Polvo y escombros en Cisjordania

En toda la Cisjordania ocupada se puede casi saborear la polvareda que han dejado atrás los escombros de las 300 casas y estructuras palestinas demolidas por Israel desde enero de este año. Cientos de personas han perdido sus hogares, y más de la mitad son niños.

Esta crueldad no es fortuita, sino parte de una estrategia para expulsar a los palestinos de zonas de su territorio natal y avanzar en la fragmentación de sus tierras. El objetivo es consolidar el control israelí y preservar y aumentar el espacio para la expansión de las colonias israelís. Las autoridades de Israel esgrimen excusas en jerga legal ligadas al régimen de ordenación territorial para designar como ilegal prácticamente cualquier construcción palestina, justificando su derribo y proporcionando a los asentamientos una aparente imagen de legalidad.

Nada de esto es nuevo. Las oleadas de demoliciones suben y bajan al ritmo de la marea de la atención internacional, pero nunca se detienen por completo. Sin embargo, la oleada actual de demoliciones, en cierto modo, es única. Primero, por la escala: en cuatro meses del 2016, Israel ya ha demolido más hogares palestinos que en todo el 2015. Segundo, por tener cada vez más como objetivo el ataque deliberado de proyectos donados por la Unión Europea y sus estados miembros (incluida España mediante la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo) a las comunidades palestinas más vulnerables de Cisjordania.

Estos proyectos incluyen ayuda humanitaria: paneles solares que dan electricidad a las comunidades palestinas cuando las autoridades israelís impiden su conexión al tendido eléctrico, cisternas de agua, una escuela prefabricada y refugios temporales. Israel afirma que dichos paneles y cisternas, construidos sobre las tierras que ocupa militarmente desde 1967, minan su soberanía.

En septiembre del 2015, la UE inició un diálogo con Israel, conocido en la jerga europea como «diálogo estructurado», para poner fin a las demoliciones en un plazo de seis meses. La UE y sus estados miembros (incluida España) se comprometieron a reclamar compensaciones financieras a Israel por los proyectos apoyados con fondos europeos y destruidos, si dichos esfuerzos fracasaban. Lejos de haberse detenido, las demoliciones se han disparado en este periodo de diálogo. El plazo de seis meses acabó hace más de un mes. Lo único realmente estructurado en este periodo de «diálogo estructurado» ha sido la estrategia de destrucción deliberada de los proyectos de ayuda financiados por la UE. Incluso entre los escombros demolidos de un parque infantil pagado por la UE se perfila la estrategia de las autoridades israelís para desplazar forzosamente a la población palestina dentro del territorio ocupado.

No debe permitirse que esta atrocidad continúe. El hecho de que una parte significativa de las estructuras demolidas estuvieran financiadas por donantes europeos añade un insulto al daño. Sin embargo, el problema central continúa siendo la destrucción de viviendas. Si se permite que esto continúe, miles de palestinos perderán sus hogares este año. ¿Cómo llamaría usted a un régimen que sistemáticamente destruye o confisca la asistencia humanitaria de emergencia, como las tiendas de campaña para que las familias tengan donde refugiarse? ¿Qué impacto deberían tener estas acciones de Israel por parte de un Gobierno amigo sobre las relaciones diplomáticas y económicas? La respuesta europea ha sido esta: ninguno. Las declaraciones de condena, por sí solas, sin acciones, funcionan como una aceptación implícita de los hechos. Europa continúa defraudando a las familias y los niños palestinos y a sus propios ciudadanos, que han contribuido a financiar muchos de los proyectos demolidos.

Esta es una súplica urgente para actuar y cambiar la situación. No parece probable que pasos como exigir compensaciones y hacer público el coste de estructuras donadas demolidas sean suficientes para detener los derribos, pero en este momento ni siquiera está claro que medidas tan básicas como estas se aprueben. El «diálogo estructurado» ha terminado y ha sido infructuoso. Se han malgastado seis meses. Bueno, no completamente: Israel ha utilizado bien el tiempo para avanzar con sus demoliciones estructuradas. Entre los escombros, las declaraciones han perdido su significado. La opción es clara: ¿continuará Europa aceptando las violaciones del derecho internacional humanitario y la política de desplazamiento forzoso de las autoridades israelís? La polvareda levantada por las demoliciones enturbia el futuro. El momento de las palabras pasó hace mucho tiempo: es hora de actuar.

Hagai El-Ad, Director de B’Tselem-Centro de Información Israelí para los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados.

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