¿Por qué no una ‘Catalunya’ británica?

En una mesa redonda en Barcelona, en la que participé con Ernest Lluch poco antes de su asesinato, me habló de un episodio de la historia de Cataluña. «Amigo Kamen», dijo, «Inglaterra todavía tiene una deuda pendiente con Cataluña». Se refería a la forma en que los británicos abandonaron a sus aliados catalanes durante la Guerra de Sucesión, un evento que hizo inevitable la caída de Barcelona ante las tropas franco-españolas durante el asedio de 1714. Desde 1714, los escritores nacionalistas catalanes han criticado continuamente el comportamiento de los británicos, aunque sus razones para hacerlo no suelen estar siempre bien informadas.

La cuestión de una supuesta deuda británica da la casualidad de que es muy relevante hoy en día. Recientemente, un político del partido de ERC hizo algunas declaraciones muy absurdas sobre la posibilidad de una Cataluña independiente en la que todos los catalanes tendrían la doble nacionalidad con España. Sugirió la posibilidad de una doble nacionalidad porque los funcionarios de Bruselas han dejado bien claro que una Cataluña independiente tendría que salir de la comunidad europea y también quedaría fuera de la zona euro. Eso, sugirió el político, no ocurrirá si los catalanes, aunque totalmente independientes, pueden continuar teniendo pasaporte español y utilizar el euro.

Inevitablemente, hace estallar de risa la idea absurda de una Cataluña independiente que seguiría siendo parte de España. En el actual excitado estado de opinión, hay catalanes que están dispuestos a creer cualquier cosa. Sin embargo, la idea es insensata sólo en parte y de hecho abre horizontes inesperados. ¿Qué si Cataluña se convierte en independiente y continúa en Europa pero no formando parte de España, sino siendo parte de Gran Bretaña? La idea no es tan sorprendente como parece.

Cuando el pequeño grupo de rebeldes catalanes en 1705, que de ningún modo representaban al pueblo de Cataluña, convenció a los agentes británicos para que les ayudaran a rebelarse contra la Corona española durante la Guerra de Sucesión, a los británicos no les importó el hecho de que los rebeldes solo fueran una pequeña muestra del pueblo catalán, ya estaban más que contentos de haber encontrado aliados en la guerra contra Luis XIV. Cuando la rebelión comenzó a derrumbarse, algunos de los rebeldes optaron por una alianza a fondo con Gran Bretaña, con la esperanza de que su país fuera ocupado militarmente por Gran Bretaña y así formaría parte del Reino Unido. Si los británicos hubiesen aceptado ese plan, hoy Cataluña sería parte de Gran Bretaña.

Los nacionalistas catalanes nunca olvidaron la idea. Cuando Prat de la Riba empezó a buscar ideas para un nuevo concepto de Cataluña, se inspiró directamente en la manera en que el imperio británico había alcanzado el éxito, y en el concepto de «Gran Bretaña». A raíz del fracaso de Castilla como imperio internacional, el político catalán argumentó que al reforzar su propia «unidad cultural» Cataluña contribuiría a reforzar España y así formar un nuevo «imperio» basándose en la identidad cultural de sus componentes. Lejos de separarse de España, Prat propuso una nueva relación con el resto de España con el fin de fortalecerla. En lugar del separatismo, ofreció fusión. El lema de Prat para las elecciones de 1916 fue «por Cataluña y por una gran España», en el que la palabra «grande» se modeló conscientemente en lo que él creía que eran las estructuras de Gran Bretaña.

Cuando las ideas nacionalistas empezaron a ser separatistas, la inspiración del ejemplo británico todavía estaba presente. Después de todo, a lo largo de su historia diferentes partes de Iberia habían querido huir de España e integrarse en el sistema político británico. En la Edad Media, Galicia había tratado de romper con España e integrarse en Inglaterra. En el siglo XVI, Portugal esperaba romper con Felipe II y unirse a Inglaterra con la ayuda de la reina Isabel. En el siglo XVIII, Gibraltar se convirtió en una posesión permanente de la corona británica. Ahora podría tocarle el turno a Cataluña.

Pero ¿y si los británicos les dan la espalda, como lo hicieron en 1713? Eso es poco probable que suceda, y por una razón principal. Si la separación de Escocia de la Unión con Gran Bretaña fuera alguna vez a suceder, David Cameron estaría encantado de compensar la pérdida de un pequeño país al aceptar la unión de otro pequeño país. Aceptaría a Cataluña con los brazos abiertos, y Cataluña se convertiría en una parte integral de la Unión de Gran Bretaña, con todos sus derechos históricos preservados. Recordemos que el santo patrón de Inglaterra es también el patrón de Cataluña: ¡San Jorge! Así que no habría problema con el escudo de Cataluña porque la cruz del santo ya sale en la bandera de Gran Bretaña. Cataluña mantendría su independencia, y ¡también permanecería dentro de la Unión Europea! Habría, quizá, pequeños problemas. Cataluña posiblemente insistiría en el uso del euro como moneda en vez de la libra, pero eso no sería un escollo. Los escoceses siempre han tenido su propia moneda, por lo que no seria obstáculo para Gran Bretaña aceptar la moneda catalana. El uso de euros irlandeses nunca ha sido ningún inconveniente para los negocios. Así que ¡Cataluña escaparía de la miseria de ser parte de España, y entraría en los placeres de ser británica!

Los catalanes tomarían bacon and eggs para el desayuno, y el roast beef y Yorkshire pudin para la cena. A los niños británicos se les ofrecería la opción de aprender catalán como uno de sus idiomas, y en su mensaje de Navidad de cada año, la Reina incluiría algunas palabras en catalán. El president de Cataluña en su mensaje de Navidad también añadiría algunas palabras en inglés, invitando a los oyentes tal vez a tomar un cup of coffee en la Plaza de Cataluña. Los catalanes y gibraltareños pertenecerían a un mismo país, y emprenderían el comercio directo entre sí. Los catalanes arrojarían bloques de hormigón a lo largo de su costa para preservar la vida marina, y Barcelona se convertiría en un paraíso fiscal y aumentaría su comercio de contrabando de tabaco. Los turistas ingleses acudirían a millones a la Costa Brava, que pronto sería rebautizada como la Costa Junqueras-Mas, en honor de los hombres que hicieron posible la unión entre Londres y Barcelona. Lo mejor de todo, desde mi punto de vista, sería que mi esposa, que nunca está segura de si es catalana o británica, ahora tendría las dos nacionalidades, lo que pondría fin a las disputas en casa.

¿Todo esto es simplemente una ironía? Tal vez sí, tal vez no. El líder polaco Lech Walesa ha sugerido esta semana una unión de Polonia con Alemania, a pesar de que ambos países han sido tradicionalmente enemigos. La unión entre países sin pérdida de la independencia está, sin duda, dentro de los límites de lo posible. Los siglos de vínculos históricos entre Cataluña y Gran Bretaña, por fin llegarán a un fructífero final. Para mí esos vínculos los simboliza Josep Trueta, a quien conocí en Barcelona en la década de 1970, cuando me dio un ejemplar firmado de su pequeño libro El Espíritu de Cataluña, escrito en Oxford en los momentos de ocio mientras enseñaba Cirugía Ortopédica en la Universidad. Trueta fue un verdadero británico, pero también era aún más un verdadero catalán, cuyos logros como cirujano ganaron el reconocimiento solamente fuera de España. Al igual que él, han sido muchos los catalanes que se convirtieron en británicos, y que se encontraban en casa en ambos países. ¿Es ese el camino a seguir para una Cataluña independiente?

Henry Kamen es historiador, su último libro es El rey loco y otros misterios de la España imperial (La Esfera de los Libros 2012).

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