Presidente, proteger al medioambiente es proteger la economía mexicana

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, visita la construcción de la refinería Dos Bocas en el estado de Tabasco, en junio de este año. Credit Presidencia de México/Reuters
El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, visita la construcción de la refinería Dos Bocas en el estado de Tabasco, en junio de este año. Credit Presidencia de México/Reuters

Tal parece que para Andrés Manuel López Obrador el medioambiente solo debe protegerse cuando hacerlo no afecta la economía de México.

Sus acciones así lo demuestran. Con la intención de desarrollar las economías del sureste, su gobierno ha justificado el desarrollo del Tren Maya, un proyecto que pretende devastar 2578 hectáreas de selvas húmedas y secas. Teniendo por meta aumentar los ingresos no tributarios del gobierno, su gestión le ha apostado a los combustibles fósiles y a la refinación en lugar de las energías limpias. Y al menos 90 organizaciones han denunciado que el actual gobierno pone en riesgo la biodiversidad del país.

En el tema de sostenibilidad ecológica, las acciones de López Obrador son equivocadas. Optan por un modelo de desarrollo cortoplacista que ignora las consecuencias que tendrá la destrucción medioambiental para la economía, y sobre todo para los más pobres. La idea de que la economía está por encima del medioambiente es un error que puede ser muy costoso para el gobierno de López Obrador y para el país.

Para una nación como México, donde el turismo representa el 8,7 por ciento del total de la economía, proteger el medioambiente significa proteger la economía. Si el medioambiente en zonas altamente turísticas —como Yucatán y Quintana Roo— se erosiona, el atractivo de estos lugares se vendrá abajo y con ello los aproximadamente 4,4 millones de empleos en todo el país que dependen del sector.

Más aún, promover el uso de combustibles fósiles es cimentar un futuro de pobreza. México y Centroamérica forman parte de una de las regiones más afectadas por el cambio climático en unos años. El Banco Mundial estima que esto creará hasta 3,9 millones de migrantes rurales hacia ciudades como Guadalajara, Monterrey y Ciudad de México. Sin un plan para proteger al medioambiente los agricultores pobres pronto serán refugiados.

No solo las acciones del gobierno de López Obrador son malas para el medioambiente. También lo son sus omisiones y torpezas.

La falta de planeación con la que se ha implementado Sembrando Vida, el principal programa social de fomento al empleo de México, han promovido la deforestación. Con tal de acceder al apoyo monetario que brinda el programa, algunos agricultores han talado árboles de hasta 100 años.

La violencia contra activistas y defensores de la tierra es también un enorme problema. En el transcurso del gobierno de López Obrador se han asesinado al menos a 25 líderes medioambientales, incluyendo el caso de Óscar Eyraud Adams, quien había denunciado a la empresa Heineken por haber consumido el agua de varios pozos en Baja California con el aparente aval de la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA).

La poca sensibilidad del gobierno de López Obrador en temas medioambientales se ha hecho aún más evidente durante la pandemia, pues sus medidas draconianas de austeridad han tenido por principal víctima al presupuesto en ese rubro.

Cada año hay menos dinero para proteger al medioambiente.

Durante el primer año de López Obrador en el poder, se eliminó el programa de empleo temporal de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) y se recortó un 74 por ciento el presupuesto de la Subsecretaría de Planeación y Política Ambiental. Este año, se redujo poco más del 92 por ciento el presupuesto del programa para la calidad del aire.

Pero no es todo: para 2021 se planea desaparecer el presupuesto de los fideicomisos medioambientales y del programa de calidad del aire. También se espera reducir en un 95 por ciento el presupuesto de la Subsecretaría de Gestión para la Protección Ambiental y en casi el 71 por ciento los recursos destinados a la Estrategia de Transición para promover el uso de tecnologías y combustibles limpios. Todo ello a pesar de que, en este año, México aún no ha logrado cumplir las metas de consumo de energías limpias que se había propuesto para 2018.

López Obrador y su gobierno deben dar un golpe de timón.

Sus recortes, abandono o daño frontal al medioambiente significan un autogolpe a la economía mexicana, tan dependiente del turismo y de las consecuencias a largo plazo del cambio climático. Descuidar la agenda verde tendrá consecuencias ominosas no solo para México sino para el cambio climático global.

El cambio climático es un “multiplicador de amenazas”, como lo ha descrito el Pentágono en Estados Unidos. Se prevé que causará escasez de agua, inundaciones, derrumbes y que originará estragos visibles en la economía de México. Se estima que en tan solo diez años el cambio climático hará que entre el 40 y el 70 por ciento de la tierra cultivable de México deje de serlo. En Guatemala los efectos son ya tangibles, y están llevando a millones de personas a la pobreza o a migrar.

Pero el gobierno de López Obrador parece ciego ante los problemas inminentes y tangibles que el cambio climático ya está causando. Y no está desarrollando estrategias de largo plazo para prepararnos ante un futuro no tan lejano.

El presupuesto de medioambiente no puede continuar siendo el lugar principal en el que se aplican recortes ni puede ser el centro medular de la austeridad del gobierno. Sin una SEMARNAT bien financiada será imposible fomentar la protección medioambiental que México necesita.

La inversión en combustibles fósiles es también un sinsentido. El país debería estar viendo al futuro con una visión de protección ambiental, y no a un pasado petrolero que nunca volverá. No solo porque se estima que la demanda mundial por este tipo de combustibles disminuya agudamente en las próximas décadas, sino porque México tienen gran potencial para las energías limpias.

En lugar de apostar por la refinería Dos Bocas se debería reforzar la inversión pública y privada en energía solar y eólica. El potencial eólico de México es ocho veces superior a la capacidad actualmente instalada. Los recursos solares podrían ser 75 veces más grandes de los instalados actualmente.

Y más allá del presupuesto y las medidas concretas para proteger el medioambiente, López Obrador tendría que comprometerse a examinar a fondo sus grandes proyectos de infraestructura que, en potencia, atentan contra la sustentabilidad y equilibrio ecológico de reservas naturales.

López Obrador debe dejar de pensar que el medioambiente puede empeñarse en pos del desarrollo económico. Es sencillo: sin medioambiente no habrá desarrollo.

Viri Ríos es analista política y colaboradora regular en español de The New York Times.

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