Por qué obtendrá Rajoy mayoría absoluta

A justo un mes de las elecciones generales, se puede asegurar que el Partido Popular las ganará con mayoría absoluta. Hace más de un año que los españoles optaron por el cambio. No quisieron a Zapatero reelegido, pero tampoco quieren al PSOE; por lo tanto, a ningún candidato que este partido pudiera proponer, incluido, como es el caso, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Los socialistas en España, y se puede decir que también en comparación con otros partidos de otros países, son los reyes del marketing electoral. Saben vender un candidato, un producto y cualquier idea; pero ante todo a los ciudadanos les pesan las realidades.

No se debe ser dogmático, pero hay veces en que la situación deja muy poco margen de maniobra, y es exactamente lo que está pasando con el PSOE. Los españoles expulsan a los socialistas a la oposición por la situación económica; entienden que negaron la crisis, que no consideraron oportuno tomar medidas y que cuando las tomaron fue demasiado tarde y de forma agresiva e improvisada.

Como éste es el motor del cambio político actual, sólo una constatación de giro evidente en materia económica podrá corregir la fuerza del cambio.

En este punto nada que vaya en este sentido es predecible, teniendo en cuenta además que no sólo es necesario una evolución favorable en la situación económica, sino que, asimismo, se debería notar en los ciudadanos.

La situación económica que vive España es gravísima. Nadie pudo imaginar que llegara a este punto. Todavía no se sabe cómo ni cuándo vamos a salir de esta coyuntura. Prácticamente no hay nadie que no haya resultado afectado por la crisis; algunos de forma leve, otros -demasiados- de forma grave y otros de forma gravísima. Personas que han perdido su empleo, empresas que han cerrado y empresarios que se han arruinado.

Fondos con rendimientos negativos y algunos que han perdido casi todo el capital. Inversiones en Bolsa que por valor medio en términos reales están por debajo de la mitad de su valor antes de la crisis. Inmuebles que ahora valen la mitad que hace unos años; decenas de miles de hipotecas ejecutadas y familias que no sólo se quedan sin la casa, sino que además tienen que seguir pagando parte de la hipoteca. Rebaja de sueldos, disminución de pluses e incentivos y congelación de pensiones. Y, sobre todo, una gran incertidumbre con respecto al futuro. Demasiada gente tiene en estos momentos miedo a perder su empleo y los jóvenes, en su inmensa mayoría, tienen pocas esperanzas de conseguir el primero.

La mayoría de los españoles están amargados y entristecidos como consecuencia de la evolución económica del país, de las empresas y de sus rentas.

El problema de José Luis Rodríguez Zapatero es que tuvo demasiada suerte al principio. Contra todo pronóstico, ganó las primarias del PSOE y después, las elecciones generales de 2004. Confió en que esa suerte le iba a acompañar y decidió que no era necesario actuar ante la crisis, e incluso llegó a alardear de que España iba a superar la misma sin que ello significase renuncias y sufrimiento por parte de los ciudadanos.

Como consecuencia de ello nuestra situación es bastante más grave que la del resto de los países. Se podría aplicar el refrán «si no quieres caldo, toma dos tazas». Y parece que a los españoles nos están dando más de dos.

No es éste el único error de Zapatero. A pesar de decir que era el hombre del diálogo y del talante, desde el principio se negó a intentar y, por lo tanto, a cerrar acuerdos con el principal partido de la oposición, el Partido Popular. Es una gravísima contradicción, ya que el diálogo cobra todo su sentido si es con tus máximos oponentes. En España la esencia del diálogo tiene que ser entre el PSOE y el PP, de igual manera que si los populares quieren dialogar cuando gobierne, deberán hacerlo fundamentalmente con el PSOE.

Por supuesto, también se debe negociar con los otros partidos, pero no es un ejemplo de diálogo pactar con los partidos pequeños con el fin de arrinconar al PP bajo la presumible estrategia de conseguir perpetuarse en el poder en el máximo tiempo posible. Es decir, no dialogar, sino todo lo contrario, intentar cerrar el paso al Partido Popular.

En este sentido ha sido lamentable la negación al cierre de pactos de Estado en temas tan importantes como son los Estatutos de Autonomía. La falta de entendimiento en materia antiterrorista, e incluso el intento de reescribir la Historia.

Otro error del presidente ha sido intentar, por todos los medios, llevar a término una legislatura fallida. La economía del país ha ido a la deriva, acompañada de la imagen y el desprestigio de un mandatario aislado. Le han dado la espalda la economía en general, el empresariado, los inversores nacionales e internacionales, los dirigentes políticos de gran parte del mundo. La imagen de España ha pasado de ser un país que incitaba envidia y admiración a uno denostado y que en parte se ha transformado como un problema para la Unión Europea y para el resto del mundo.

Los últimos en desvincularse han sido sus votantes, sus militantes y hasta algunos dirigentes del PSOE. La vieja guardia socialista lleva años despotricando de él; y en este tiempo José Luís Rodríguez Zapatero ha estado esperando un golpe de suerte por el que, sin hacer nada, las cosas se solucionaran y le dieran la razón. Esta espera nos está pasando una factura económica al país que tardaremos muchos años en pagarla, y un daño estructural a su propio partido.

Por la crisis y por la actitud del presidente, el PSOE perdió por mayoría absoluta en manos del PP Galicia y se llevaron el peor resultado imaginable en las elecciones catalanas. En este caso hay que decir que el PSC y el tripartito hicieron todo lo que estuvo en sus manos para cooperar en este desastre. Pero donde de verdad destrozaron toda la estructura política del PSOE ha sido en las últimas elecciones autonómicas y municipales del pasado mayo.

En algunas autonomías y en demasiados ayuntamientos, como ya pasara en 1995, ha habido presidentes autonómicos y alcaldes prestigiados que han sido arrojados del poder por castigo a Zapatero y la política de su Ejecutivo. No han sido conscientes de que a pesar de ser lo más importante, del Gobierno de la Nación se entra y se sale con cierta facilidad; de hecho es previsible que en los próximos 50 años tanto el PSOE como el PP entrarán y saldrán en torno a tres veces.

Pero en los gobiernos municipales y en los autonómicos, más en los primeros, los gobernantes entran para quedarse. Por varios motivos, el voto es menos ideológico, más personal, las decisiones políticas positivas repercuten rápidamente en los ciudadanos, se ven calles nuevas, polideportivos, asfaltados, clara defensa de lo local y cercano, y pocos elementos que generen desgaste, ya que éstos son básicamente de competencia del Gobierno de la Nación.

El PSOE tenía una estructura municipal obtenida básicamente en un magnífico resultado en 1979, reforzado por los pactos de izquierdas con el Partido Comunista, que le hizo acaparar la mayoría del territorio nacional. Algunos de esos alcaldes, y si no en su caso el PSOE, ha gobernado desde aquella fecha hasta ahora. Debemos reiterar que esos alcaldes se han ido con una excelente imagen, pero ahora será fácil para el que le ha sustituido subirse a esa misma situación y, por lo tanto, perpetuarse con facilidad en el tiempo en la ostentación del cargo.

La verdadera estructura de un partido político no gira alrededor del Gobierno de la Nación, sino en cada municipio, en cada provincia y en cada autonomía. Y eso es lo que ha sacrificado Zapatero alejando a sus hombres de demasiados órganos de gestión. Por esperar salvar un Gobierno difícilmente salvable, por intentar ganar las elecciones al Partido Popular en un escenario casi imposible, ha perdido un poder municipal y autonómico que, en términos generales, tardará más de una década en recuperar.

Poder y estructura que, sin duda, influyen en elecciones generales, por lo que tendrá un poco más difícil la vuelta al Gobierno de la Nación.

Se equivocan los que creen que el PSOE puede desaparecer del mapa político español, eso es prácticamente imposible. Por mucho que el partido se lleve un varapalo el próximo 20 de noviembre, seguirá siendo una de las dos alternativas reales de poder en España. Podrá ganar las elecciones generales en cuanto vuelva a estar preparado y el Partido Popular cometa los errores correspondientes. Pero previsiblemente en un horizonte de entre ocho y 12 años.

Lo que sí es cierto es que, hasta ahora, por el peso de la dictadura franquista, al PSOE le bastaba hacerlo regular para ganar unas elecciones o no cometer demasiados errores; pero, en cambio, el PP tendría que aprovechar graves errores del PSOE y, además, hacerlo bien para poder gobernar España. Ahora ya no es así. No sé si ya las posibilidades están equiparables, pero si el PP lo hace bien la próxima legislatura, podremos decir que prácticamente se van a situar en casi condiciones de igualdad. Lo que favorecería la riqueza democrática de alternativas sencillas y cómodas.

Por Carlos Malo de Molina, sociólogo y presidente de la empresa demoscópica Sigma Dos.

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