Por unas obras completas

Querido J:

Jordi Pujol cumplió el otro día 80 años y los celebró con un artículo en La Vanguardia en el que decía que no quería celebraciones porque él es el Niño del Hoyo, el Noi del Clot en vernáculo, que, ¡lo que es la vida!, es también como le llaman al cantante Loquillo. Te lo resumiré rápido. Empezando con sus propias palabras:

«El chico de la hondonada vivía en un oasis. Era su casa. Había aprendido allí las canciones de niño. Había vivido en el oasis con sus padres y sus hermanos. Y con los amigos. Amaba aquel oasis. Pero era un oasis amenazado. Por la arena del desierto, que avanzaba. Por las caravanas de comerciantes de esclavos. Amenazado también por el cansancio y el desánimo de los mayores. Por eso decidió un día dejar el oasis, andar a través del desierto, en dirección al mar».

El artículo está escrito originalmente en catalán. A La Vanguardia ha debido parecerle más fino escribir «hondonada». Pero tú y yo seguiremos con hoyo que es adonde llevan al pobre chico.

«Los bandidos del desierto le atacaron. Luchó contra ellos. Fue un combate más por el honor que por una victoria todavía imposible. Y le hicieron descender a una hondonada profunda, de la que no podía salir. […] Yo soy como el chico de la hondonada. Que había andado un buen trecho del camino. Él ya no haría más de lo que ha hecho. Ni pedía nada. Pedía tan solo que no se borraran las pisadas que él -y otros como él- habían dejado en el desierto. Que la tormenta de arena no las borrara. Y pedía también que alguien, o que muchos, continuaran dejando pisadas. Un largo rastro de pisadas».

Según explica en su blog, Salvador Sostres le preguntó un día a Pujol si el mar significaba independencia. Y él le contestó que no; pero que el interpretar independencia era también «válido y correcto». Esto parece que alivió mucho a Sostres, porque interpretó que el presidente le daba permiso. Es muy exacto: a pesar de su obstinada presunción en presentarse como un hombre de convicciones, el ex presidente Pujol siempre ha dado permiso para todo. De ahí su éxito.

He celebrado, en cualquier caso, esta vuelta al pasado de Pujol. Sus textos son muy instructivos. Los párrafos del Niño del Hoyo están sacados de Des dels turons a l’altra banda del riu, sus escritos de cárcel, entre 1960 y 1962. Un libro bíblico, repleto de parábolas. Está el oasis, aquel invento fundacional de Rovira i Virgili y Esquerra Republicana. Está el desierto, es decir, Castilla. Y están las caravanas de comerciantes de esclavos, es decir, las caravanas de charnegos. Des dels turons… está lleno de párrafos interesantes. Pero es un libro muy difícil de encontrar, que no se reedita desde 1978. Y aquí entramos en la misteriosa clave de esta carta. ¿Qué hace Jordi Pujol, ahora que acaba de cumplir 80 años, con su pasado? Pasaremos por alto el compendio de vacuidades de los dos tomos de sus presuntas memorias. ¿Dónde están sus obras completas? Pujol escribió mucho. En la cárcel y fuera de ella. Se trata de los textos de una persona de importancia capital en la historia contemporánea de Cataluña y España. ¿Por qué no se encuentran ni en librerías de viejo? No hablo vagamente. Un libro de 1976, al que llamó La immigració problema i esperança de Catalunya, ha desaparecido, incluso de los desvanes. Ni en Iberlibro, ni en ILAB, ni en eBay, ni en Amazon. ¿Cómo es posible tan poco aprecio por la palabra pujolista? Trataré patrióticamente de remediarlo. En La immigració… está por ejemplo este párrafo tan conocido y sugerente: «El hombre andaluz no es un hombre coherente, es un hombre anárquico. Es un hombre destruido […], es generalmente un hombre poco hecho, un hombre que hace cientos de años que pasa hambre y que vive en un estado de ignorancia y miseria cultural, mental y espiritual. Es un hombre desarraigado, incapaz de tener un sentido un poco amplio de comunidad. A menudo da pruebas de una excelente madera humana, pero de entrada constituye la muestra de menor valor social y espiritual de España. Si por la fuerza del número llegase a dominar, sin haber superado su propia perplejidad, destruiría Cataluña. Introduciría en ella su mentalidad anárquica y pobrísima, es decir su falta de mentalidad». ¿A que merece papel de Biblia, y una dedicatoria a don José Montilla y a don Justo Molinero? Es cierto que Pujol se disculpó en 1997 por sus palabras. Pero poco para estos tiempos de penitencias desbordantes. La áspera verdad es que esta declaración racista le ha traído muy pocos problemas, al margen de los íntimos.

A las obras completas no les faltarían inéditos. Inéditos en libro, quiero decir. En 1980 Pujol reunió en Construir Catalunya sus llamados artículos dominicales de posguerra. Se dejó dos. Uno prácticamente marxista y El Ejército de Ocupación. He leído este último con gran emoción, gracias a Francisco Caja, que prepara ya el segundo tomo de La raza catalana, donde se incluye un capítulo dedicado a Pujol que lleva un título estupendo: La invasión de los cuerpos. El artículo empieza fuerte: «Es muy conveniente que las cosas se digan por su nombre. Que los conceptos sean claros. Que se vean las cosas tal como son, y no como el hábito y el camuflaje o el cansancio las hacen ver. Concretamente, es del todo necesario que 150 o 200 mil hombres que viven en Cataluña sean considerados como lo que son en realidad: como ejército de ocupación». No eran pocos, teniendo en cuenta que la población activa no llegaba a los dos millones. Aunque fíjate: yo creo que Pujol quiso hacer desaparecer este artículo por esto que viene: «Los hombres del ejército de ocupación se pueden presentar honorablemente como maestros, como obispos, como médicos, como escritores, como funcionarios, como porteros o bedeles, como directores de banco o como ingenieros, como Redentoristas o Misioneros del Sagrado Corazón o monjas de un montón de órdenes y ocultar su condición de ocupantes, su mentalidad colonial. Pero, nosotros, nos tenemos que meter entre ceja y ceja que además de todo esto, son ocupantes, son coloniales. […] Se ha de crear un nuevo tipo, el del ocupante». Obispos, misioneros y monjas. Fue por eso, estoy seguro.

Querría seguir. Tengo otras gemas prodigiosas. Como aquel artículo de la revista Forja donde, tras un Barça-Madrid, decía que los seguidores culés habían mostrado «poca virilidad» y luego se persignaba ante la evidencia de que se trataba del público «más auténtica y conscientemente catalán». Puede que algún día haya que escribir la biografía de Pujol. Pero lo urgente ahora es la bibliografía.

Sigue con salud

Arcadi Espada

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