Por qué la independencia judicial polaca es importante

Con cierto retraso, el gobierno de Polonia, controlado por el partido Ley y Justicia (PiS), finalmente ha respondido a los temores planteados por la Comisión Europea respecto de su ataque legislativo a la independencia judicial. Pero, según Frans Timmermans, el vicepresidente primero de la Comisión, Polonia sigue negándose a cooperar, y no ha anunciado “ninguna medida concreta para resolver las cuestiones planteadas”.

Todavía está por verse si la Unión Europea utilizará las herramientas políticas y económicas a su disposición para sancionar al gobierno polaco. Creemos que debería hacerlo -de manera firme y con prontitud-. Los esfuerzos del PiS por ejercer un control político sobre las cortes de Polonia violan los valores democráticos fundamentales de la UE y amenazan su gobernancia del mercado único. A esta altura, una inacción continua por parte de la UE podría amenazar por completo el proyecto de integración económica.

La integración del mercado entre las economías con diferentes niveles de desarrollo reside principalmente en la estandarización regulatoria. El mercado único funciona porque un empresario en Holanda y un empresario en Polonia esperan estar gobernados por las mismas reglas, más allá de si están vendiendo productos o invirtiendo en Italia, Hungría, Francia o Bulgaria. Estas reglas acordadas son cumplidas no sólo por las cortes y las burocracias de la UE, sino también por las tribunales nacionales en los estados miembro.

Sin embargo, el marco de la UE para aplicar reglas comunes no confiere automáticamente los mismos beneficios a cada estado miembro. Cuando se perseguía de lleno la integración del mercado en los años 1980, se acordó que los estados miembro con economías menos desarrolladas tuvieran derecho a transferencias hasta haber alcanzado el nivel promedio de desarrollo del bloque. Hoy, esas transferencias representan aproximadamente un tercio del presupuesto de la UE y 2-5% del PIB en las economías receptoras.

Este acuerdo tenía como objetivo reducir las disparidades entre los miembros de la UE al punto que las transferencias ya no fueran necesarias. Pero siempre tuvo un punto débil crucial: la UE sólo tiene una autoridad limitada para controlar las instituciones domésticas a cargo de asegurar que los países receptores inviertan los fondos de manera apropiada. Y el sistema judicial de un país es esencial entre esas instituciones.

Hemos investigado cómo las capacidades estatales en evolución afectan el desarrollo económico en 17 países de Europa central y del este, y descubrimos que los sistemas judiciales autónomos son de vital importancia. Cortes capaces e independientes son los principales motores detrás del desarrollo de una burocracia estatal profesional. Sin una supervisión judicial, no existe ninguna garantía de que las agencias de control monitoreen y hagan cumplir las reglas de competencia de mercado de manera efectiva e imparcial.

También hemos descubierto que una mayor autonomía judicial fomenta el desarrollo económico en los países inclusive antes de haberse sumado a la UE. Cuando las cortes de un país se vuelven más confiables y predecibles, sus exportaciones tienden a aumentar y a volverse, en poco tiempo, más complejas desde un punto de vista tecnológico.

Del mismo modo, los sistemas judiciales pueden retrasar el desarrollo económico si no son independientes o confiables. Cuando las empresas domésticas no pueden contar con que las cortes emitan reglas justas y consistentes, concluirán que el éxito no depende tanto del espíritu empresario como del clientelismo y la lealtad a los principales actores del mercado. En consecuencia, invertirán menos y evitarán la innovación.

La experiencia reciente de Hungría demuestra que si los actores principales no le temen a la supervisión judicial, incurrirán en un comportamiento predatorio hacia los participantes más débiles del mercado, capturando así segmentos más importantes de la economía. Esto, en definitiva, resulta en un ingreso público menguante, que obliga al gobierno a buscar otras maneras de financiar los bienes públicos básicos. Para mantener la economía a flote y permanecer en el poder, el gobierno pasará a depender cada vez más de las transferencias de la UE.

Los gobiernos de Polonia y Hungría han convertido en realidad la peor pesadilla de los padres fundadores del mercado único. En ambos países, se están minando las instituciones que podrían ayudar a los actores domésticos a beneficiarse de la integración del mercado -para no hablar de los derechos y las oportunidades de los ciudadanos- aún si los regímenes iliberales que causan esta erosión siguen recibiendo fondos de la UE.

Esta situación ha expuesto los límites del control a nivel de la UE sobre cómo se gasta el dinero del bloque al interior de los estados miembro; y muestra que el desarrollo de instituciones domésticas se puede revertir con demasiada facilidad. Cuando se creó el mercado único, muchos supusieron que ofrecería amplios incentivos para que las empresas domésticas y los responsables de las políticas desarrollaran instituciones sólidas a nivel nacional, para capitalizar las nuevas oportunidades lucrativas. Pero los errores de esa suposición ahora han quedado al descubierto.

La tragedia en Grecia después de la crisis financiera hace una década mostró que las autoridades no necesariamente asumirán la tarea de desarrollar instituciones fuertes. Y en Polonia y Hungría hoy, estamos aprendiendo que los gobiernos iliberales inclusive llegarán al punto de debilitar las propias instituciones del país a cambio de un rédito político. Llegó la hora de que la UE tome medidas audaces antes de que los gobiernos de otros estados miembro intenten el mismo truco.

Nauro F. Campos is Professor of Economics and Finance at Brunel University London and a Research Professor at ETH-Zürich.

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