Por qué ‘serología’ es la nueva palabra de moda sobre el coronavirus

Por qué serología

“Serología” es la nueva palabra de moda en la epidemiología del COVID-19 por una buena razón. Las pruebas generalizadas para determinar si las personas son “seropositivas” —que tienen anticuerpos que indican que ya han sido infectados con el virus— son esenciales para entender dónde estamos en la pandemia.

Pero en la premura de generar e interpretar datos serológicos, puede ser difícil para cualquiera, incluyendo expertos, entender qué cosas nos pueden o no enseñar los estudios serológicos. ¿Por qué son tan importantes y qué decisiones inspirarán?

Si portar el anticuerpo del COVID-19 confiere inmunidad, entonces la mitad o hasta dos tercios de la población debe ser seropositiva antes de que pretendamos controlar el virus sin distanciamiento social, rastreo de contactos u otras medidas especiales.

Nuevos estudios serológicos aparecen casi a diario. Sus resultados ampliamente diversos enfatizan la naturaleza hiperlocal de la pandemia. Investigadores de Santa Clara, California, recientemente descubrieron que 1.5 % de la población de ese condado a la que se le había aplicado la prueba, dio positivo por los anticuerpos (la metodología del estudio ha sido duramente criticada desde entonces, y una nueva versión del estudio intenta responder a esas críticas), mientras otras ciudades han revelado mucha mayor evidencia de infecciones previas: 21% de los que se sometieron a la prueba en Nueva York y casi un tercio en Chelsea, Massachusetts.

Vendrán nuevos estudios, con una variedad de estrategias acerca de a quién aplicarle la prueba, cuál prueba usar y cómo analizar la información. Se están inventando nuevas maneras de medir anticuerpos incluso mientras se desarrolla la pandemia, y los debates acerca de métodos estadísticos que de otra manera podrían lucir académicos, ahora influyen directamente en las decisiones inmediatas sobre la salud pública y la economía.

Los primeros estudios se han enfocado en las zonas de riesgo de transmisión, por lo general para contestar una pregunta importante y muy precisa. Por ejemplo, los investigadores del Hospital General de Massachusetts estudiaron la seroprevalencia en Chelsea debido a que un número desproporcionado de pacientes infectados en el hospital vivía en Chelsea. Los investigadores descubrieron que una razón del exceso de casos fue que el virus se había propagado mucho más ampliamente en Chelsea que en otros lugares. Hasta la fecha, la captación para los estudios serológicos se ha realizado a través de lo que los epidemiólogos llaman un “muestreo de conveniencia” (aplicarle la prueba a personas que estaban de compras en Chelsea y Nueva York y en el caso de Santa Clara, captación por Facebook). Este tipo de estudios pueden proporcionar respuestas rápidas pero no pueden precisar la cantidad exacta de infección en una comunidad, y los que participan podrían no representar a la población total.

Para entender el esquema general en la población estadounidense, se necesitan mayores estudios serológicos que cubran una amplia gama de zonas —no solamente zonas de riesgo— y que capten una muestra verdaderamente representativa.

Examinar a las mismas personas por anticuerpos y virus semana tras semana puede ayudar a contestar otra pregunta: ¿Los anticuerpos contra el virus indican que una persona está protegida contra nuevas infecciones (lo que se conoce como seroprotección)? La idea es monitorear a individuos con y sin anticuerpos quienes, fuera de eso, sean similares (que vivan en la misma zona, tengan patrones laborales similares y probablemente tengan el mismo riesgo a encontrarse con una persona infectada) y averiguar si los que tienen anticuerpos tienen índices más bajos de infección del virus que los que no.

En el mejor caso, quizás aquellos con anticuerpos estén completamente protegidos. Lo más probable, basado en la experiencia con otros conoravirus, es que tengan un riesgo más bajo pero no una protección total.

Como en cada estudio epidemiológico, el desafío es separar los factores de confusión de los causales. Eso se logra asegurándose de que los seropositivos (aquellos con anticuerpos detectables) y los seronegativos (los que no tienen) tengan exposiciones comparables a la infección viral.

Muchos factores, incluyendo no lavarse las manos, usar transporte público concurrido, exposiciones relacionadas al trabajo o vivir en un vecindario densamente poblado, pueden predisponer a alguien a tener anticuerpos y también a volverse a infectar. De ser así, esto podría ocultar los efectos protectores de los anticuerpos; otros sesgos podrían exagerarlos. No obstante, se requieren estudios de seroprotección para mejorar la comprensión científica acerca de si la presencia de altos niveles de anticuerpos en la población indica altos niveles de inmunidad, y así orientar políticas de “regreso al trabajo” que favorezcan a aquellos con anticuerpos. Los epidemiólogos están trabajando arduamente diseñando estudios que minimicen estos sesgos.

Con un cuidadoso diseño de estudio y análisis que involucren a epidemiólogos sociales, también podríamos empezar a entender —e intentar mitigar— los índices más altos de la enfermedad en grupos que ya están desfavorecidos. Ya existe una larga tradición de “seroepidemiología social”: utilizar estudios serológicos para entender las razones sociales, demográficas y económicas del por qué las personas contraen ciertas infecciones. Aplicar esta tradición al COVID-19 podría ayudarnos a separar las exposiciones que representan mayores índices de infección entre los desfavorecidos. Ese conocimiento podría ayudar a adaptar políticas de distanciamiento social, protección personal y otras intervenciones para reducir estos índices.

La calidad de las pruebas serológicas varían ampliamente, y muchos estudios están siendo establecidos con el objetivo de obtener respuestas rápidas en vez de precisas. Las respuestas rápidas son importantes, pero la siguiente fase debe estar compuesta de un conjunto de estudios serológicos más grande y cuidadosamente diseñado, ejecutado en muestras seleccionadas adecuadamente, utilizando las mejores pruebas disponibles. A medida que la escala y la calidad de los estudios mejore, también lo hará nuestra comprensión de este virus y la inmunidad a él.

Marc Lipsitch es profesor de epidemiología y director del Centro de Dinámica de Enfermedades Transmisibles de la Escuela T.H Chan de Salud Pública de Harvard.

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