Por la cultura y la solidaridad

Los Premios Princesa de Asturias concedidos este año a la actriz Núria Espert, al fotoperiodista estadounidense James Nachtwey, a la catedrática británica de Clásicas Mary Beard, al líder mundial de la biomecánica Hugh Herr, al triatleta y campeón del mundo Javier Gómez Noya, al escritor estadounidense Richard Ford, a Aldeas Infantiles SOS y a la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Acuerdo de París confirman que, pese a las dificultades del presente, pese a los problemas económicos, sociales, políticos, culturales que atraviesa la humanidad, muchas personas se esfuerzan cada día por el progreso del mundo, superando barreras, ejerciendo la generosidad, planteando soluciones y mirando con optimismo y esperanza al futuro.

Nuestros galardones, que han distinguido a numerosas personalidades e instituciones en sus treinta y seis años de historia, quieren ser un reflejo de aquello que la sociedad admira y quiere reconocer. Los premiados, con vocaciones y ámbitos de trabajo diversos, coinciden, sin embargo, en una manera entregada de desarrollar su trayectoria vital. Una tarea en la que no ahorran esfuerzos y con una visión del futuro marcada por la confianza en las posibilidades del ser humano para construir un mundo mejor. Todos somos testigos, en nuestro mundo más inmediato, de esos comportamientos profesionales que nos incitan a movilizar nuestras mejores capacidades, que nos recuerdan lo que de positivo hemos construido con el paso de los años, que nos animan a continuar en el camino del bienestar general y de la solidaridad. Y nuestros premiados reflejan esa actitud, pues la excelencia de su trabajo es una alerta y un acicate para la emulación.

A lo largo de esta semana hemos podido compartir con algunos de ellos ideas, reflexiones, proyectos e ilusiones en los distintos actos que hemos llevado a cabo en Asturias y en los que han participado miles de personas, que se unen a nosotros para formar parte de un proyecto lleno de ilusión y de perspectivas de futuro. Esto es así quizá porque, como afirmó S. M. el Rey en su discurso del pasado año, «somos cada día más quienes aspiramos a que el afán de saber y entender, la pasión por descubrir, crear o imaginar, y el impulso a superarnos sean auténticos motores de progreso y civilización; siempre bajo un espíritu de concordia entre culturas y de armonía con nuestro planeta». Y, como sucede en cada edición, los galardonados han respondido a esta cálida acogida con entusiasmo y entrega y nos han sorprendido con sus muestras de inteligencia, de talento, de creatividad, con su energía y su disposición para transmitir optimismo. Hacen realidad, un año más, nuestras esperanzas y sentimos, por todo ello, una inmensa gratitud.

Cuando el pasado mes de mayo la actriz Núria Espert supo que había sido galardonada con el Premio de las Artes hizo unas declaraciones en las que, entre otras cosas, señaló: «Es en nombre del teatro español que les agradezco el esfuerzo extraordinario que hacen con los Premios Princesa de Asturias por elevar el nivel intelectual de nuestro país». Me gustaría pensar que los premios concedidos por nuestra institución consiguen ayudar en ese gran objetivo cultural. Que, al reconocer la labor excelente, esforzada y admirable de tantas personas e instituciones, nuestra Fundación favorece la cultura. Y también que nuestros premios pueden ser, como ha afirmado S. M. el Rey, «la voz de quienes tantas veces no la tienen». Y que, en definitiva, por todo ello, ofrecen una imagen de España como un país solidario y culto, que cuida la creatividad, la innovación, las labores humanísticas que a todos dignifican. Y sí, nuestros premios aspiran a ser todo eso.

La ceremonia de entrega de los premios, que se celebra en el teatro Campoamor de Oviedo, se ha convertido en un acto cultural de singular importancia en el que las intervenciones de algunos de los galardonados son un testimonio vivo que mueve a la reflexión. Hemos oído en estas treinta y seis ediciones palabras emotivas, comprometidas y valientes. Y las intervenciones de Su Majestad el Rey han sido siempre profundas y con una notable repercusión exterior. En ellas ha ido desgranando sus ideas y pensamientos sobre aspectos que mucho importan a nuestro país desde que, con 13 años, pronunció el que era su primer discurso público. En él afirmó que aquel era un acto significativo y que contenía «una gran esperanza de futuro». Aseguró asimismo que la tarea de la Fundación, que entonces nacía, habría «de tener una significación destacada y eficaz». Y hoy, con la perspectiva de los años transcurridos, podemos afirmar que con realismo y sosiego, buscando el equilibrio, mirando hacia el futuro con optimismo, hemos hecho un camino que nos ha conducido a la consolidación y, sin ninguna duda, al reconocimiento internacional.

Todavía resuenan las palabras del año pasado: «Reflexionemos, y valoremos con sinceridad y honestidad lo que los españoles hemos construido juntos, que nos une y nos fortalece; alejemos lo que nos separa y nos debilita; y apartémonos, especialmente, de todo lo que pretenda señalar, diferenciar o rechazar al otro. Por eso, cuando se levantan muros emocionales –o se promueven divisiones– algo muy profundo se quiebra en nosotros mismos, en nuestro propio ser, en nuestros corazones. Que nadie construya muros con los sentimientos. Las divisiones nunca hacen grande a un pueblo; solo lo empobrecen y lo aíslan».

Son palabras que llenan de sentido y dan trascendencia a la concesión de los premios y a la tarea de instituciones como nuestra Fundación. Son palabras que explican la importancia del reconocimiento y de la gratitud; la importancia de la solidaridad. La importancia de entender que solo desde la cooperación y desde el consenso se pueden llevar a cabo las más altas expresiones de la dignidad humana. Son palabras de singular actualidad y sobre las que todos deberíamos meditar.

Matías Rodríguez Inciarte, presidente de la Fundación Princesa de Asturias.

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