Por un cambio radical en Europa

La Confederación Europea de Sindicatos (CES) ha celebrado su 12º Congreso en Atenas (16-19 de mayo). La CES, organización unitaria del sindicalismo europeo, tiene 60 millones de miembros procedentes de 83 confederaciones nacionales de 36 países y 12 federaciones sectoriales europeas. Con mucho, la CES es la organización social europea más importante por su tamaño y su entronque en todas las sociedades europeas.

El congreso de la CES ha hecho una crítica frontal y bien fundamentada de las políticas adoptadas por las instituciones europeas -el Consejo y la Comisión- en los últimos tiempos, en particular de las políticas de ajuste presupuestario y de reformas estructurales promovidas o impuestas a partir de la reunión del Ecofin, del 9 de mayo del 2010, y posteriormente consagradas en el plan de gobernanza y el pacto por el euro.

Las políticas de la nueva gobernanza económica tienen un único objetivo: la reducción de los déficits públicos en un corto espacio de tiempo. El modo, casi exclusivo, consiste en recortar salarios, pensiones y gastos sociales, aumentar los impuestos indirectos y privatizar bienes públicos. La aplicación de las más duras recetas del ideario neoliberal está teniendo un elevado coste social en numerosos países

-del sur y el este de Europa, pero también en Irlanda o el Reino Unido- y deteriorando seriamente el modelo social europeo y con ello el propio proyecto de la UE y han provocado la movilización de los trabajadores y trabajadoras y sus organizaciones. La UE ha renunciado a gobernar los mercados y, para calmarlos, les ofrece partes del bienestar social. El problema no es solo lo injusto de estas políticas; es que, además, son erróneas. Al año y medio de los primeros síntomas de la crisis de su deuda soberana y al año de ser rescatada, Grecia está mucho peor: ahora se habla de reestructuración de su deuda y, algunos, de su salida del euro.

El congreso de la CES ha planteado alternativas a estas políticas tan injustas y equivocadas para asegurar la estabilización de las finanzas públicas, al tiempo que ha ofrecido otras para el crecimiento y el empleo. Para hacer frente a la crisis de las deudas soberanas propone que el Fondo de Estabilidad Financiera preste a tipos de interés moderados y plazos largos de vencimiento, que se proceda a emitir eurobonos, se regule con rigor el sistema financiero, se erradiquen los paraísos fiscales y se establezca un impuesto a las transacciones financieras.

Para que se cumplan los objetivos de déficit y deuda del plan de estabilidad y crecimiento se deberían prolongar los plazos hasta 2016-2017, además de acordar con los interlocutores sociales el modo de lograrlo compartiendo cargas, y de actuar sobre los ingresos incorporando la armonización fiscal a la gobernanza económica. Y, por una vez, que el pacto sea también de crecimiento: la coordinación de las políticas económicas tiene que priorizar las medidas para fomentar el crecimiento económico y la creación de empleo, entre ellas un plan europeo de inversiones con recursos equivalentes al 1% del PIB. El gobierno económico de Europa, además de la política fiscal, debe incluir otras, como la industrial, la energética y la medioambiental; también debe promover el cambio de modelo económico hacia una economía verde para garantizar un desarrollo sostenible, así como asegurar que el cambio se produzca bajo los principios de una transición justa, negociada con los interlocutores sociales.

No sin debate, la CES ha superado la tentación de limitar la acción de los sindicatos al ámbito de cada país. La CES quiere fortalecer, con la ayuda de todas sus organizaciones nacionales y sectoriales, su capacidad de movilización y negociación transnacionales. Es su gran reto. Para ello, a partir de una propuesta conjunta de CCOO y UGT, va a impulsar un debate en sus órganos de dirección sobre el modo de articular los procesos de movilización y negociación nacionales con los de ámbito europeo, que por primera vez incluirá el examen de la posibilidad de promover una huelga general europea. En lo inmediato, para modificar las propuestas de gobernanza, actualmente en trámite en el Parlamento Europeo, la CES convocará movilizaciones hacia finales de junio.

La CES, que inequívocamente quiere más Europa, no quiere esta Europa. Para que la UE salga de la profunda crisis económica, social y política en la que la han sumido especuladores, financieros y malos políticos, el sindicalismo no puede actuar solo. La CES deberá hacer un llamamiento a la sociedad europea -a las organizaciones de la sociedad civil, al mundo académico e intelectual, a los jóvenes, a las instituciones y organizaciones políticas- para que se movilicen en defensa de los valores democráticos y solidarios que inspiran el Tratado de Lisboa y su Carta de Derechos Fundamentales, y en defensa del modelo social europeo, hoy tan severamente atacado. La Unión Europea vive las horas más bajas de su joven historia. La CES tiene la voluntad de que salga de ellas.

Por Ignacio Fernández Toxo, Secretario general de CCOO y presidente de la CES.

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