Poner las utilidades en perspectiva

Normalmente, el que una empresa tenga altas utilidades se ve como señal de su destreza económica, resultado de la innovación y eficiencia a la que se llega mediante una sana competencia. Sin embargo, como muestra un informe reciente del Consejo Estadounidense de Asesores Económicos, pueden tener otra causa: la concentración del mercado.

En el informe se citan varios indicadores sobre la caída de la competencia en la economía estadounidense, como la disminución en el largo plazo de la creación de nuevos negocios y la acumulación de enormes utilidades por parte de una pequeña cantidad de firmas. Hace poco el Presidente Barack Obama, siguiendo las recomendaciones del estudio, emitió una orden ejecutiva en que llama a todas las entidades estatales de EE.UU. a hacer uso de su autoridad para promover la competencia.

El actual es un momento importante para evaluar la situación de la competencia en diferentes áreas. Varios sectores de la industria estadounidense, entre ellos algunos de los más innovadores, están dominados por un puñado de grandes compañías, varias de las cuales tienen una muy importante proporción del mercado y generan retornos que superan ampliamente sus promedios históricos. Y algunas compañías prefieren acumular dinero o adquirir competidores a usar sus retornos para generar capacidad productiva.

Sin embargo, sería equivocado concluir que el debilitamiento de la competencia impulsa estas tendencias económicas inusuales: éstas ocurren en el contexto de una dinámica sectorial en veloz cambio y una rápida digitalización.

Puede que las utilidades corporativas se aproximen a sus máximos históricos, pero su variación entre sectores también ha aumentado de manera importante. Las firmas más rentables de EE.UU. ya no pertenecen a la industria pesada, sino a sectores que se basan en la investigación y el desarrollo, marcas, software y algoritmos. Hoy las más rentables están en sectores como el farmacéutico, los medios de comunicación, las finanzas, la tecnología de la información y los servicios comerciales. Si se excluye el financiero, incluso la proporción de estos sectores en las utilidades corporativas estadounidense ha aumentado de manera importante, desde un 25% en 1999 a un 35% en 2013.

Cada vez más, las capacidades digitales son un factor impulsor de la rentabilidad corporativa. En los sectores de la economías más avanzados en lo digital, los márgenes han aumentado entre 2 y 3 veces más rápido que el promedio, e incluso dentro de ellos hay enormes brechas entre las compañías de mejor rendimiento y el resto. La dinámica de “el ganador toma la mayor parte” de la economía digital no sólo está generando utilidades históricas para las firmas líderes, sino que puede estar acelerando el ritmo de innovación y ampliando las áreas a las que las compañías pueden entrar y establecer rápidamente su poder de mercado.

Hay además varias razones por las que algunas firmas parecen haber decidido acumular sus retornos. Para comenzar, si bien la inversión bruta como proporción del PGB todavía tiene que recuperarse de la crisis financiera del 2008, el crecimiento de la inversión ha seguido la línea que históricamente se ha visto en el crecimiento de la producción. A nivel macroeconómico, el crecimiento de la inversión ha sido débil debido a lo anémico del crecimiento de la economía. Al mismo tiempo, se ha mostrado sólido en sectores como la tecnología y (hasta hace poco) el energético, donde se esperaba un aumento de la demanda. Y mientras esperaban una mayor demanda interna, algunas compañías estadounidenses han estado invirtiendo en mercados financieros, atraídas por su tamaño y potencial de crecimiento.

El segundo lugar, es posible que haya problemas de medición que afecten las cifras de inversión. El precio de los equipos de capital, en particular TIC y software, ha bajado de manera importante desde los años 80, a pesar de que ha mejorado su calidad. Por ende, puede que la inversión ajustada al precio y la calidad reales sea considerablemente más sólida que lo que dan a entender las estadísticas oficiales.

Tercero, las empresas fuertemente digitalizadas y con pocos activos tienen una presencia mucho mayor en Estados Unidos que hace una década. Por su naturaleza, se trata de firmas que no necesitan muchas fábricas, equipos ni flotas de vehículos. El énfasis en su inversión en capital físico obvia su capacidad de generar retornos gracias a su propiedad intelectual y otros bienes intangibles y pasa por alto su inversión en I y D y activos de propiedad intelectual. De hecho, la inversión en I y D  ha llegado a un máximo histórico gracias a compañías con gran uso de ideas que compiten a través de la innovación.

Mientras tanto, muchas firmas líderes de los sectores innovadores están usando su importante disponibilidad monetaria para crecer a través de fusiones y adquisiciones. Mientras mayores y más rentables se vuelvan, más tienden a usar esta vía como una de las pocas maneras a su disposición para continuar creciendo.

No hay duda de que esto podía acelerar la concentración del mercado, pero es importante notar que sus efectos están cambiando. De hecho, en una cantidad creciente de mercados digitales donde unas cuantas megaempresas poseen las acciones más importantes, es poca la evidencia de que el poder el mercado esté elevando los precios. Por el contario, los consumidores gozan hoy de una serie de servicios y comodidades gratuitos.

La privacidad y la propiedad de los datos, más que el poder de determinación de los precios, pueden ser inquietudes más relevantes en cuanto a la concentración del mercado. De hecho, algunos han comenzado a preguntar si la recolección y el control de grandes cantidades de datos por parte de unas pocas megaempresas puede acabar siendo una fuerza que inhiba la competencia y dé origen a barreras irremontables para los posibles innovadores.

Sin embargo, al mismo tiempo y por su propia naturaleza, algunas de las mayores plataformas digitales pueden promover la competencia al mejorar la transparencia en los mercados y hacer posible que millones de pequeñas empresas lleguen a clientes y proveedores de todo el mundo. Un estudio reciente muestra que las plataformas digitales pueden ayudar a que las empresas de pequeño tamaño aumenten radicalmente sus exportaciones.

Puede que esté llegando a su fin la era de las “utilidades históricas” que tanta preocupación han causado sobre el poder del mercado. Las corporaciones estadounidenses han vivido tres décadas notables, pero las utilidades ya han pasado de representar un 11,5% del ingreso nacional a un 9,5% el año pasado. Hoy los salarios van en alza, los costos del crédito no pueden más que subir y las políticas tributarias de las corporaciones están siendo sometidas al escrutinio público.

Aparte de esos cambios, la digitalización de  las empresas estadounidenses todavía está en sus inicios. Según estudios recientes, se estima que la economía del país ha alcanzado solamente un 18% de su potencial digital. A medida que sigue produciéndose la transformación económica, puede que el mundo corporativo se vuelva aún más darwinista. De hecho, muchos de los gigantes digitales no existían hace una década y bien puede ser que en diez años no sigan existiendo. Puede que los líderes del mercado actual parezcan invencibles, pero siempre la próxima ola de innovación los puede acabar derribando.

Laura Tyson, a former chair of the US President’s Council of Economic Advisers, is a professor at the Haas School of Business at the University of California, Berkeley, a senior adviser at the Rock Creek Group, and a member of the World Economic Forum Global Agenda Council on Gender Parity.
James Manyika is the San Francisco-based director of the McKinsey Global Institute and a non-resident senior fellow at the Brookings Institution.
Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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