Por qué España Suma es un buen invento

Caído el bipartidismo imperfecto de PP y PSOE, estamos en transición hacia un sistema de partidos nuevo basado en las coaliciones electorales. Ya ha pasado en otros países europeos multipartidistas y con representación más o menos proporcional. Se trata de maximizar la ley electoral, competir contra un solo adversario, favorecer la gobernabilidad y facilitar la vida al votante, que quiere soluciones efectivas, no bloqueos.

En definitiva: consiste en que los acuerdos programáticos para gobernar entre partidos afines se realicen antes de las elecciones, no después, y sean conocidos por la sociedad al ir a las urnas. Eso libra a las ciudadanos de bochornosos teatros partidistas, del uso de la Administración por parte de un gobierno en funciones para hacer propaganda electoral, o de los chantajes y cambalaches que generan desafección y restan dignidad a la democracia. Esto es justo lo que está pasando ahora en España con el PSOE de Pedro Sánchez, y sus aliados preferentes: Unidas Podemos, EH-Bildu y otros nacionalistas.

Quien no quiera ver esta transición hacia las coaliciones electorales y prefiera el modelo caduco quedará fuera de juego. Esas alianzas serán nuevas y duales. No serán la reedición de fórmulas del pasado; es decir, España Suma no es Coalición Popular. Y es que hay 40 años de diferencia para todo: el comportamiento y extracción de las élites políticas, el desarrollo autonómico, el contexto internacional, la fuerza de los nacionalistas y la misma sociedad española, que piensa y vota diferente a los años 80. Es más: la coalición propuesta por el PP está mirando más al Senado que al Congreso, lo que es una novedad producto de las especiales circunstancias por las que pasamos.

No importa en exceso lo que digan ahora las encuestas electorales con sus proyecciones sobre España Suma. Ya lo hicieron en su día, incluso desde 1979, con la posible alianza de las fuerzas de izquierdas y no hay verdad matemática que resista una campaña electoral y su paso por las urnas. Hay otro motivo: estamos en un periodo de transición a otro sistema de partidos, y eso manifiesta todavía muchas resistencias.

La propuesta de España Suma anuncia una fórmula, la de la coalición electoral, que acabará cuajando ya sea por obra de los ciudadanos, que agruparán su voto en un partido refugio, o de las élites, que unirán fuerzas para maximizar los votos y competir con el otro bloque. No se trata de una ocurrencia, ni de que el PP no haga autocrítica. Tampoco es la versión actual de la casa común.

El asunto es que el partido de Pablo Casado necesita posicionarse en el centro-derecha tras años de acoso y casi derribo por parte de Ciudadanos y Vox. Los populares deben recuperar protagonismo positivo en varios aspectos clave para su electorado, y uno de ellos es la presentación de una alternativa real y sólida a un PSOE que tiene como socios preferentes a populistas y nacionalistas. Esa imagen de ser el contrapunto al socialismo, que funcionó en los años 90 y que le resultó a Rajoy en 2011, se había perdido.

A nadie se le escapa que la estrategia sanchista para las elecciones del 28-A pasaba por escenificar la derecha tricéfala. El negocio no era solamente el mostrarse como muro de contención del enemigo, sino alimentar la guerra civil entre tres partidos que competían por el mismo electorado. Con esto dividía el voto de la derecha y obligaba a PP, Cs y Vox a dedicar gran parte de sus esfuerzos en criticar a los competidores de su propio mercado electoral.

La propuesta de España Suma, o cualquier otra que una a los opositores al gobierno socialista y sus aliados, parecerá abocada al fracaso en primera instancia. Es lógico. Las tres organizaciones tienen direcciones de partido que luchan entre sí por hacerse con el liderazgo de la oposición, y que trampean para formar gobiernos locales sin desatender la perspectiva nacional. Sin embargo, gana quien primero lo propone y mantiene.

En tiempos de multipartidismo y de inestabilidad que le acompaña, los electores perciben que la suma de fuerzas para evitar los males de la ingobernabilidad es el entendimiento previo. A esto se suma la clave de la democracia: evitar a cualquier precio legal que gobierne el adversario. Así, el partido que se presente como el defensor de la alianza de los nuestros contra los suyos, incluido el Senado, habrá dado un paso más que el resto.

El PP ofrece un argumento que tiene mucho rendimiento: «El verdadero remedio contra el sanchismo es la alianza electoral de los antisanchistas». Es una idea que no necesita explicación. Es simple y directa, y, en consecuencia, es más fácil que funcione que otras que precisan que el partido explique lo que quiere decir, o que hagan lo que ahora se llama pedagogía.

Los demás lo tienen complicado. Ciudadanos, o quizá solo Rivera, está atrapado en su obsesión por sustituir al PP y ser presidente del Gobierno. Esto es incongruente con su discurso: clamar por la regeneración de España, pero quedarse en el inmovilismo y permitir un Ejecutivo socialpopulista apoyado en los nacionalistas es algo difícil de explicar. Lanzar otra vez el argumento de la corrupción es torpe, especialmente cuando Cs gobierna con el PP en muchos municipios y algunas comunidades.

Vox lo tendría más fácil por varios motivos: es un recién nacido, sin cuadros en buena parte del territorio, y de momento carece de una verdadera estructura y dirección. A esto hay que sumar una realidad: la división interna entre los afines a Abascal, que tienden al pacto, y el sector integrista, que prefiere la soledad de su pureza doctrinal. También es cierto que la sensación dentro de la formación es que su momento álgido pasó, y que ahora solo pueden bajar.

En consecuencia, no importa tanto si se hace inmediatamente la coalición para las elecciones como la creación de la mentalidad de que hace falta la suma para derrotar al enemigo. Es el juego de representaciones, el marcar la agenda política y la elección del momento.

El PSOE de Sánchez utilizó el mismo sistema para recuperarse a costa de Podemos, y lo consiguió en parte. No le hizo falta una coalición para sumar, sino generar la necesidad y presentarse como solución. Y esa es la clave en tiempos de incertidumbre y cansancio: ofrecer soluciones.

Jorge Vilches es profesor de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos en la Universidad Complutense.

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