¿Por qué odian a los ricos?

División de opiniones: hay quien odia a los ricos y quien los envidia como antesala del odio. Odio que carece de sentido si tenemos en cuenta que, en Occidente, gracias a la riqueza generada por los ricos (empresarios, banqueros, inversores o ahorradores), las condiciones de existencia de amplias capas de la población han mejorado ostensiblemente. La riqueza propiciada por el capitalismo liberal ha conseguido que vivamos mucho mejor que ayer. Hoy, el ciudadano occidental disfruta en general de un apreciable nivel de vida: bienestar, crecimiento, desarrollo, sanidad, educación, consumo, cobertura de necesidades básicas, ocio, comunicaciones e, incluso, confort.

Reconozcamos que vivimos en el mejor período de la historia. Mérito que hay que atribuir al esfuerzo de la ciudadanía. Pero, también a un capitalismo liberal que ha jugado el papel de deus ex machina generador de riqueza. Reconozcamos, finalmente, que al volante de la machina del bienestar se encuentran los ricos. Es decir, quienes poseen dinero y lo invierten en beneficio propio y ajeno. Ya lo dijo Adam Smith, con una claridad meridiana, en La riqueza de las naciones: «No hemos de esperar que nuestra comida provenga de la benevolencia del carnicero, ni del cervecero, ni del panadero, sino de su propio interés. No apelemos a su humanitarismo, sino a su amor propio». El rico -el capitalista-, como el carnicero de Smith, en la búsqueda del beneficio propio, se ve obligado a producir mercancías que sus congéneres necesitan o desean. A eso se llama beneficio mutuo.

Por qué odian a los ricosVivimos en el mejor período de la historia, decía. Pero, desde hace algún tiempo, estamos en una etapa rencorosa, resentida y enconada. En España, por ejemplo. Animadversión que se advierte en el ya señalado odio a los ricos. ¿Por qué odian a los ricos? Porque, hay quienes -con razón o sin ella- se sienten marginados, humillados, atacados o explotados por los ricos y proyectan sobre ellos una aversión y hostilidad que se manifiesta con un ímpetu vengativo. El odio o la «rabia personalizada», en palabras de Ignacio Morgado (Emociones corrosivas, 2017).

Un odio primario provocado por la frustración de quien no ha visto realizados sus deseos, programas o alternativas. Por eso, proyecta la culpa de su fracaso contra quienes sí han podido realizarlos. Los ricos, por ejemplo. Como señaló Sigmund Freud, el «yo odia, aborrece y persigue con fines destructivos a todos los objetos que se constituyen para él en fuentes de sensaciones de displacer… un odio que proviene de la lucha del yo por conservarse y afirmarse» (Pulsiones y destinos de pulsión, 1915). Idea que Silvina Fernández traduce así: «El yo odia al que me hace ver que no soy tan fantástico… el otro se transforma en el enemigo… el yo toma nota de lo que dice, de lo que hace… evalúa sus fortalezas y debilidades… entregado a la pulsión de destrucción… el yo descompone al otro en partes con la crueldad de un niño que despieza un grillo» (El odio y sus despliegues: algunas particularidades, 2013).

El odio a los ricos puede llegar a través de la envidia. ¿Por qué envidian a los ricos? Porque, hay quien siente pesar -celos- por el mérito o la prosperidad ajenos. A diferencia del odio primario, la envidia se transforma en odio deseando el infortunio o hundimiento de los ricos. Una variable de la envidia a los ricos: el descubrimiento -real o supuesto- de que su riqueza es una ficción, o resultado de alguna estafa o corrupción. No hay engaño sin autoengaño.

Mientras que el odio suele exteriorizarse, la envidia suele interiorizarse. Pero, uno y otra comparten el denominado Schadenfreude. Es decir, el júbilo o alegría maliciosa por el fracaso del odiado o el envidiado. ¿Quiénes odian o envidian a los ricos? Los que han fracasado, los que otorgan la culpa de su fracaso a los otros, los que necesitan un chivo expiatorio a quien imputar sus fracasos, frustraciones y deseos no cumplidos. Los ricos son la imagen del culpable por definición. Y ello, porque los ricos -aseguran quienes odian o envidian- han prosperado gracias a las malas artes: abusando, explotando, expoliando, engañando, estafando, defraudando.

¿Alguien piensa que los ricos lo son porque administran mejor sus negocios? ¿Alguien admite que los ricos generan riqueza y eliminan pobreza al producir mercancías y crear empresas y empleo? ¿Alguien sostiene que capitalismo liberal genera ricos en función de las actitudes y aptitudes de cada uno? El odio a los ricos y la envidia de los ricos suelen ser un trasunto del odio al capitalismo liberal. ¿Las razones? Recurramos a los clásicos para entender el fenómeno de esa rabia o resentimiento. Ludwig von Mises sale a escena. El economista austriaco, en La mentalidad anticapitalista (1956) o la antología Planificación para la libertad (1952), describe, con claridad y lucidez, el qué del asunto. El autor pone a nuestro alcance la génesis y fenomenología del odio o la envidia a los ricos -el hombre de negocios que se ha enriquecido- y al capitalismo liberal. A saber:

1. El odio/envidia a los ricos y al capitalismo liberal surge cuando la gente percibe que uno mismo hubiera podido obtener las mismas ganancias que los ricos de haber manifestado igual perspicacia y juicio que el hombre de negocios.

2. El odio/envidia a los ricos y al capitalismo liberal suele conducir al anticapitalismo. Una consecuencia del resquemor e ignorancia de quien es incapaz de identificar las causas de su fracaso y no acepta ni asume que el capitalismo liberal puede hacerle más próspero.

3. El odio/envidia a los ricos y al capitalismo liberal consigue que quienes odian y sienten envidia se alegren con las políticas que confiscan la riqueza de los ricos que tienen éxito en sus negocios.

4. El odio/envidia a los ricos y al capitalismo liberal impide que quienes odian y sienten envidia entiendan que el anticapitalismo y las políticas confiscatorias de los ricos perjudican sus propios intereses.

5. El odio/envidia a los ricos y al capitalismo liberal hace que quienes odian y sienten envidia comulguen con la idea de que los bienes deben y pueden obtenerse gratuitamente.

El odio y la envidia a los ricos y al capitalismo liberal devienen, por decirlo a la manera del psicoanálisis, un impulso agresivo que daña a toda la sociedad. En España, por ejemplo. Ahí está la contrarreforma laboral, o la creación de nuevos impuestos y la subida de los ya existentes, o el aumento del Salario Mínimo Interprofesional, o la instauración del Ingreso Mínimo Vital, o la congelación de los alquileres. Lo llaman progresismo cuando es populismo. Un populismo anticapitalista que -además de maniatar a los ricos- disparará el gasto público, aumentará los costes de producción y la desocupación, desincentivará la inversión, fomentará la economía sumergida, reducirá la competitividad, elevará el precio de los alquileres, y pondrá en peligro el sistema público de pensiones. Entre una sociedad sin ricos y una sociedad sin pobres, la izquierda española siempre elige la segunda. Ignacio Morgado: «El sentimiento de odio en el ser humano es muy difícil de curar».

Miquel Porta Perales es escritor.

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