Políticas europeas sobre inmigración: la seguridad

Por Ana Ortiz de Obregón, periodista (GEES, 04/01/06):

Entre el maremagnum de cifras, autocondecoraciones, idas, venidas, dimes y diretes, la negociación de los presupuestos de la UE hasta 2013 no han satisfecho a casi nadie, salvo al Presidente Zapatero, que los ha vendido a los ojos de la opinión pública como “lo mejor que se podía conseguir”. Y ello, entre otros motivos, porque ha regresado a España con la promesa de que la UE destinará 800 millones de euros a buscar soluciones para luchar contra la inmigración ilegal, un tema que estará en la agenda europea durante todo 2006, ante la urgencia que ha supuesto encontrar soluciones a raíz de los sucesos acaecidos en España y Francia en los últimos meses.

Esta perspectiva del año que comienza debería suponer para el Gobierno actual un punto de inflexión para retomar el papel que España jugaba en Europa como impulsora de iniciativas que atañen directamente a nuestro país en materia de inmigración, tanto en el terreno de la seguridad de las fronteras exteriores, como en el desarrollo y mantenimiento de acuerdo con los terceros países, de manera que nuestro país destaque en el desarrollo de una verdadera política de inmigración ordenada dentro de la UE.

Algunas políticas ya estaban sobre la mesa

Como en tantos otros temas, una de las líneas de conducta de este Gobierno ZP, es la de mostrar logros anteriores como propios, o en el peor de los casos, como algo que se suma a lo logrado. Tal ha sido el caso de parte de los fondos que se han conseguido arañar de la bolsa de caudales europeos, que ya estaban previstos y negociados por el Ejecutivo anterior. El Presupuesto asignado a España no ha significado más que la continuación de lo que ya estaba acordado y algo más, a modo de premio de consolación.

En el tema de la búsqueda y puesta en marcha de políticas sobre inmigración pasa lo mismo. De un tiempo a esta parte, parece que es que lo único que había que hacer era una regularización masiva- que con creces estamos viendo en qué ha terminado- o bien, vender algunas “nuevas ideas” ante la galería. Por ejemplo, la lucha contra la inmigración clandestina, reforzamiento de la seguridad en el Estrecho, potenciación del diálogo entre Europa y los países de tránsito, el estímulo del crecimiento económico de los países de origen o la integración de los inmigrantes en la UE.

Sin embargo, no está de más recordar que el año 2000 fue denominado por algunos medios de comunicación de nuestro país como el “año de la inmigración en España”: el Gobierno Aznar reorganizó y creó la mayoría de las estructuras administrativas que hoy conforman la estructura de la política de inmigración en nuestro país.

Se introdujeron cambios importantes en la Ley de Extranjería, que no solo supuso la ejecución de procesos de regularización, sino que entre otras cosas, se firmaron la mayor parte de los acuerdos bilaterales con países de origen que existen hoy.

El año 2000 es el año en el que el Gobierno español pone encima de la mesa una verdadera política de acuerdos en cuanto a circulación de personas, la readmisión o la regularización de flujos migratorios. Tampoco es desdeñable la creación de sistemas de seguridad, que han demostrado su eficacia, y que hoy precisan de mayores medios económicos para convertir la cuenca mediterránea en una espacio seguro y no en un caladero de mafias.

Estas políticas, que fueron duramente criticadas por la oposición de entonces, hoy en el Gobierno, son las que ahora Europa y como no, Rodríguez Zapatero, pretenden impulsar. Nunca es tarde si la dicha es buena.

La seguridad es sinónimo de responsabilidad

Cuando se habla del tema de la seguridad de las fronteras exteriores de la UE ligado al de la inmigración, la tentación de pronunciar discursos demagogos es demasiado fuerte como para que se resista en determinado círculos de opinión que, una vez dejada la pancarta en casa, se que da en eso, en pancarta.

El discurso facilón pasa por tachar de extremistas e intransigentes a los que vienen denunciando desde hace muchos años que no se puede seguir haciendo la vista gorda ante la situación que padecen los ciudadanos de ambos lados del Estrecho, por ejemplo, o la precariedad de medios para detectar movimientos en aeropuertos y fronteras terrestres. No se puede seguir identificando seguridad con armas, con imposición de fuerzas, con el linchamiento del débil.

En el tema que nos ocupa, la seguridad pasa por ser conscientes de que ese caldo de cultivo de los que entienden la paz con tatuarse flores en la mejilla, es el idóneo para el tráfico de personas en las condiciones más ínfimas.

En el caso de la inmigración ilegal, seguridad significa la consecución de políticas que contemplen un paquete de medidas de desarrollo de sistemas tecnológicos de detección de pateras, por ejemplo, y de intercambio de información y formación.

Hablar de reforzar las fronteras exteriores de la UE y por ende, y por supuesto, las españolas, no es en modo alguno sinónimo de xenofobia, de falta de solidaridad, es de una realidad que desgraciadamente ya se ha hecho cotidiana en la retina de los ciudadanos: miles de inmigrantes se juegan la vida para cruzar el Estrecho en condiciones ínfimas después de pagar sumas nada despreciables a mafias cuyo negocio va más allá del tráfico de personas. Ni tampoco se puede olvidar que otra enorme vía de ingreso en nuestro país para los procedentes de América Latina son los aeropuertos, en especial, el de Madrid Barajas. El paso por la Junquera de ciudadanos de los países del Este de Europa, también es otro quebradero de cabeza de difícil solución.

Por último, hablar de seguridad significa tomar las medidas necesarias para entorpecer lo más posible la labor de las mafias, que acaba con la vida de muchos inocentes, así como de esos gobiernos que hacen la vista gorda evitando resolver el problema del desempleo y la falta de desarrollo en su propio territorio.

Hablar de seguridad significa hablar de libertad en términos de mejora de vida de los ciudadanos, de no permitir que se la jueguen.

Fondos y programas para la seguridad, algo es algo

Si de algo han servido los trágicos asaltos a nuestras fronteras de Ceuta y Melilla, es para que nuestros socios europeos comiencen a tomarse en serio el tema de la seguridad de las fronteras. Por ello, sean bienvenidos los fondos que la UE tiene previsto destinar al impulso proyectos para la seguridad antes mencionados. También resulta muy interesante la intención de la UE de sentar las bases sobre las prioridades de actuación frente a los retos de la inmigración, como primera etapa del proceso de seguimiento de Hampton Court, de acuerdo a un informe publicado el 30 de noviembre de 2005 por la Comisión.

El tema de la seguridad también ha sido un tema que ha ocupado un espacio en las reuniones de los presupuestos europeos últimos. Si bien no se pueden echar las campanas al vuelo, es positivo que los Estados miembros comiencen enfocan la inmigración ilegal como un problema de seguridad frente a los derechos individuales de los ciudadanos. Por ello, se apuesta por el desarrollo de políticas comunes de asilo, y control más efectivo de las fronteras, con el fin de atajar el problema la de inmigración ilegal y del trafico de personas (European Union Financial Perspectives 2007-13).

Aunque el actual Presidente del Gobierno se ha atribuido las condecoraciones, lo cierto es que esta vocación europeísta ya se perfiló durante la pasada legislatura, en la que el Ejecutivo puso sobre el tablero europeo algunas iniciativas que acabó poniendo en práctica.

Puede decirse que en el marco de la Unión Europea, España ha jugado, en los últimos años, un papel muy importante a la hora de hablar del control de los flujos migratorios y de sentar las bases para unas fronteras más seguras.

Sirva como ejemplo de buena práctica desarrollada por España el Sistema de Vigilancia Exterior (SIVE). Se trata de un sistema operativo que, sobre un soporte técnico, aporta la información obtenida en tiempo real a un Centro de Control que imparte las órdenes necesarias para la interceptación de cualquier elemento que se aproxime al territorio nacional desde el mar. Este sistema fue creado por la Guardia Civil española durante la legislatura pasada, cuya implantación se ha ido desarrollando a lo largo de todo este tiempo, teniendo en previsión la finalización de todo el sistema en 2006.

El SIVE está instalado en el Estrecho de Gibraltar, Fuerteventura y Lanzarote. La eficacia de este sistema, del que ahora se presume desde la Administración Central, ha posibilitado que se valore la ampliación del mismo a todas las comandancias costeras para afrontar este desplazamiento desde el sur, incluso, hasta las playas de Tarragona. Una de las previsiones europeas será hacer llegar este sistema a todo el litoral mediterráneo.

Tras la supresión de las fronteras interiores en la Unión Europea, el SIVE se presenta como un desafío no sólo para España, sino también para la seguridad europea, dada la condición de frontera sur del continente. Además, en el marco de este programa, se ha llevado a cabo una incorporación masiva de nuevas tecnologías a las labores de vigilancia que diariamente desempeña la Guardia Civil en la frontera sur. Más allá de la labor policial, el SIVE tiene también una importante dimensión humanitaria, ya que la detección temprana de pateras permite alertar a los servicios de auxilio y coordinar su actuación para acudir en socorro de sus ocupantes.

Una vez más, la necesidad se convirtió en virtud, y fue España quien tomó la iniciativa, si bien la UE apoyó el sistema con algunas aportaciones económicas. España se puso manos a la obra dentro del marco político relativo a inmigración y extranjería que se mencionaba al comienzo de este artículo. (Sobre este sistema, se sugiere la lectura de un magnífico artículo publicado por Ignacio Cosidó en 2003)

La Agencia FRONTEX, que no sea una entelequia

Este sistema creado en España responde a la línea de actuación que se pretende fomentar desde la Agencia Europea para la Gestión de la Cooperación Operativa en las Fronteras Exteriores (Agencia FRONTEX). Esta Agencia se creó en noviembre de 2004, con el fin de promocionar la aplicación una la política integrada de gestión de fronteras de la UE en colaboración con los Estados miembros y los terceros países.

Entre sus postulados, la aplicación de medidas de gestión de las fronteras, como es el caso de ampliar el SIVE para que cubra, a largo plazo, toda la cuenca mediterránea, proporcionando así, los instrumentos necesarios para poder seguir detectando la inmigración ilegal y salvar vidas en el mar con medios eficaces y oportunos.

La Agencia tiene previsto un estudio sobre la viabilidad de una Red Mediterránea de Guardacostas para garantizar la coordinación permanente entre las autoridades de vigilancia de las fronteras marítimas de los Estados miembros y los servicios de búsqueda y rescate. También serviría de enlace con los servicios homólogos de los países del Norte de África que se asociasen al desarrollo de este proyecto.

Del éxito de este proyecto depende que la Agencia FRONTEX se erija como referente de la cooperación entre todas las regiones, orientales y occidentales de la cuenca mediterránea. Esta actividad pretende reforzarse mediante unas redes de funcionarios que sirvan de enlace entre los países prioritarios de origen y tránsito, así como los receptores.

El cometido de estos funcionarios será el de informar de la situación de los países sobre la inmigración ilegal y la trata de seres humanos. Estos informes se presentarán ante la Comisión y el Consejo antes de la primera mitad del 2006.

Una vez más, llama la atención que a estas alturas, los países de la UE tengan que crear redes de funcionarios para mantenerse informados. Cabe preguntarse qué clase de información comparten los Ministerios de Asuntos Exteriores, de Interior, así como las diferentes oficinas de Cooperación de diferente índole que hay creadas.

Lo que es claro, es que esa Red de Funcionarios tendrá que desarrollar una serie de mecanismos de control interno para garantizar su óptimo funcionamiento, porque de lo contrario, es posible que acabe convirtiéndose en una enorme maquinaria burocrática, emisora de toneladas de papel, que funcione tarde, mal y nunca.

Además, el éxito de estas medidas vendrá cuando los países se involucren positivamente en el desarrollo de esta Agencia y que no se quede como punto en la agenda de trabajo 2006. Sería muy desafortunado que los países europeos cifrasen el éxito de esta operación en mero desarrollo de tecnología punta. Si al final no se cuenta con la integración real de los países del norte de África, estaremos ante un bonito sistema de radares ineficaz.

El control de los aeropuertos

Cuando se habla de seguridad en la fronteras exteriores, a menudo se piensa solamente en las que concierten al Mediterráneo, olvidando que el mayor flujo de inmigrantes procede de Latinoamérica que entran en Europa por Barajas.

En la Agenda europea prevista para 2006, nada se especifica acerca de programas orientados a salvaguardar la entrada por los aeropuertos, y es precisamente por ahí, por donde circula el mayor número de población inmigrante.

Uno de los principales problemas que se plantean en este sentido es el conocido Espacio Schengen, denominado así por el Acuerdo del mismo nombre que nace en 1985, para facilitar el tránsito de las personas de los países suscritos a este acuerdo, entre los que se encuentra España. Este espacio, muy útil cuando todo está en regla, tiene sus debilidades y fragilidades, íntimamente relacionadas con las fronteras aéreas.

Las dificultades no se centran solo en España por su enclave geográfico y por ser el lugar por donde llevan la mayoría de los vuelos procedentes de América Latina. Sin ir más lejos, el aeropuerto de Amsterdam, en muchas ocasiones, es un filtro poco riguroso de la inmigración que se convierte en ilegal cuando concluye el pasaporte turístico. Es maravilloso tener un espacio de libertad, pero hay que compartir la carga que deriva de la protección en las fronteras comunes. Esto se debe hacer con políticas, medios humanos y dinero común. Las fronteras terrestres, marítimas y aéreas dan como resultante el perímetro de un enorme espacio de libertad que conviene vigilar.

Es preciso dedicar esfuerzos para encontrar soluciones que sean compatibles con este Acuerdo. Hoy por hoy, con un simple visado turístico y la facilidad de movimiento está muy fácil el trabajo de las mafias.

De nuevo hay que volver la vista atrás para verificar que fue a partir de la Ley de Extranjería 14/2003, donde se establece la obligación de las compañías de transporte aéreo, marítimo o terrestre, la obligación de examinar la documentación e informar a las autoridades competentes sobre los pasajeros no pertenecientes al Espacio de Schengen. Se considera una infracción muy grave el incumplimiento de dicha medida y se contempla la posibilidad de multar, hasta con medio millón de euros, a quienes trasporten pasajeros sin la correspondiente documentación requerida.

El nuevo Gobierno ha mantenido estas premisas, pero no ha aportado ninguna nueva solución a este problema.

La Jonquera, la gran olvidada

Otros puestos fronterizos de difícil control por la libre circulación de personas son los pasos fronterizos de los Pirineos, por donde, según testimonios de funcionarios de control, pasan a diario autobuses de ciudadanos de los países del Este, sobre todo rumanos.

La Confederación Española de Policía afirma que la situación es desoladora: “Nos encontramos con que llegan dos autocares con rumanos y sólo hay tres o cuatro funcionarios por turno que empiezan a tramitar el regreso del vehículo y, mientras tanto, pasan impunemente por la frontera diez o doce autocares más con inmigrantes sin papeles”. Estas fuentes denuncian que muchos de los autocares con inmigrantes devueltos a Francia circulan sin control alguno por pasos como los de Camprodón o Tapis, donde no hay policías.

Visto el testimonio, parece pertinente que la UE asuma entre sus partidas presupuestarias y proyectos de cara a 2006 el reforzamiento de las plantillas de extranjería en el Pirineo. Según los representantes del CEP, el despliegue de los Mossos en Barcelona ha aliviado la situación de los policías nacionales encargados de inmigración en la ciudad de Barcelona, cuyas plantillas se han visto reforzadas.

Una vez más, es la iniciativa española la que trata de solventar con recursos y presupuesto propio, la vigilancia de las fronteras.

Todavía no es suficiente

El año 2005 pasará a los anales de historia política como uno de los más difíciles en cuanto a la llegada indiscriminada de ciudadanos de otros países a la Unión Europea. Los terribles acontecimientos de Ceuta y Melilla ha hecho despertar, aunque tímidamente, la sensibilidad de los Estados miembro. Ya no se puede por más tiempo cerrar los ojos a lo que está ocurriendo. Las fronteras europeas no son seguras. Algunas políticas y acuerdos de la Unión facilitan enormemente la acción de las mafias que actúan en África, Latinoamérica y países del Este.

La Unión ha creado grandes expectativas de cara a 2006. Parece ser que ha nacido una tímida conciencia de que no es solo un problema de España, aunque hasta ahora, la práctica totalidad de sistemas y programas se han creado en nuestro país ante la necesidad de encontrar medidas que nos permitan acoger a los ciudadanos de otros países con un mínimo de orden y responsabilidad.

El discurso de la seguridad está encima de la mesa por primera vez como algo de interés común, desde una perspectiva que pretende ser responsable. Con todo, no es suficiente. Se han planteando algunas medidas sobre todo de cara a la seguridad en el Mediterráneo, pero aeropuertos y fronteras terrestres siguen necesitando de una adecuada coordinación de policía y servicios de información.

El fracaso de la ratificación de la Constitución Europea ha dejado de manifiesto que a Europa le sigue costando mucho trabajo ponerse de acuerdo en materias de primer orden. El tema de la seguridad abordado en los últimos meses, puede suponer un primer paso en la consecución de políticas comunes que nos atañen a todos.

Se han puesto las bases, pero hay que seguir abundando en el tema. El actual Gobierno socialista tiene ante sí un enorme reto: liderar las políticas de seguridad de las fronteras europeas. Es un tema complicado, pero no se puede vivir por más tiempo de las políticas que se desarrollaron en el pasado. Esos fueron los primeros pasos, pero hay que seguir avanzado y plantando batalla en Europa.

Si Zapatero se lo toma en serio, aún podemos demostrar que España puede y debe ser líder en esto. Que el año 2006 no sea el año de las fotos y los Congresos vacíos de contenido.