Prestar atención a la Historia en el Asia oriental Read

Recientemente, diplomáticos chinos, surcoreanos y japoneses subieron al podio de la Asamblea General de las Naciones Unidas para reafirmar las posiciones de sus países sobre las cuestiones territoriales en torno a varias islas pequeñas de los mares del Asia oriental, pero la serenidad con la que formularon sus observaciones no reflejaba las tensiones existentes en relación con las islas, que han llegado casi al punto de ebullición en los últimos meses.

En el centro de una acalorada disputa entre China y el Japón se encuentran las islas Senkaku, que los chinos llaman islas Diaoyu. En septiembre, el Gobierno del Japón anunció su adquisición de tres de las islas a su propietario privado japonés, con lo que despertaron las protestas en toda China. Poco después, centenares de barcos pesqueros chinos se acercaron a las islas para afirmar la soberanía de China. Últimamente, se ha unido a dichos barcos un número en aumento de fuerzas chinas de vigilancia, que periódicamente entran en las aguas que rodean las islas, lo que a veces provoca un enfrentamiento directo con patrulleras japonesas.

Como la situación amenaza con agravarse aún más, ambos bandos deben contener el conflicto rápidamente y restablecer el status quo. De hecho, la situación es tanto más inestable cuanto que ahora está en marcha la transición política en China.

Entretanto, la República de Corea y el Japón se encuentran en un punto muerto territorial en relación con los islotes de Dokdo (llamados Takeshima en japonés). A principios de agosto, Lee Myung-bak fue el primer Presidente surcoreano que visitó los islotes; el Gobierno del Japón reaccionó proponiendo la presentación de la cuestión de la soberanía ante el Tribunal Internacional de La Haya.

Pero dicho tribunal no puede ejercer su jurisdicción en la disputa sin el consentimiento de los dos países y Corea del Sur ha rechazado la propuesta del Japón, al sostener que Lee tenía derecho a visitar los islotes, en vista de que Dodko es un territorio indiscutiblemente surcoreano. De hecho, el Gobierno de Corea del Sur niega que haya una disputa por las islas.

El marco histórico es decisivo para juzgar la cuestión de Dokdo. Como el resto de Corea, Dodko fue anexionado por el Japón a comienzos del siglo XX y devuelto al control coreano después de la segunda guerra mundial, cuando Corea recuperó su independencia. Así, pues, mientras que quienes no tienen que ver con ese asunto podrían considerar insignificantes esas desoladas islas, para los coreanos, la posición del Japón sobre Dokdo equivale a un desafío a la independencia de su país y una denegación de su derecho a ejercer la soberanía sobre su propio territorio.

A consecuencia de ello, Dokdo ha sido una espina en las relaciones entre los dos países durante decenios. En 2005, la creación de un denominado “Día de Takeshima” por un gobierno local del Japón desencadenó protestas públicas en Corea del Sur, pero el Japón no ha renunciado a esa cuestión y figuras políticas destacadas se han unido todos los años a las celebraciones del Día de Takeshima.

Además, la costumbre del Japón de distorsionar los hechos en sus libros de Historia –por ejemplo, la negación de que sus ex súbditos coloniales fueron sometidos a esclavitud sexual– han alimentado la desconfianza y el enojo en Corea del Sur y en otras partes del Asia oriental, incluida China.

Dokdo está situado a medio camino entre la península de Corea y la isla principal del Japón, a 115 millas náuticas de cada uno de esos países, pero los islotes están mucho más cerca de la isla coreana más próxima, Ulleungdo, que de Okishima, del Japón.

Un examen de los documentos históricos muestra un cambio claro en la posición del Japón sobre Dokdo. Por ejemplo, a finales del siglo XVII, cuando estalló el conflicto entre Corea y el Japón por el paso de pescadores japoneses a Ulleungdo, Tottori-han (uno de los clanes feudales del Japón) comunicó al gobierno central del Japón que Ulleungdo y Dokdo no eran territorio japonés.

Asimismo, un informe de 1870 preparado por el Ministerio de Asuntos Exteriores de Corea, “Investigación confidencial sobre las relaciones exteriores de Corea”, muestra que el ministerio reconocía Dokdo como territorio coreano. De hecho, en el informe figura un apartado con el título “Así llegaron Takeshima y Matsushima a pertenecer a Joseon” (posteriormente denominado Corea).

Además, el Dajokan, órgano supremo de adopción de decisiones del Japón en el período 1868-1885, negó reivindicación alguna de soberanía sobre Dokdo hasta su orden de 1877. Aun así, en 1905 el Japón adoptó medidas para incorporarse Dokdo a fin de utilizarlo como emplazamiento militar estratégico para su guerra con Rusia.

El texto final del Tratado de Paz de San Francisco, de 1951, que puso fin a la segunda guerra mundial en el Pacífico, no menciona Dokdo, pero versiones anteriores identifican los islotes como territorio coreano. La referencia que figura en la versión final, redactada por los Estados Unidos, fue suprimida en pro de los intereses de los EE.UU. con vistas a crear asociaciones estratégicas tanto con Corea del Sur como con el Japón.

Sin embargo, en la Declaración de El Cairo, de 1943, que estipuló la posición básica de las Potencias Aliadas sobre las fronteras territoriales del Japón después de la segunda guerra mundial, se afirmaba que el Japón sería expulsado de todos los territorios que se había anexionado con violencia. En ese marco, la devolución incondicional de Dokdo a Corea –y la soberanía permanente de Corea sobre Dokdo– es indiscutible.

En un mundo cada vez más interconectado, sólo se pueden abordar los desafíos importantes mediante las asociaciones regionales y mundiales, pero, a fin de crear un marco válido para la cooperación, se debe disipar la desconfianza entre los países del Asia oriental. Los dirigentes regionales no deben quedar atrapados en un cruce de acusaciones ni deben eludir su responsabilidad por las transgresiones del pasado. Una evaluación veraz de la Historia es decisiva para establecer una paz y una prosperidad duraderas en el Asia oriental.

Han Seung-soo was Prime Minister of the Republic of Korea, 2008-2009, and President of the 56th Session of the UN General Assembly.

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