Por una Europa moderna, competitiva y sostenible

El calentamiento global ha alcanzado 1ºC por encima de los niveles preindustriales. La temperatura media aumenta a un ritmo cercano a los 0,2ºC por década. En los últimos 20 años, hemos vivido 18 de los más cálidos de toda la serie histórica. Lo que la comunidad científica nos venía advirtiendo, ya está ocurriendo. Los efectos del cambio climático se dejan sentir en todo el planeta. Y se deben, fundamentalmente, a la actividad humana.

Estamos ante el desafío más urgente de nuestros tiempos: impulsar un proceso de transformación económica, pero también social y cultural, que permita garantizar nuestro bienestar.

En estos casi cinco años, la Comisión Europea ha puesto en marcha todas las medidas necesarias para abordar esta transformación liderando el proceso a nivel internacional. El conjunto de iniciativas impulsadas bajo el mandato del presidente Juncker supone un avance sin precedentes en la lucha contra el cambio climático. Hoy podemos decir que Europa cuenta con todas las herramientas para avanzar en la transición energética hacia una economía competitiva y baja en carbono.

En 2017, las emisiones de gases de efecto invernadero en la Unión se habían reducido un 22% respecto a 1990, mientras que el crecimiento económico en ese periodo alcanzó un 58%. Y ya existen cerca de 4 millones de «empleos verdes» en Europa. Es decir: se puede reducir emisiones y, al mismo tiempo, generar riqueza. Es posible, es imprescindible y es beneficioso para todos.

No hay otro camino. Para recorrerlo juntos, alcanzamos, en el año 2015, un acuerdo climático global con objetivos vinculantes, el Acuerdo de París. 195 países del mundo se comprometieron, por primera vez, a luchar contra el calentamiento global, asumiendo el objetivo de mantenerlo muy por debajo de los 2ºC y de realizar esfuerzos para limitar el aumento a 1,5ºC a final de siglo. El liderazgo de la Unión Europea fue determinante para concitar apoyos en torno a un plan de acción global. Del mismo modo, la Comisión Europea jugó un papel decisivo, en diciembre de 2018, en la aprobación de las reglas de desarrollo que permiten aplicar plenamente dicho acuerdo a partir de 2020.

Pero ya antes de París, la Comisión había empezado a trabajar en un marco sobre clima y energía para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de la UE en al menos un 40%, en 2030. La europea fue la primera gran economía en movilizarse frente al calentamiento global. Y en el mandato que ahora termina hemos adoptado ya toda la normativa necesaria para cumplir nuestro compromiso.

La Comisión empezó por reforzar el sistema europeo de comercio de emisiones (ETS, por sus siglas en inglés), que constituye el principal mercado de carbono mundial. La revisión de dicho sistema permitirá reducir las emisiones de los sectores afectados en un 43% para 2030 respecto a 2005. A día de hoy, el precio del carbono en el mercado ETS ya se ha multiplicado por más de tres, lo que garantiza a los países europeos la disponibilidad de fondos para afrontar estas inversiones y avanzar en la descarbonización.

Igualmente, la Comisión se dotó de una normativa en materia de uso de la tierra, cambio de uso de la tierra y silvicultura, e impulsó la adopción de objetivos nacionales de reducción de emisiones en aquellos sectores no incluidos en el ETS, como el transporte, la edificación, o la agricultura. Bajo los principios de equidad, solidaridad, coste-efectividad e integridad ambiental, los Estados miembro deben, por tanto, poner en marcha las medidas necesarias para alcanzar la reducción conjunta comprometida para 2030.

Las medidas relativas a una «Energía limpia para todos los europeos» constituyen otro de los grandes hitos de la acción climática de la Comisión en estos años, abriendo el camino hacia un sistema eléctrico más moderno, competitivo y limpio. Gracias a los incentivos introducidos y a la nueva mejora del mercado, la Unión Europea podrá aprovechar las oportunidades que ofrece «la revolución de las energías limpias», priorizando la eficiencia energética y liderando la producción de energía renovable.

Para asegurar una actuación coordinada de los Estados miembro en la consecución de sus objetivos, la Unión se ha dotado, además, de un marco de gobernanza basado en los planes nacionales integrados de energía y clima. Planes que incluyen las acciones internas encaminadas a alcanzar las metas de 2030. La Comisión ya está analizando los borradores, y los planes quedarán aprobados a finales de este año.

Pero también hemos actuado en el único sector europeo en el que las emisiones de CO2 siguen creciendo y han aumentado desde 1990: el transporte. La Comisión lanzó una propuesta para reducir las emisiones de coches y furgonetas a partir de 2020 y para limitar, por primera vez, las de los vehículos pesados. Tras el reciente acuerdo, estamos en condiciones de acelerar la transición hacia una movilidad limpia en la próxima década.

A todas estas iniciativas se suman otras muchas que han colocado a Europa a la cabeza de la acción mundial por el clima.

Pero quizás lo más importante es el apasionante camino que tenemos por delante. A finales del año pasado, la Comisión presentó su visión estratégica a largo plazo Un planeta limpio para todos. Europa puede ser la primera economía mundial neutra en emisiones de aquí a 2050. Tenemos los recursos, las tecnologías y las capacidades para lograrlo. Debemos tener, también, la audacia suficiente para desatar el potencial de la transición lo antes posible, invirtiendo en innovación, infraestructuras, energía limpia, o eficiencia energética. Sólo así podremos resolver los retos medioambientales, reforzar nuestra competitividad y afianzar un crecimiento sostenible.

La coyuntura actual, con jóvenes europeos movilizados en favor de una acción climática firme, exige estar a la altura de lo que puede considerarse la acción colectiva más importante de la historia. Para ello, es fundamental comprometerse con la aplicación sistemática del marco regulatorio elaborado estos últimos anos. En ese sentido, ante la inminente celebración de elecciones europeas, apelo al compromiso de las familias políticas europeas y animo a todos sus líderes a manifestar su defensa inequívoca de la estrategia de descarbonización a largo plazo. Sin duda alguna, ese ejercicio de transparencia dará pie a decisiones más informadas el próximo 26 de mayo.

Está en juego nuestra prosperidad y el futuro del planeta; nuestro éxito será el de todos.

Miguel Arias Cañete es comisario europeo de Acción por el Clima y Energía.

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