Prohibido en Pakistán

Por Robert Spencer, director de Jihad Watch y licenciado en Estudios Religiosos por la Universidad de Carolina en Chapel Hill (GEES, 22/01/07):

El gobierno de Pakistán ha prohibido mi libro La verdad sobre Mahoma, requisando todos los ejemplares y traducciones. ¿Por qué? Porque contiene “material cuestionable” acerca de Mahoma, el profeta del Islam. Según Said Shahid Ahmed, consejero de asuntos comunitarios de la embajada de Pakistán en Washington, “Déjeme decir que el libro es muy, muy perjudicial”.

¿Material cuestionable? ¿Perjudicial? Lo confieso: tienen razón. Hay un montón de material cuestionable en este libro. He aquí una pequeña muestra;

La verdad sobre Mahoma detalla la triple elección que Mahoma indicó a sus seguidores que ofrecieran a los no musulmanes: conversión al Islam, explotación sin igualdad de derechos con respecto a los musulmanes según el mandato de la ley islámica, o la guerra. ¿Yo me inventé esto? No, puede encontrarse, entre otros muchos lugares, en el Sahih musulmán, una colección de hadits – tradiciones de Mahoma y los primeros musulmanes – que los musulmanes en general consideran fiable. En él, Mahoma dice:

Lucha en el nombre de Alá y al estilo de Alá. Lucha contra aquellos que no creen en Alá… Cuando te encuentres con tus enemigos politeístas, invítalos a tres caminos de acción. Si responden a cualquiera de éstos, acéptalo también y abstente de causarles daño alguno. Invítalos [a convertirse] al Islam; si te responden, acéptalo de ellos y desiste de luchar en su contra… Si rehúsan aceptar el Islam, exige de ellos la Jizya [un impuesto especial aplicado a los no musulmanes]. Si están de acuerdo en pagar, acéptalo y controla tus manos. Si rechazan abonar el impuesto, invoca la ayuda de Alá y lucha contra ellos. (Sahih 4294)

¿Está prohibido el Sahih en Pakistán? Por supuesto que no.

En el libro, cuestiono el modo en el que el primer biógrafo de Mahoma, Ibn Ishaq, explica los contextos de los diversos versos del Corán diciendo que Mahoma recibía revelaciones de la guerra en tres etapas: primero, tolerancia; después, guerra defensiva; y por fin, ofensiva bélica con el fin de convertir al Islam a los no creyentes u obligarles a abonar la jizya (ver Corán 9:29). Los comentarios coránicos (tafasir) de Ibn Kathir, Ibn Juzayy, As-Suyuti y los demás también destacan que el capítulo noveno del Corán, en donde aparece este llamamiento a la ofensiva bélica, anula cualquier acuerdo de paz en el resto del Corán.

No precisé de sumergirme en antiguos libros para encontrar esto. En la era moderna, la idea de avance por etapas en las enseñanzas de la jihad en el Corán, culminando con la ofensiva bélica con el fin de establecer la hegemonía de la ley islámica, ha sido establecida por los teóricos jihadistas modernos Sayyid Qutb y Syed Abul Alá Maududi, así como por el brigadier paquistaní S. K. Malik (autor de El concepto coránico de guerra), el jeque Abdaláh bin Mohammed bin Humaid, ministro saudí de justicia (en su “La jihad en el Corán y la Sunnah”), y otros. Por supuesto, es una afirmación de bastante preocupación para los no musulmanes, puesto que condensa una doctrina de guerra contra los no musulmanes y su subyugación final según las normas de la Sharia, con todo lo que implica, y está siendo utilizada por los jihadistas de hoy en el mundo islámico para justificar sus acciones y obtener nuevos reclutas.

¿Están prohibidos en Pakistán los trabajos de Ibn Kathir, Ibn Juzayy, As-Suyuti, Qutb, Maududi, Malik o Humaid? Por supuesto que no.

En La verdad sobre Mahoma también cuestiono el matrimonio de Mahoma con la pequeña Aisha, que es tratado específicamente en la colección Sahih Bujari (que es considerada en general por los musulmanes como la más fiable de tales colecciones). Según diversas tradiciones recogidas por el Bujari, “el profeta redactó [el contrato de matrimonio] con ‘Aisha mientras que ella tenía seis años, y consumó su matrimonio con ella mientras ella tenía nueve años, y ella permaneció con él durante nueve años (es decir, hasta su muerte)” (Bujari 7.62.88; ver también 7.62.65; 7.62.64; 5.58.236; 5.58.234).

Es bastante obvio que muchos musulmanes se toman muy en serio, y actúan según, el material en el que me basé para escribir el libro. Imitando al profeta Mahoma, muchos musulmanes, de tiempos modernos incluso, han desposado a niñas. En algunos lugares esto ha llegado a contar con las bendiciones de la ley: el Artículo 1041 del código civil de la República Islámica de Irán establece que se puede establecer un compromiso matrimonial con una niña antes de los nueve años y casarse a los nueve: “El matrimonio antes de la pubertad (nueve años lunares enteros para las niñas) está prohibido. El matrimonio contraído antes de alcanzar la pubertad con el permiso del guardián es válido suponiendo que los intereses de la dote sean rigurosamente observados”.

El ayatolá Jomeini en persona se casó con una niña de 10 años cuando él tenía 28. Jomeini llamaba al matrimonio con una niña prepúber “una bendición divina”, y aconsejaba al creyente: “Haz todo lo posible por asegurarte de que tus hijas no ven su primera sangre en tu casa”.

La revista Time informaba en el 2001:

La edad legal para el matrimonio en Irán es de 9 años para las niñas y 14 años para los niños. La ley es puntualmente explotada por los pedófilos, que se casan con niñas pobres de las provincias, las utilizan y después las abandonan. En el 2000, el Parlamento iraní votaba para elevar la edad mínima para las niñas hasta los 14 años, pero este año, una entidad legislativa de supervisión dominada por clérigos tradicionales vetaba la maniobra. La tentativa de los conservadores por abolir la edad mínima legal de 15 años para las niñas de Yemen fracasó, pero expertos locales afirman que de todas maneras se utiliza raramente. “El punto de partida de la pubertad se considera el momento apropiado para que el matrimonio sea consumado”.

El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) informa de que más de la mitad de las niñas en Afganistán y Bangladesh están casadas antes de alcanzar la edad de 18 años. A comienzos del 2002, los investigadores descubrían en campamentos de refugiados de Afganistán y Pakistán que la mitad de las niñas estaban casadas hacia los 13 años. En un campamento afgano de refugiados, más de dos de cada tres niñas en el segundo curso o estaban casadas, o comprometidas, y virtualmente todas las niñas más allá del segundo curso ya estaban casadas. Una niña de diez años estaba comprometida con un hombre de 60.

Éste es el precio que la mujer ha tenido que pagar a lo largo de la historia islámica, y sigue pagando, en concepto de la posición de Mahoma como “un excelente ejemplo de conducta” (Corán 33:21).

Por supuesto, en esto, como he aducido en otras instancias, otras autoridades islámicas pueden diferir. Algunas afirman que al repetir las tradiciones del Bujari, estoy perpetuando malentendidos — a pesar del hecho manifiesto de que éstos “malentendidos” están completamente extendidos por el mundo islámico. Si realmente son malentendidos, el problema se encuentra en el Sahih Bujari, que es muy antiguo y esencialmente canónico, no en mi libro, que está disponible desde hace menos de 3 meses y será olvidado en poco tiempo.

¿Pero está prohibido en Pakistán el Sahih Bujari? Por supuesto que no.

Finalmente, en mi libro explico el motivo por el que hoy es virtualmente imposible demostrar una violación en las tierras que siguen los dictados de la sharia. Las acusaciones falsas de adulterio contra Aisha condujeron en última instancia a la obligación de que tienen que prestarse cuatro testimonios de varones musulmanes para demostrar un crimen de adulterio o indiscreciones similares. En el caso de mal comportamiento sexual, es necesario que cuatro testigos varones demuestren los hechos — en concordancia con una revelación que le llegó a Mahoma para exonerar a su joven esposa (Corán 24:13). Este requisito permite que hombres sin escrúpulos cometan violaciones con total impunidad: mientras puedan negar la acusación y no haya testigos, se van de rositas, puesto que el testimonio de la víctima es inadmisible. Lo que es peor, si una mujer acusa a un hombre de violación, puede terminar incriminándose. Si no pueden encontrarse los testigos varones necesarios, la acusación de violación de la víctima se convierte en un reconocimiento de adulterio.

Eso explica el tétrico hecho de que hasta el 75% de las mujeres encarceladas en Pakistán están en realidad entre rejas por el crimen de ser víctimas de violación. Varios casos de alto nivel en Nigeria en los últimos años también han girado en torno a acusaciones de violación que revierten en manos de las autoridades islámicas en acusaciones de fornicación, que acaban en sentencias de muerte solamente modificadas después de la presión internacional.

Al estar enraizados en dictados coránicos, tales abusos son extraordinariamente resistentes a la crítica y la reforma. Examine la situación reciente en Pakistán, el mismo país donde ha sido prohibido mi libro. La nueva Ley de Protección de la Mujer ha vuelto a clasificar el crimen de violación para que pueda ser procesado según los estándares modernos de pruebas y testimonios, sin depender de los cuatro testigos varones que exige el Corán. Pero radicales musulmanes llevaban a cabo protestas contra la nueva ley, llamándola “anti-islámica, inmoral y anticonstitucional”. Y tienen motivos, al basarse en el Corán 24:13 y el relato de la exoneración de Aisha.

Esto es simplemente una indicación de que lo que escribo en La verdad sobre Mahoma es en general lo que sostienen los musulmanes acerca de Mahoma – hasta en Pakistán. Puesto que baso mi libro por completo en fuentes islámicas, las objeciones que tienen las autoridades paquistaníes no pueden basarse de manera razonable en lo que yo relato acerca de Mahoma, sino solamente en el hecho de que le juzgo según un estándar moral distinto al que él trazó para sí mismo, y no lo considero “un excelente ejemplo de conducta”. Pero en una sociedad que no es patológicamente insegura, esto no debe ser motivo para prohibir y requisar, sino para un debate abierto y libre. Después de todo, la reforma islámica tan necesaria hoy – para mitigar los elementos de él que fomentan la violencia y el fundamentalismo — no puede dar comienzo de manera plausible sin el reconocimiento del hecho de que hay aspectos del Islam que necesitan de reforma. Pero la prohibición de La verdad sobre Mahoma en Pakistán es otra indicación más de que, a pesar de las enormes esperanzas puestas en ello por tantos en Occidente, la reforma no se vislumbra en el horizonte.