¿Por qué me senté a hablar con el gobierno de Nicolás Maduro?

Venezuela se ha venido al piso. La desesperación ha llevado a millones a huir de nuestro país desde 2014. El derrumbe de la producción de petróleo, al igual que el del aluminio y la industria del hierro, son muestra de una economía devastada. El desmantelamiento de los servicios públicos, los apagones repentinos en cualquier ciudad del país, el regreso al cocinar con leña porque simplemente no hay gas, la desaparición del transporte público de pasajeros y la creciente inseguridad no escapan del retrato del país que se derrumbó.

Ante esta situación, que tiene varios años acumulada, los grupos que han concentrado poder para denunciar la crisis y al gobierno han optado por la confrontación como arma política preferida.

Primero fueron algunos medios de comunicación —desdoblados en actores políticos— los que hicieron de la protesta y de la oposición un “reality show”, y a la vez desplegaron un amplio operativo de antipolítica para disminuir a los partidos políticos con alegatos y campañas. El resultado fue espumoso: todo el país hablaba mal del gobierno, pero no estaba organizado para enfrentarlo, derrotarlo y sucederlo en el poder. Habían acabado con los partidos, desde adentro y desde afuera.

Tras el fracaso de las televisoras, radios y periódicos en sus intentos por salir del gobierno y desplazar a los partidos, estos últimos tomaron su espacio, pero heredaron la cultura de aquellos medios. Es así como la agitación; la denuncia; la protesta callejera, la real y la inducida; la confrontación a todo dar y el conflicto como noticia ocuparon la agenda de esos partidos.

Atrás quedaba la prédica de los postulados, de un programa. Olvidada quedaba la organización de los seguidores en pueblos, caseríos y sindicatos. Tanto dieron que hasta se olvidaron del voto y la abstención se convirtió en su insignia. Lo que no había logrado la antipolítica lo remataron con la desmovilización y el asco por el voto que indujeron en la población.

Resurgieron con sesiones de diálogo con el gobierno. Las hubo en Caracas, en República Dominicana, en Noruega y en Barbados. Hasta el Vaticano hizo de facilitador. Nunca supimos los venezolanos qué ocurrió en esos encuentros, desde hace más de dos años. Tampoco presentaron resultado alguno. La confrontación y la medición de fuerzas se tragaba otra oportunidad para enfrentar la densa crisis que padecemos.

¿Qué camino queda para salir de la crisis política que vivimos?

Uno es la resignación. Ya millones lo han tomado al huir del país en estampida. Están convencidos de que en Venezuela las cosas empeorarán y se fueron a buscar una vida. Esa no es nuestra opción.

Otro es la violencia. Ese, además de perverso y dañino por múltiples razones para el presente y el futuro del país, ya ha fracasado. Fracasaron las guarimbas. Fracasaron varios intentos insurreccionales, el último el pasado 30 de abril en Caracas. Fracasó el llamado que extremistas opositores hacen desde el mes de enero a una intervención militar extranjera.

Queda el camino de la política, del entendimiento entre nosotros los venezolanos sin provocaciones y sin mediciones de fuerza inoportunas e innecesarias. Sin tutelaje ni intervencionismo extranjero. Sin planteamientos absurdos y antivenezolanistas como el de las sanciones económicas, lo opuesto de la reactivación del aparato productivo que anhelamos y reclamamos.

Por estas razones el partido que presido, Soluciones para Venezuela, en compañía del Movimiento al Socialismo, Cambiemos, y Avanzada Progresista, partidos políticos democráticos que luchamos por el cambio en paz y a través del voto, hemos constituido de común acuerdo con el gobierno de Nicolás Maduro una Mesa Nacional de Diálogo, para buscar un entendimiento mínimo que permita la reinstitucionalización del país, la convivencia y la paz.

Exhortamos a los demás partidos políticos, a gremios, sindicatos, organizaciones culturales, medios de comunicación, Iglesias, cámaras de comercio y de producción, a sumarse a este diálogo abierto y sin exclusiones.

Vamos a buscar resultados concretos por el bien del país, entre otros el normal funcionamiento de la Asamblea Nacional; la designación de nuevas autoridades para el Consejo Nacional Electoral; la liberación de presos políticos, medidas económicas y sociales para paliar la crisis y reorientar la economía. Vamos a hacerlo por Venezuela.

Claudio Fermín es un político venezolano, presidente del movimiento Soluciones para Venezuela.

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