacidad de control del proceso electoral; que haya una sociedad abierta, donde el ciudadano no sea dependiente del poder establecido en sus elementales condiciones de subsistencia. Si no se da todo esto, se puede llamar periódicamente a las urnas, pero eso no serán elecciones democráticas. Así lo reconoce la Comisión de Venecia del Consejo de Europa en su Código de Buenas Prácticas Electorales, en el parágrafo II.1.a.

A los partidos políticos que tienen una historia detrás se les puede juzgar por lo que han hecho y lo que hacen, de manera que se puede prever razonablemente lo que harán en el futuro. A los que acaban de nacer se les puede juzgar por lo que dicen y por los modelos que ellos mismos señalan como objetivos a alcanzar, y así se puede también hacer un pronóstico sobre ellos.

Podemos y sus líderes se han prodigado en escritos y entrevistas manifestando su admiración por los regímenes bolivarianos; su arrebato ante personajes como Hugo Chavez, Maduro, Correa y Morales y sus respectivos países son para Podemos el modelo a seguir. Han asesorado al Gobierno venezolano, y de él han recibido cantidades enormes de dinero para si, sus fundaciones o sus empresas pantalla. De este modo es lógico que examinemos qué ha pasado allí electoralmente hablando para juzgar lo que pasaría aquí si los de Podemos ganaran alguna vez unas elecciones en España.

Las elecciones venezolanas de 2012 fueron todo menos libres y democráticas conforme a los estándares internacionales. El chavismo ganó a la oposición unida por un margen mínimo entre protestas de pucherazo, y la Comisión Nacional Electoral se negó a un recuento de votos. Para evitar testigos incómodos, el régimen asesorado por Podemos suprimió previamente la figura de la observación electoral internacional, tal y como la conocemos. La campaña electoral estuvo plagada de incidentes, con tiroteos varios y un buen número de opositores muertos. Algunos de los responsables de tales acciones fueron identificados como elementos del Ministerio del Interior y de la Policía Estatal de Barinas, esta última al mando de Adán Chaves, hermano de Hugo. Al líder de la oposición lo tienen en la cárcel, y ha sido reconocido como preso político por Human Rights Watch y Amnistía Internacional. La Fundación CEPS, dirigida por Pablo Iglesias, evacuó varios informes para el Gobierno de Chávez sobre Leopoldo López. En uno de ellos recomendaba «acortar la hora de gloria que pretende vivir López para no facilitar el fortalecimiento del personaje». Le metieron en la cárcel, como hemos visto; y la fundación de Pablo Iglesias, mientras tanto, cobró 3,7 millones de euros del régimen que tal hacía.

En el Índice de Seguridad Jurídica 2014 elaborado por World Justice Proyect, sobre los 99 países analizados Venezuela es el peor (99) y no muy lejos quedan Bolivia (94) y Ecuador (77). Según el Índice de Libertad de Prensa elaborado por Reporteros Sin Fronteras, cuando Morales accedió al poder en Bolivia (2006) su país ocupaba el puesto 16 del mundo, y hoy ha descendido al 94. Correa encontró a Ecuador en el puesto 56 en el año 2007, hoy está en el 95. Venezuela está en el puesto 116. En el Índice de Libertad Económica de la Heritage Foundation Wall Street Journal, medido sobre 177 países, Bolivia es el 156, Ecuador el 159 y Venezuela el 176, solo por delante de Corea del Norte. En el Índice de Percepción de la Corrupción de Transparencia Internacional, Venezuela es el 160 sobre 177. Por último, en Venezuela los magistrados del Tribunal Supremo, y de su Sala Electoral, son nombrados y cesados por el Parlamento; y la Comisión Nacional Electoral ha llegado a estar presidida por quien luego fue nombrado vicepresidente de Venezuela.

Con estos antecedentes, y con estos modelos, si Podemos ganara alguna vez las elecciones en España ¿alguien tiene alguna duda de que las siguientes ya no serían plenamente democráticas?

Agustín Conde Bajén, portavoz adjunto del PP en el Congreso de los Diputados.

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