PP: Cuatro estaciones

La Moncloa vuelve, poco a poco, a recobrar su actividad. Rajoy, que se ha lucido este verano en todas sus modalidades (baño en un río, cañas con los amigos, paseo por los montes de Galicia, corbata en el Congreso…) regresa al despacho con bríos renovados. Visita hoy Alemania, donde se entrevistará con su aliada AngelaMerkel; hará una cumbre con los presidentes autonómicos; le concederá una entrevista a Carlos Herrera recién aterrizado en la COPE, y luego irá a Cataluña para ayudar a García Albiol en esa misión casi imposible que consiste en evitar que el PP se convierta en un partido marginal. Se respira cierto optimismo, aunque queda mucho por hacer y poco tiempo para hacerlo (las fuentes coinciden en señalar el 13 de diciembre como cita para las elecciones generales).

En el entorno del presidente se ve esta legislatura casi como un calvario en el que destacan cuatro estaciones:

1. LA CRISIS.Cuando el flamante equipo de gobierno revisó las cuentas y se percató de que el déficit público superaba el 11% del PIB, Rajoy se vio obligado a incumplir una de sus promesas electorales. No sólo no bajó los impuestos, sino que tuvo que aplicar una sensible subida del IRPF, lo que enfadó a una gran parte de su electorado. En plena poda del gasto público llegó la crisis de Bankia y el sector financiero español estuvo a punto de derrumbarse. A pesar de que se logró una línea de crédito de hasta 100.000 millones para sanear las podridas cajas de ahorro, la desconfianza en la economía española no desapareció. En el verano de 2012 muchos daban por hecho que España solicitaría formalmente un rescate, como ya habían hecho Grecia e Irlanda. Incluso Merkel llegó a decirle a Rajoy en una tensa entrevista que ella estaba convencida de que lo solicitaría formalmente en septiembre y, como argumento, le dijo al presidente español que lo acababa de «leer en el Financial Times», a lo que el gallego contestó: «¿Vas a creer al Financial Times o a mí cuando te digo que no voy a pedir el rescate?». En el subconsciente del presidente siempre ha pesado la idea de que España no pasara a la segunda división europea, de mantener al país en un lugar relevante. Recuerden lo que le dijo al ministro de Economía, Luis de Guindos, cuando éste negociaba a brazo partido el paquete de ayuda financiero: «España no es Uganda».

Nadie o casi nadie hubiera dicho entonces que tres años después la economía española estaría creciendo más del 3% y creando casi medio millón de empleos por ejercicio. Sin duda, la primera estación –la gran crisis– ha sido superada con éxito y es, para el presidente, una de las bazas que va a utilizar para volver a ganar las elecciones.

2. BÁRCENAS.Un año después de que se hubiera salvado el match ball del rescate, Rajoy tuvo que hacer frente de manera personal al caso más grave de corrupción que ha afectado al PP. Aunque el ex tesorero ya formaba parte del apestoso paisaje de la Gürtel, no fue hasta enero de 2013 cuando se conoció con detalle su elevada fortuna, bien aparcada en paraísos fiscales. En el verano ingresó en prisión y fue también en el verano cuando EL MUNDO difundió los SMS que le envió Bárcenas al presidente del Gobierno, alguno de los cuales se remitieron cuando ya se conocían sus cuentas suizas. El «Luis, sé fuerte» ha pesado como una losa sobre la credibilidad y el prestigio de Rajoy. Bárcenas no sólo era el hombre que, supuestamente, cobraba comisiones para el partido en connivencia –al menos en una primera etapa– con Francisco Correa, sino el que denunció que la cúpula del PP se repartió dinero negro en sobres.

Aunque el caso Bárcenas ahora mismo no figura en la agenda política, en La Moncloa se teme que vuelva a emerger como el monstruo del lago Ness justo antes de las elecciones. El ex tesorero ha hecho llegar por diversas vías (entre ellas, el columnista Raúl del Pozo) que tiene material con capacidad destructiva y que lo piensa utilizar.

3. CATALUÑA.Nunca ha habido química entre Artur Mas y el presidente. Ninguno se fía del otro. La ruptura total se produjo como consecuencia de la negativa de Rajoy a aceptar un modelo fiscal como el vasco para Cataluña. A partir de la Diada de 2013 la relación del gobierno con la Generalitat ha venido caracterizada por un enconado enfrentamiento. Las investigaciones de la Udef a la familia Pujol fueron interpretadas en Barcelona como la utilización de la Policía por parte del Gobierno para achantar al independentismo.

La publicación por EL MUNDO de los datos claves de esa investigación, coronada con la difusión, en julio de 2014, de las cuentas de Jordi Pujol en Andorra, supuso un punto de máxima fricción y terminó con la dimisión del fundador de CiU. La Generalitat no sólo no cejó en su empeño, sino que convocó un simulacro de referéndum de autodeterminación el 9 de noviembre de 2014.

Aunque inválido desde el punto de vista legal, el referéndum sirvió para varias cosas: movilizó a los independentistas, consolidó el poder de organizaciones como la ANC y Òmnium Cultural, quebró a la coalición CiU y facilitó el acercamiento de Mas a Oriol Junqueras (ERC).

El Gobierno erró al pensar que el independentismo se iría desinflando a medida que se empezara a percibir la mejora de la economía (la teoría del soufflé). El PP, que colaboró con CiU en el Parlament, ha perdido su perfil en Cataluña y ello ha forzado la sustitución de Alicia Sánchez–Camacho por García Albiol, cuyo mensaje es inequívocamente españolista. Lo que ocurra el 27-S condicionará enormemente las elecciones generales. Paradójicamente, un triunfo del independentismo podría acentuar el voto útil hacia el PP en el resto de España.

4. PODEMOS.El final de la legislatura ha estado caracterizado por la eclosión de dos nuevos partidos, uno de los cuales apareció a principios de año en algunas encuestas como posible ganador en unas elecciones generales: Podemos.

Podemos y Ciudadanos han roto el esquema clásico del bipartidismo en España. Aunque el partido de Albert Rivera roba votos al PP (y, por tanto, se ha convertido en un competidor directo de los populares), el fenómeno del partido de Pablo Iglesias ha sido durante muchos meses un auténtico dolor de cabeza para el Gobierno. No sólo por la posibilidad real de que pudiera gobernar –lo que frustraría la recuperación económica: su ascenso ha sido valorado por diversas agencias de rating como un factor clave de inestabilidad para España– sino, y eso es lo más importante, porque su fortaleza ha condicionado las políticas del PSOE liderado por Pedro Sánchez.

Los pactos tras los comicios del 24-M en ayuntamientos y comunidades autónomas demuestran que el PSOE podría pactar con Podemos tras las elecciones generales para formar un gobierno populista de izquierda.

Por tanto, al PP no le basta sólo con ganar (cosa que en La Moncloa dan por hecho), sino que tiene que lograr una ventaja suficiente como para que la suma de PSOE, Podemos y otros grupos radicales no supere a la suma de sus escaños y los de Ciudadanos.

Por tanto, de aquí a diciembre, el Gobierno y el PP tienen que desarrollar una estrategia lo suficientemente eficaz como para garantizarse una ventaja de, al menos, 10 escaños sobre el PSOE. Quedarse por debajo implicaría no poder gobernar.

Con la economía tirando con fuerza y Podemos desinflándose, en La Moncloa creen que los peligros hasta diciembre vendrán de la mano de dos estaciones que siguen aún sin cerrarse y que pueden generar grandes problemas a corto plazo: la corrupción, con las temidas revelaciones de Bárcenas o la aparición de nuevos datos de la operación Púnica; y el independentismo catalán (lastrado también por la corrupción, de la que los registros en la fundación y en la sede de CDC son una muestra) que, de triunfar en 27-S, plantearía un reto sin precedentes al Estado.

Casimiro García-Abadillo, periodista.

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