Por qué apoyo a Pedro

Es cierto, el debate del lunes entre los tres candidatos fue el espejo de una situación latente y evidente a la que se ha llegado tras meses de enfrentamientos. La responsabilidad ante lo que se vio es de todos, por tanto no cabe insistir mucho más. Las conclusiones las deberá hacer cada uno al final del trayecto. La más importante, sin embargo, es que el vencedor real será quien sea capaz de trabajar con los demás en un proyecto claramente alternativo a las políticas actuales de quién gobierna, un partido acosado por los escándalos de corrupción y un crecimiento que sigue alimentando la desigualdad.

Vayamos entonces a lo fundamental: el 21 de mayo. En un momento en el que se enfrentan el mundo nuevo con el viejo, los partidos clásicos con movimientos propios del tecnológico siglo XXI como En Marche, el populismo de Le Pen con la post verdad más burda de Donald Trump, o el brexit, ¿alguien ha reparado en lo que está pasando en el seno de Partido Socialista Obrero Español desde la abstención en el Congreso que permitió el Gobierno de Rajoy?

En aquel momento hubo desilusión, tristeza, desolación entre millones de votantes, pero sobre todo entre miles y miles de militantes, gente en su mayoría cuya educación sentimental vital pasa por un partido que ha transformado este país, y que ahora tiene dificultades desde la socialdemocracia para afrontar los retos del siglo XXI, como la inclusión y la globalización, el cambio climático y el crecimiento económico, la democracia y el populismo, o la actualización de los valores universales al siglo XXI frente al triunfo de la derecha liberal.

Casi por sorpresa, lo que ha caracterizado estos meses de campaña de primarias ha sido la marea de ilusión, y eso es tanto el motor de cambio en los partidos como un vector fundamental a la hora de movilizar a la sociedad en las contiendas electorales. Mítines abarrotados, creación de plataformas, casas del pueblo abiertas para el debate, horas de reuniones e intercambio de ideas, nuevas propuestas, una participación sin precedentes en el proceso de primarias, eso es un síntoma de viento fresco y moderno que hacía tiempo que no se veía en el PSOE.

De hecho, mucha gente afiliada al PSOE deberá hacer una cierta memoria para recordar un momento como el actual, de tanta emoción, por reforzar valores centenarios y expresar de forma tan clara sus ganas de participar en un proceso como el que se vive hasta el próximo domingo y que desembocará en el Congreso de junio.

Y eso es fruto de que el complejo 2016, el fatídico Comité federal y la abstención han provocado un efecto boomerang sobre esos mismos acontecimientos. Ha habido una corriente emocional muy fuerte que ha conseguido capitalizar únicamente uno de los tres candidatos, y esa ilusión de miles y miles de afiliados ha sorprendido a los propios que empezaron la travesía del desierto incluso antes de que Pedro Sánchez se hubiera pronunciado sobre su candidatura.

¿Bastará a Pedro Sánchez ese relato emocional para vencer en las primarias? Es posible, o no, pero lo que es indudable es que esa corriente, esa marea de la militancia es ya un elemento mayor de los movimientos que se han producido en estos últimos años en Europa, y también en el mundo.

En el fondo, Pedro Sánchez ha simbolizado una cierta primavera socialista tras una travesía del desierto que se inició al final de la segunda legislatura de Zapatero. El movimiento, por decirlo de algún modo, es tan potente que le trasciende. Es un capital del PSOE, sin duda, y de su gente.

Pese a algunas anécdotas fuera de tono por todas las partes, la campaña se ha vertebrado sobre esa idea, el storytelling del poder de la gente para cambiar las cosas, que entronca con las dinámicas planetarias de transformación de las estructuras de poder para adaptarlas al siglo XXI, y eso es una buena señal para el PSOE porque entronca con la modernidad del siglo XXI.

Personalmente, asistí al acto de Pedro Sánchez en Palma y tuve que retrotraerme al acto de Felipe González en el Palau blaugrana de Barcelona en 1993 para recordar un acto de un nivel emocional similar. Lo viví con emoción por compartir precisamente emociones con tanta otra gente ilusionada por una idea de cambio que personalmente creo que se inició en el 2015. Una emoción mayor incluso que durante las elecciones de diciembre del 2015 y junio del 2016.

Esa ilusión que ha generado el movimiento de Pedro Sánchez simboliza el anhelo de una alternativa de progreso al PP. El #noesno era una simple meta volante en el camino. Esa tendencia a mi juicio se inició en 2015 en muchas Comunidades Autónomas con pactos con una clara hoja de ruta con políticas de progreso que en las elecciones de 2015 y 2016 la sociedad mandató que se llevaran también a la Moncloa. Y por supuesto, con un eje vertebrador para España que sea el de un mayor diálogo desde una proyecto federal que permita que todos nos sintamos cómodos en España.

Pedro Sánchez y su equipo han sabido leer bien las diferencias entre el mapa sobre el que pivota el PSOE históricamente y el territorio en plena mutación que es nuestro país, más plural y en pleno stress test institucional en el Parlamento, territorial en Cataluña y generacional en la calle.

El PSOE debe elegir si opta por mantenerse en un mapa tradicional, o en cambio es audaz y por ir a la España real en plena mutación tras una década de crisis que ha dibujado un nuevo territorio. Las dos opciones están parejas. Y eso es bueno para el PSOE. En cualquier caso, no sé si la audacia le bastará para ganar, pero yo votaré a Pedro Sánchez.

Pere Joan Pons es diputado del PSOE.

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