Por qué Elvira Roca se ha hecho merecedora del Princesa de Asturias en Ciencias Sociales

María Elvira Roca Barea merece ser la próxima ganadora del Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales. Me cabe el honor de promover su candidatura junto con ex presidentes como Felipe González y José María Aznar, y otros políticos, como Alfonso Guerra, Joaquín Leguina o Aleix Vidal-Quadras, la práctica totalidad de los compañeros eurodiputados constitucionalistas del grupo europeo ALDE y del PP, así como Juan Fernando López Aguilar y Ramón Jáuregui, del PP. A ellos se suman, asimismo, escritores, artistas, embajadores, en una ilustre nómina de apoyos que cubren buena parte del espectro político y cultural de nuestro país.

Pese a su relativa brevedad, la obra de esta profesora malagueña conserva la suficiente potencia intelectual para ayudar a vertebrar el debate sobre el futuro de España y de Europa. Apenas han transcurrido tres años desde la publicación de Imperiofobia y leyenda negra, el ensayo histórico que María Elvira Roca Barea concibió para sus alumnos de instituto, y que ha vendido más de 100.000 ejemplares en un país donde presuntamente no se lee. Pero es que desmentir el estereotipo sobre el carácter anómalo de la cultura española es justo la especialidad de Roca Barea.

Comúnmente, se atribuye a Emilia Pardo Bazán la acuñación del término «leyenda negra», ese «espantajo para uso de los que especialmente cultivan nuestra decadencia», en una conferencia dada en París en 1899. Sin embargo, es el diplomático e historiador Julián Juderías quien le dedica el primer estudio monográfico ya entrado el siglo XX, una meritoria rareza en el contexto general de nuestra historiografía, poco dada a estos menesteres. No en vano, sobre todo son autores extranjeros quienes se hacen con el estudio de la supuesta anomalía española: el sueco Sverker Arnoldson (Los orígenes de la leyenda negra española, 1960) y los anglosajones Lewis Hanke (The Spanish Struggle for Justice in the Conquest of America, 1949), William S. Maltby (The Black Legend, 1966) y Michael Powell (Tree of Hate: Propaganda and Prejudices Affecting United States Relations with the Hispanic World, 1971), por citar a los fundamentales. Y básicamente son estos materiales, nada sospechosos de patriotismo español, los que Roca Barea emplea para proyectar su obra.

Aunque la leyenda negra contra España lo es, digamos, por antonomasia, Roca Barea incluye las distintas leyendas negras en un marco más amplio («imperiofobia»), definido como una guerra más o menos subrepticia de mentiras, manipulación y propaganda con la que los poderes subyugados intentan a menudo contestar la hegemonía de los imperios. Se trata de un fenómeno histórico recurrente. Sin embargo, es nuestra más dudosa distinción nacional que buena parte de los mismos españoles, pero especialmente su clase intelectual, académica y política, pretendan interiorizar la leyenda y hacerla pasar por verdad, a la manera como el Parlamento de Navarra reivindica hoy la «memoria histórica» de las brujas quemadas en nuestro país (en perspectiva: la Inquisición española sentenció a la hoguera a 50 personas acusadas de brujería, la mayoría mujeres, mientras que sólo en Alemania fueron 26.000).

Son ya cinco siglos de fake news contra España, parafraseando el título de la conferencia EUROMIND celebrada en Bruselas el año pasado, y en la que, además de Roca Barea, también tomaron parte el filósofo Pedro Insúa y el genetista belga Marteen Larmuseau para echar abajo mitos recurrentes sobre la presencia de los Tercios españoles en los Países Bajos.

Porque la leyenda no es una reliquia de historiadores, como prueban las recientes reclamaciones del presidente mexicano López Obrador, o el pábulo que en ciertos círculos se ha dado a las infamias vertidas contra la democracia española por los responsables del procés. Justo en Flandes, hacia el fin del tradicional camino español, y rodeado de sus amigos nacional-populistas, Carles Puigdemont vive su peculiarísimo exilio, al tiempo que asiste a óperas italianas sobre el Duque de Alba, que raramente se representan en los demás teatros europeos. La historia se repite como farsa.

En un tiempo en que Europa y la propia España amenazan con alejarse de sus raíces y tribalizarse, como advierte la politóloga Marlene Wind, estoy convencida de que la obra de Roca Barea contribuye a forjar esa fraternidad basada en la verdad que tanto necesitamos.

Teresa Giménez Barbat es eurodiputada del grupo ALDE y miembro de la comisión de Cultura y Educación del Parlamento Europeo.

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