PP, PSOE y Vox miden sus fuerzas ante una larga campaña preelectoral

Nos ha quedado un octubre de festival político. Toca medir fuerzas, aunque falte mucho tiempo para las elecciones. Los tres principales partidos de España (el PSOE, en el Gobierno; el PP, en la oposición; y Vox, reivindicando un hueco como tercera fuerza en votos) han celebrado este mes, con sus partidarios, el arranque de una larguísima precampaña electoral.

Un congreso (PSOE), una convención (PP) y una fiesta con simpatizantes (VOX) no son lo mismo. Pero los tres partidos han primado la celebración, los abrazos y el jolgorio en sus convocatorias. Ya habrá tiempo, después de las próximas elecciones generales, de entrar en honduras unos u otros.

El arranque de este festival político que nos hemos regalado corrió a cargo del PP con su Convención del segundo fin de semana de octubre. Desde las elecciones del 4 de mayo en Madrid, el PP tiene las encuestas a favor y el objetivo de aprovechar al máximo el viento de cola.

Su lema Creemos tiene el evidente propósito de que sean mayoría los españoles que crean que Pablo Casado es un líder presidenciable. Por ser precisos, que crean que será sin duda el próximo presidente del Gobierno.

Con el impulso de las encuestas y la potencia de una organización política capaz de movilizar a mucha gente en toda España, el PP de Casado llenó la Plaza de Toros de Valencia para escuchar una minuciosa y detallada intervención de su presidente con la vista puesta en la Moncloa. Un discurso que evocó, en muchos de sus pasajes, al que pronunció en el Congreso extraordinario de julio de 2018 que le dio la victoria en el partido.

Es verdad que una plaza de toros no es toda España, y que las elecciones no están convocadas para el mes que viene. Pero la fiesta valenciana fue muy celebrada en la extensa familia popular.

El Oktoberfest abrió la puerta a la cerveza, los bailes regionales y la alegría-Macarena en el tercer fin de semana de octubre en Madrid. Vox y su Viva21 no pusieron el foco en su líder, sino en sus partidarios.

Fue, visto por YouTube, un amplio festival de confraternización de simpatizantes y de reivindicación de las provincias como seña de identidad múltiple de España. Un festejo que unió el sábado, en las cañas y en los bailes, a muchos provincianos: les hizo protagonistas. El domingo exhibió la potencia de una posible internacional conservadora, tenga el impacto que tenga para España.

La exhibición de Vox unió lo que su fundación Disenso ha organizado en América Latina (su Iberosfera) con líderes europeos conservadores en auge situados fuera del paraguas del Partido Popular Europeo, hoy huérfano de Angela Merkel y de la potencia de liderar el gobierno alemán.

El cierre de nuestro octubre-político, este cuarto fin de semana del mes, ha corrido a cargo de Pedro Sánchez, nuestro hombre de poder, por supuesto. Pocos políticos leyeron con tanta precisión (y preocupación) el resultado del 4 de mayo: el PSOE quedó el tercero.

Su 40º Congreso ha buscado la unidad en la fragmentada familia socialista ante el auge de la derecha para frenarla e intentar no perder demasiadas elecciones. Sánchez es maestro en reinventarse a sí mismo, siempre con un objetivo: el poder, por supuesto. Y de eso ha ido su fiesta congresual valenciana.

El lema del PSOE ya no es Somos la izquierda, sino Soy la socialdemocracia.

Aún más, Soy la socialdemocracia, el feminismo, el ecologismo y todos los -ismos que usted pueda querer votar: no le digo más que en pandemia salvé 500.000 vidas yo solo y sin ayuda de nadie.

Y como se trataba de hacer una exhibición de poder, por supuesto, cuentan las crónicas que no fue necesario debatir nada en las ponencias ni que nadie discutiera en nada la nueva dirección designada por el líder: un 94,94% de sumisos apoyos. Posiblemente, incluso quedó como una extravagancia del mundo de ayer la sugerencia de Felipe González para que el líder indiscutido acepte alguna vez alguna opinión crítica. Lo importante es que González estuvo allí, como todos, a apoyar a Pedro.

Vistas las tres celebraciones con la distancia que da YouTube y la adicción de una yonqui de la política, lo más eficaz de las tres citas ha sido su capacidad para reunir y activar a sus respectivos partidarios tras año y medio de encierro pandémico.

Eso, en sí mismo, es un logro impresionante, aunque sea necesariamente equívoca cualquier extrapolación del entusiasmo militante a la dubitativa, escéptica y aséptica decisión futura del votante no alineado. Es decir, del conjunto de los españoles.

Quizá por eso el mensaje explícito e implícito de Sánchez a los suyos fue de reivindicación de sí mismo como única opción viable para que no le desbanque la derecha. Es decir, para no perder el poder, por supuesto. Está muy visto, aún más gastado, pero no hay más.

Salvo, eso sí, decir que lo suyo es socialdemocracia, y no izquierda radical, para frenar el espanto que el votante socialista de toda la vida acumula con los modos y maneras de los socios que le mantienen en el Gobierno. Un votante al que le molesta menos que se cante la vetusta Internacional que ver lo mucho que mandan los bildus y los esquerras y los podemos en el Gobierno. Y Sánchez sabe que va segundo en las encuestas.

También quizá por eso el eslogan de Creemos del PP y el porte presidencial de Casado como única alternativa viable a Sánchez. Y su llamamiento, incluso, a un inédito votante socialista desencantado que, ¡albricias!, iría a votar nada menos que al presidente Casado. Además de, por supuesto, su mano tendida al votante de centro para (creemos) sumar entre todos los más de diez millones de papeletas que llegó a reunir el Partido Popular en sus mejores momentos.

Justo en contra de eso, es decir, como llamamiento a un (¿minoritario?) votante ni dubitativo, ni escéptico, ni aséptico, sino decidido a arrojar algo a la cabeza de alguien con su papeleta de voto, los dos mítines de Santiago Abascal en el festejo de Vox buscaron levantar pasiones. Y lo lograron.

El líder de Vox es muy buen mitinero. Mucho mejor que en el debate parlamentario. Y, sorprendentemente, su festejo de Viva21 incluía un detallado documento político que podrá convertirse en un programa de máximos o en un programa marco en las próximas citas electorales.

La radicalidad de algunas propuestas de ese documento (Agenda España, le llaman) incluye el riesgo de terminar tirando al niño con el agua sucia de la bañera, aunque ninguna encuesta da a Vox como primer partido en intención de voto.

Pero falta mucho, muchísimo tiempo. Con las encuestas en contra (las de verdad, no necesariamente las que se publican), el líder del poder, por supuesto, no tendrá ningún incentivo para convocar elecciones mientras no sea inevitable. Eso pone por delante las andaluzas, más cualquier eventual adelanto electoral autonómico y (quizá) también las municipales y autonómicas de mayo de 2023.

Ojo, sólo quizá, y nunca se ha probado. Pero Sánchez es un precursor. ¿Qué tal hacer coincidir municipales, autonómicas y generales en mayo de 2023?

Como riesgo adicional (el mayor, sin duda) de aquí a 2023 (o 2024) tenemos la nueva secretaría socialista encomendada al nuevo político de moda: Félix Bolaños. Se supone que tendría que preparar una reforma constitucional. O una nueva Constitución. ¿Estaremos a las puertas de un nuevo periodo constituyente para dilatar la estancia de Sánchez en la Moncloa? ¿Quién sabe?

Pilar Marcos es diputada del PP en el Congreso de los Diputados y periodista.

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