Pornografía y erotismo

La industria de la pornografía es hoy uno de los mayores negocios que existen. La pornografía consiste en la presentación de imágenes sexuales directas que invitan al consumo de sexo. Vivimos en una sociedad del deseo sin amor. La pornografía se ha convertido en un sucedáneo de ese deseo, un zoco de la sexualidad, un mercado persa donde se puede encontrar todo lo que uno imagine, una oferta sin límites y que consigue degradar al ser humano, rebajarlo, convertirlo en animal de consumo sexual.

La sexualidad debe estar dentro del campo de los sentimientos. Dicho de otro modo: la educación sexual no es otra cosa que la educación de la afectividad. La sexualidad es el lenguaje del amor comprometido. Pero esto se enfrenta a hechos notariales en nuestra sociedad:

pornografia-y-erotismo1. Estamos en la cultura del cuerpo. Y esto va desde el tipo de mujer que hoy se lleva (escuálida, longilínea, sin un gramo de grasa), y que conduce a que la mujer que por su constitución sea gordita se sienta acomplejada de inmediato, al ver que su cuerpo no da la talla en su entorno social.

2. La banalización del sexo, como objeto de usar y tirar. Esto lleva a que muchas relaciones ya en sus comienzos se conviertan en sexuales, sin más trascendencia. Todo se vuelve superficial, efímero, epidérmico. 3. La aparición muy frecuente en la televisión y en el cine de escenas sexuales explícitas. Antes, hace unos años, esto no era tan así, tan directo. Y eso lleva de la mano a copiar esas conductas que aparecen una y otra vez de ese modo y cada vez en los más jóvenes. 4. La moda de desnudarse en las playas. Las modas se contagian más que las infecciones. El espectáculo desvela la desaparición del pudor, como un signo característico de nuestro tiempo, con todo lo que eso trae consigo. La intimidad corporal desaparece, se esfuma, y el cuerpo del otro desnudo se pasea delante de nuestros ojos.

A mí, la pornografía me recuerda mucho a los anuncios de coches en televisión. Se nos presenta un coche estupendo, recién salido de fábrica, en un paisaje idílico, sin ningún coche a su lado, con una mujer espectacular conduciéndolo.

En la pornografía se presenta una mujer desnuda, mostrando su cuerpo de arriba abajo, con detalle, que tira de uno hacia el contacto físico directo, a practicar sexo sin más. Sexo cuerpo a cuerpo. Todo se reduce a genitalidad.

En el erotismo se da una sexualidad más velada, difusa, imprecisa, desdibujada, más indirecta. Hay unas notas psicológicas enmascaradas en su interior. Se insinúan matices que no son solo físicos, se camufla y se disfraza bajo una cierta apariencia artística o folclórica. Hay unas notas humanas de fondo. Es un sexo implícito. Hay muchos matices entre la pornografía y el erotismo, que se mueven entre lo concreto y lo inconcreto. En ambos es la mercantilización del sexo. El sexo se convierte en mercancía.

Uno queda fuera de la realidad, engañándose a sí mismo. En esto la pornografía es maestra, pues ofrece una imagen de la sexualidad totalmente utópica e irreal, a menudo delirante y hasta absurda. Sin embargo, es fácil de consumir: no exige reflexión ni pensamiento. También produce una fácil adicción, con incapacidad para descubrir la sexualidad conectada a un amor comprometido, duradero y maduro.

Todo esto es fruto no solo de la permisividad y del relativismo, propios de la sociedad de consumo en la que estamos. Ambos son hijos del hedonismo y del consumismo: el placer como conducta central, y el poseer lo que uno desea como comportamiento asociado.

¿Por qué es mala la pornografía? Quiero enumerar una serie de puntos que expliquen su efecto negativo.

1. Es muy significativo que, entre sus consumidores, en sus distintas modalidades, desde el que lo hace esporádicamente al que tiene una fuerte adicción, nadie dice que ve y busca la pornografía. 2. Degrada al que es adicto a ella. Porque le impide ver en la mujer otra cosa que no sea un posible contacto sexual, una relación física. La ve como cosa, como objeto, y a la larga esto disminuye su visión de la realidad femenina. Es un grave obstáculo para el desarrollo personal. En la adolescencia atrapa, y en el adulto, destruye.

3. En la pornografía se ponen en juego muchos mecanismos físicos y psicológicos con los que antes o después todo se desliza hacia un no poder soltar esa tendencia a su consumo. Se ha visto un aumento de casos de impotencia y eyaculación precoz en hombre jóvenes con consumo de pornografía.

4. Es la exaltación del sexo desvinculado a lo grande. Disfrutar del sexo sin la menor implicación con la persona que aparece en imagen (revistas, cine, vídeos). Es una ilusión falsa.

5. Investigaciones recientes han demostrado que puede resultar casi igual de difícil superar la adicción a la pornografía que a la cocaína o al juego. Los estudios hablan de que los circuitos cerebrales implicados en esta adicción son tan resistentes como los de la cocaína. Yo lo he comprobado en pacientes con grave adicción a ella. La esclavitud parece libertad. Su síndrome de abstinencia es muy potente.

6. La pornografía es una rampa deslizante que acaba en la masturbación: es el sexo con uno mismo, tirando del archivo de imágenes que se almacena en la memoria. Se busca un sexo rápido, inmediato… que a la larga puede incapacitar para tener una relación sexual de pareja sana.

7. La verdadera sexualidad es otra cosa: una sinfonía física, psicológica, espiritual y biográfica. El sexo pasa de ser una relación cuerpo-a-cuerpo a otra cosa bien distinta: una relación de persona a persona.

Hoy, con alguna frecuencia, sucede lo siguiente: el hombre, fingiendo amor, lo que realmente busca es sexo; y la mujer, fingiendo sexo, lo que verdaderamente busca es amor.

La sexualidad sana es aquella que se integra en el proyecto de vida, como un ingrediente más ligado al amor.

Enrique Rojas, catedrático de Psiquiatría.

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