¿Por qué sigue existiendo ETA?

Por Gemma Zabaleta, parlamentaria del Partido Socialista de Euskadi-EE en el Parlamento vasco (EL PERIÓDICO, 30/01/04):

Si algo tuvieron en cuenta los políticos irlandeses y británicos a la hora no sólo de poner las vías de solución para el conflicto norirlandés, sino de acabar con los atentados del IRA y todo su contexto de violencia, fue que el terrorismo no es uno más de los asuntos políticos de la vida cotidiana. Afecta a la vida y a la muerte de seres humanos y, por consiguiente, es imperativo alejarlo de cualquier interés partidista o electoralista.

De boca de políticos irlandeses o británicos hemos podido escuchar que salvar una vida humana es el objetivo prioritario de todo político que se precie de ser tal. En Irlanda, los gobiernos no se sirven de su situación de preeminencia para fulminar a los partidos políticos de la oposición utilizando el drama del terrorismo y el dolor que genera. Por el contrario, intentan tejer un camino común y compartido de colaboración, capaz de hacer callar las armas con diálogo y con más política. Eligieron el camino de “a más política, menos armas”. Y viene siendo útil.

YO DEFIENDO ese camino. Me parece extraordinariamente legítimo y honesto hacerlo sin que quienes lo defendamos tengamos que estar en dos listas de malos: en la de quienes pueden ser aniquilados físicamente por ETA y en la de quienes pueden ser aplastados políticamente por el Gobierno del PP. También me parecen defendibles otras posiciones que tratan de acabar con la página más negra de la historia de Euskadi y de España, aunque sean antagónicas a las mías. Lo que no encuentro admisible es que un Gobierno se sirva de la existencia de este drama para hacer canibalismo político, especialmente contra el partido que aspira a una más que saludable alternancia política visto el estado catatónico en el que se encuentra la democracia española.

Que nadie se engañe: Josep Lluís Carod-Rovira y los nacionalistas vascos son la pieza menor. Lo que importa es arrinconar hasta la extenuación al PSOE: ésta es la caza mayor. Y ese objetivo requiere ahora quebrar el tripartito catalanista y de izquierdas en Catalunya, que lidera Pasqual Maragall, para abortar de raíz la esperanza de una política distinta en la que se ensaye la posibilidad de una España plural en la que la razón del diálogo sustituya al cliché preconcebido.

La existencia de ETA y el daño causado por ella dura más que lo que duró la dictadura franquista. Demasiado tiempo como para que no pensemos que la paz tiene prisa en España. Se puede creer y defender que solamente por la vía policial y judicial se acabará con ETA o, por el contrario, pensar que si se llega a conocer el pensamiento de la banda terrorista –lo que siempre se ha denominado como “medir la temperatura de ese proceloso mundo”– puede ayudar a entender, que no a justificar, su razón de ser actual y la naturaleza de su dejar de ser, en las condiciones políticas actuales. Porque no sería la primera banda terrorista que abandona las armas.

Pero es poco comprensible para la ciudadanía que podamos asistir a un encuentro de esta naturaleza como si fuera un reality show, y probablemente por capítulos, sin que el Gobierno o el medio de comunicación que ha sido vehículo de esta información den explicaciones sobre ello. Por cierto que, antes de que el Gobierno del PP ofrezca alguna explicación, quien sí ha asumido las responsabilidades políticas ante un error político que él mismo ha reconocido es Carod-Rovira. Y esto denota dos tipos de talantes en la democracia, dos maneras de practicarla, pues en esta contienda desmesurada el otro bando se dedica a practicar la política a cañonazos.

CON TODO ELLO, a ETA se le ha dado una extraordinaria campaña mediática nunca soñada, una ayuda inestimable para su sostenimiento como agente capaz de convulsionar a la gente. Ha conseguido mucho más que asesinar a un hombre o a una mujer, siendo esto lo más grave: se han producido destrozos tremendos en la vida política. Abortar el pensamiento político desarrollado por vías pacíficas y por consenso; convertir la política catalana en un callejón sin salida, en la línea de lo que es hoy la política vasca; fijar líneas divisorias entre catalanes buenos y malos, y entre todos ellos y el resto de los españoles, son algunos de los objetivos del Gobierno que tenemos. Hace de la confrontación y de la existencia del terrorismo, y no de la paz, el negocio interesante. ¿Será por eso que todavía existe ETA?

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