Por qué otra provocación terrorista de Hamas

Hamas atacó por sorpresa Israel en un día de observancia para los judíos que este año coincidía con otras celebraciones religiosas. Utilizó para ello un repertorio inusualmente extenso de violencia en el cual predominaron las tácticas de terrorismo dirigidas, sobre todo, aunque no sólo, contra la población civil. Esto ocasionó centenares o quizá miles de víctimas mortales y equivaldría a crimen de guerra o crimen contra la humanidad. Además del lanzamiento de misiles desde Gaza, la brutalidad con que los miembros armados de la organización islamista radical se introdujeron en territorio israelí -asesinando y secuestrando a mujeres, niños y ancianos o desfigurando el rostro de soldados abatidos durante la incursión en bases militares próximas a la franja- ha sido objeto de repulsa también entre musulmanes de todo el planeta, para quienes esas acciones son contrarias al islam. Pero esa misma brutalidad la han vitoreado tanto partidarios de Al Qaeda como de Estado Islámico.

Por qué otra provocación terrorista de Hamas
LPO

Es impensable que Hamas y sus afines no fueran de antemano conscientes de la respuesta que cabía esperar de Israel. Es asimismo impensable que esa organización islamista radical hiciera lo que hizo sin dar por descontada la abrumadora superioridad militar israelí y su capacidad para intensificar el bloqueo de Gaza. Por eso, lo más razonable es considerar que la intensa concatenación de actos de terrorismo que Hamas logró ejecutar con éxito constituyó, en conjunto, una deliberada provocación. Una nueva provocación, recordando la anterior de 2012, esta vez planificada con la necesaria antelación y el suficiente detalle, pese a que la Inteligencia israelí no se apercibiera de ello y, si acaso tuvo alguna pieza de información al respecto, que podría ser el caso, no ató cabos sueltos y tampoco actuó en consecuencia. Una provocación cuyo alcance, magnitud y resultados no tienen precedentes. Pero definitivamente una provocación.

Parece pues oportuno preguntarse por los principales factores que han determinado la última y gran provocación de Hamas, admitiendo que se produce en un marco de mayor complejidad. Algo que supone tener en cuenta factores internos y externos a Hamas y el dominio que hace ya muchos años ejerce sobre Gaza. Este es precisamente un factor interno que poner sobre la mesa, el relativo al estado de la propia organización islamista radical y de sus relaciones con la población que habita esa franja del territorio palestino. Ahora bien, dado que ese factor interno probablemente no sea el único de relevancia, conviene al mismo tiempo explorar la incidencia de algún factor externo especialmente destacado. En concreto, la situación del marco geopolítico en que -más allá de los contornos del conflicto entre israelíes y palestinos- se desenvuelven actualmente Hamas y los actores regionales, gubernamentales o no, que apoyan a esta organización islamista radical.

Empecemos por el factor interno. Es plausible que Hamas estuviese interesada en provocar a Israel porque desde hace más de una década crece en Gaza el descontento con la organización islamista radical por su mal gobierno que no rinde cuentas. Estudios de opinión pública que han podido realizarse en la franja durante ese tiempo revelan que tres cuartas partes de sus habitantes creen que en las instituciones de la Autoridad Palestina existe una corrupción generalizada debido a la ausencia de Estado de derecho y de sociedad civil. Como consecuencia de ello, los habitantes adultos de Gaza se dividen entre quienes expresan percepciones críticas sobre Hamas y quienes no. A estas alturas, incluso los jóvenes de Gaza responsabilizan ya no solo a Israel sino también a sus propias autoridades -es decir, a Hamas- de no atender sus necesidades y a menudo se quejan, por ejemplo, de seguir siendo reclutados para actividades militares.

En torno a la mitad de la población adulta de Gaza tiene ideas diferentes de las de Hamas. Es favorable a que el liderazgo palestino normalice relaciones con Israel si lo hace Arabia Saudí; rechaza que la lucha armada sea la única interacción factible entre palestinos e israelíes; está de acuerdo en que unos y otros desarrollen negociaciones de paz; no considera que recuperar el territorio histórico de Palestina sea prioridad nacional; apoya que los gobiernos árabes asuman un papel más activo para que ambos lados en conflicto adopten posiciones más moderadas; piensa que las buenas relaciones con Estados Unidos son importantes; piensa también que Hamas debería mantener una tregua con Israel y dejar de apelar a su destrucción como Estado, lo que por otra parte es objetivo explícito de la organización islamista radical desde su fundación en 1988. En estas circunstancias, provocar a Israel es servirse de su reacción para que afecte negativamente a la población de la franja, acallándola.

Acerca del aludido factor externo, es verosímil que Hamas recurra masivamente a tácticas de terrorismo para provocar a Israel cuando están teniendo lugar importantes avances en la normalización de relaciones bilaterales entre este país y países árabes. Históricamente, ha existido un consenso -llamémoslo así- entre los Estados árabes de acuerdo con el cual ninguno de ellos mantendría relaciones con Israel, al que consideran un país enemigo. En septiembre de 1967, en Jartum, al finalizar una cumbre de la Liga Árabe, Argelia, Egipto, Irak, Jordania, Kuwait, Líbano, Siria y Sudán votaron una resolución cuyo párrafo tercero contenía la bien conocida regla de los «tres noes»: no a la paz con Israel, no al reconocimiento de Israel y no a las negociaciones con Israel. Egipto rompió parcialmente ese acuerdo en 1978 y Jordania en 1993. Con posterioridad, Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Sudán y Marruecos normalizaron relaciones con Israel.

La denominada causa palestina ha dejado de unir a los países del mundo árabe. El sí a la paz con Israel, el sí al reconocimiento de Israel y el sí a negociar con Israel han seguido avanzado de manera notable -aun si amplios sectores de la población o mayorías en alguno de esos países se muestran reticentes- tras los llamados Acuerdos de Abraham, suscritos en septiembre de 2020. A partir de entonces, Israel ha desarrollado y extendido significativamente sus lazos diplomáticos con países árabes de Oriente Medio o el Norte de África. Provocando a Israel más gravemente que nunca y calculando de antemano su reacción respecto a Gaza, donde Hamas se parapeta entre la población, lo cual implica que la organización islamista radical hace recaer de modo inexorable sobre los habitantes de la franja que controla los impactos de las represalias en vidas humanas y destrucción de edificios o infraestructuras. En un contexto así se podrían obstaculizar seriamente esos avances tan incómodos para Irán, patrocinador de Hamas.

Teniendo presentes los dos principales factores que han determinado la nueva -y asombrosamente espectacular a la par que insólitamente cruenta- provocación de Hamas, Israel afronta serios dilemas de difícil solución. Su respuesta, que lógicamente está siendo contundente y se espera persista en la misma línea de manera prolongada, debería quedar por debajo del umbral que facilite mantener el potencial latente de disentimiento frente a Hamas observado en la sociedad de Gaza. Al tiempo, esa respuesta no debería traspasar niveles que eleven en exceso el coste para más países árabes interesados en regularizar sus lazos con Israel. Pero la organización islamista radical puede impedir lo primero parapetando a sus dirigentes y miembros entre los residentes de la franja. Así como las entidades que apoyan a Hamas -de Irán a Hezbolá- pueden dificultar lo segundo agitando geopolíticamente el mundo islámico.

Fernando Reinares es catedrático en la Universidad Rey Juan Carlos, investigador asociado distinguido en el Real Instituto Elcano e investigador sabático visitante en el Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo.

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